Cantamañanas de la Caixa
Cantamañanas de la Caixa

Estamos viviendo momentos intensos y a la vez emocionantes. Cuando la emoción toma control de la razón uno suele equivocarse, y si es empleado de La Caixa en Barcelona más que equivocarse, lo que parece que pasa es que uno acaba haciendo el imbécil. Son los cantamañanas de La Caixa.

En pocos años nos hemos caído del guindo. Ahora resulta que los independentistas no son estos jóvenes con poca cultura y recursos, de zona rural, sino que son abogados y economistas, y los muy imbéciles se empeñan en enseñar que trabajan en la sede de La Caixa en Diagonal.

El espectáculo de estos 500 cantamañanas de La Caixa, con su chaqueta y corbata, cortado las calles y gritando proclamas anarquistas de la CUP es digno de análisis. Es especialmente divertido que griten las típicas frases de la CUP porque la opinión que los de la CUP tienen de los que trabajan con sus corbatitas en el despacho de la Caixa es cuanto menos divertida. A ellos no les gustaría. Es el ejemplo gráfico de cómo el 1% de los empleados de una empresa, actuando en grupo y de manera estúpida, puede hundir la reputación de la misma. La confianza sube por la escalera, pero baja en ascensor.

Al grito de “Els carrers seran sempre nostres” ellos se reían mientras cortaban el tráfico. Justo como niños idiotas que hacen una travesura para escabullirse un ratito de la escuela. Como respuesta a su payasada cientos de miles de españoles han ido vaciando sus cuentas, vendiendo sus fondos, moviendo sus planes de pensiones, cancelando sus tarjetas de crédito las siguientes 72 horas. Yo entre ellos. El daño es espectacular. Bancos como Santander, Bankinter y Bankia no dan abasto para mover fondos, abrir cuentas, y recoger transferencias.

La confianza sube por la escalera, pero baja en ascensor.

La Caixa es un banco tocado, la ola ya será claramente descendente. gracias a sus propios trabajadores: ¡vaya cantamañanas!

Se equivoca la dirección de La Caixa si cree que mover la sede social a otra ciudad hará que esos fondos, cuentas y empresas vuelvan. No va a volver ni Peter a La Caixa. En mi caso particular no porque tenga miedo a que mis depósitos sean de chocolate, sino porque considero que un banco cuyos trabajadores en su sede central gritan y se manifiesta en contra de mi propio país, la ley y la Constitución, de manera organizada y en masa cortando la calle, es incompatible con mis ideales y creencias.

No le recomiendo a nadie un boicot. Cada uno debe hacer libremente lo que le plazca. A mí que ahora hagan su habitual teatrillo de ambigüedades y muevan la sede social no me hará volver, y eso que el cambio es traumático; he tenido La Caixa como único banco los últimos 20 años. Desde ahora serán dos: Bankinter y Bankia.

Tal vez lo único que me haría volver, es que todos y cada uno de los 500 cantamañanas que salen en este vídeo, fueran puestos de patitas en la calle, que es lo que merecerían por el daño reputacional que han hecho a su propia empresa. Y a lo mejor ni con esas volvería. Aquellos que tanto presumen de su identidad nacional, creen que pueden remarcarla al insultar, menospreciar y faltar al respeto la de los demás. El problema es cuando además, a esos a los que insultas, pagan tu nómina. Hay que ser imbécil.

Su bisoñez me recuerdan a una vieja discusión que tuve de joven con unos amigos en Palma de Mallorca. Se quejaban de los alemanes y los odiaban ferozmente. Tal vez eran incapaces de entender y digerir, que si hoy no son agricultores, como fueron sus abuelos, si no tienen un oficio manual, como tuvieron sus padres, tal vez es por aquellos Marcos que desde los años 70 venían a gastarse en Palma de Mallorca. Monedas que valían un quintal cuando la peseta apenas era nada, y con los que se pagaron muchas carreras y se construyó el futuro de mucha gente.

¡Felicidades chavalotes, habéis hecho la mejor campaña de publicidad de la historia para el Banco de Santander!

En el Consejo de La Caixa hay claros simpatizantes del independentismo. Pero son bastante más prudentes que los ignorantes que salieron a la calle arrastrando a su propia empresa a una situación sin precedentes. ¡Felicidades chavalotes, habéis hecho la mejor campaña de publicidad de la historia para el Banco de Santander!

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Jamás hay que escupir para arriba. Porque, aunque seas abogado, aunque sea economista, aunque te creas el ombligo de tu región o tu país porque trabajas en La Caixa, el gapo no te lo vas a quitar nunca más del traje.

Y ahora cuando entras en tu majestuoso edificio en la Diagonal, tus compañeros te miran, viendo la que se ha liado y piensan: “¡qué gilipollas!”.

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