El presidente de INDRA, Fernando Abril-Martorell, mantiene amistad con Mataix desde sus tiempos universitarios.

Indra echa de menos los viejos tiempos. Como si de un colegio se tratase, ha prohibido a sus trabajadores el uso de teléfonos móviles personales en las horas de trabajo.

Fuera chistes, la noticia es tan real como la vida misma. Así es la última medida que ha decidido implantar la compañía que preside Francisco Abril-Martorell. Ahora bien, como en todo, hay vencedores y vencidos. Más que nada porque la medida adoptada la semana pasada no se aplica a todos los departamentos, según nos cuentan responsables de la compañía. En concreto, se está aplicando a los departamentos que se consideran más sensibles: atención al cliente y contratación, aunque es posible que también en otros. Sin embargo, nadie se atreve a confirmar ni desmentir cuáles son todos los departamentos afectados.

Según fuentes de la empresa la decisión no procede de la dirección general, aunque sí la comparte. La razón por la cual se ha procedido a tal prohibición es sencilla. Según han dicho, en el caso del departamento de atención al cliente se ha puesto en marcha para que los trabajadores puedan dar un mejor servicio. En el caso de los departamentos de gestión de contratos se impuso la medida para garantizar la confidencialidad de los contratos, para que ningún trabajador se vaya de la lengua. En definitiva, para evitar que nadie pueda hacer fotografías ni llamadas que puedan dar detalles al exterior.

Lo han hecho para mejorar la atención al cliente y garantizar la confidencialidad

Entre los trabajadores la estupefacción y la sorpresa es el sentir generalizado, aunque hay división de opiniones. Nadie confirma, ni siquiera la propia compañía, que haya filtraciones reales de información; ni tampoco una caída en la productividad de los empleados afectados por el empleo del móvil. Sin embargo, los empleados de la compañía temen que los tiros vengan por ahí; un intento por evitar “censurar” y evitar que pierdan el tiempo en conversaciones privadas bien con llamadas, bien con mensajes de WhatsApp -como si fueran las notas del colegio criticando o comentando el día a día del trabajo-.

A pesar de la sorpresa, parte de la plantilla afectada dice que este asunto ya se veía venir. El problema es que están pagando justos por pecadores, nos dicen. Algunos trabajadores de Indra se ponen los auriculares para escuchar música mientras trabajan. Reconocen que así están más relajados y se concentran mejor. Sin embargo, estos últimos también han recibido alguna llamada de atención en los últimos días.

Dos de cada tres españoles realiza gestiones del banco con el móvil

Una decisión que llega en un momento clave para los trabajadores de Indra. Ellos, junto a los de Tecnocom, van a ser evaluados en las próximas semanas. La integración de ambas compañías debe culminar con la integración y unificación de los equipos directivos; equipos comerciales (presenta, marketing, ventas, atención al cliente); de producción y corporativos que estuvieran totalmente integrados. Así que la presión que existe sobre ellos es máxima. No es descartable, por tanto, que en las próximas semanas se pueda plantear un nuevo ERE en la compañía tecnológica, algo que llevan denunciando los sindicatos meses. En concreto, desde que se lanzara la oferta de compra de Tecnocom.

Sería el segundo ERE en poco más de un año, ya que el año pasado Indra lanzó uno para más de 1.500 trabajadores en un intento por enderezar las cuentas de la compañía. La decisión final de lo que ocurra a partir de ahora recaerá en Javier de Andrés que es la persona que pilota la integración de las dos compañías. El CEO de Indra, por cierto, muy cuestionado en los últimos días. Es el único ‘superviviente’ de la época de Javier Monzón en la compañía y, además, ha estado imputado en el caso Púnica y está vinculado a la Operación Lezo. Su mujer, María Fernanda Richmond, era la directora del Canal de Isabel II, es una de las detenidas en el marco de la investigación policial.

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