3La Silla de Felipe II, el mirador clásico sobre el monasterio
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Es el mirador canónico del monasterio y el motivo por el que casi todo el mundo sube hasta aquí. Sobre un canchal de granito conocido como Canto Gordo, en la falda de la Machota Alta (1.466 metros) y a unos 2,5 kilómetros al sur de San Lorenzo, hay tres conjuntos de plataformas y asientos tallados en la roca; el principal mira al norte, hacia el edificio, con tres plazas separadas por dos reposabrazos. La tradición dice que Felipe II siguió desde ahí las obras, entre 1563 y 1584. La investigación de la epigrafista Alicia M. Canto (Universidad Autónoma de Madrid, difundida en 1999 y ampliada después) lo pone en duda y lo interpreta como un altar prerromano vetón; otras lecturas hablan incluso de una recreación romántica del siglo XIX. La leyenda se popularizó con un cuadro de Luis Álvarez Catalá que ilustró los billetes de cien pesetas entre 1927 y 1939.
El valor del lugar no depende de que la leyenda sea cierta. Desde los escalones labrados en la piedra se ve el monasterio entero, el circo de El Escorial y el monte Abantos, y en días limpios se adivinan los Siete Picos y La Maliciosa; a los pies se extiende el bosque de La Herrería, con rebollos, castaños y arces de Montpellier que en otoño cambian de color. Junto al mirador crece un ejemplar de arce de Montpellier de más de diez metros catalogado Árbol Singular por la Comunidad de Madrid. El acceso es sencillo y sin taquilla: una senda ecológica asfaltada de un kilómetro, con paneles también en braille, sale del área recreativa de La Herrería, en la M-505, y quien quiera caminar algo más puede subir por el GR-10 desde la ermita de la Virgen de Gracia en unos 30 minutos. El aparcamiento, eso sí, se complica los fines de semana.



