Mallorca, Marsella y las capitales y destinos de costa donde la saturación turística ha disparado el rechazo vecinal y las protestas

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Palma de Mallorca: la capital insular que trasladó el malestar turístico a la calle

Palma de Mallorca

Palma lleva tres veranos siendo el termómetro del malestar turístico español. El 26 de julio de 2026 la capital balear acogió la tercera y más multitudinaria manifestación contra la masificación, convocada por la plataforma Menys Turisme, Més Vida bajo el lema ‘Mallorca al límit’ y respaldada por más de un centenar de entidades vecinales, ecologistas y sindicales: la Policía Nacional contabilizó 25.000 asistentes y los organizadores, 70.000. La marcha, que fue de la plaza de España a Ses Voltes, quedó marcada por el desenlace: cuando los agentes cerraron el acceso al lugar donde se leía el manifiesto, hubo cargas con material antidisturbios, al menos ocho heridos —una docena según los convocantes, entre ellos un fotoperiodista—, una detención y exigencias de dimisión del delegado del Gobierno en Baleares.

El detonante es la vivienda: los convocantes cifran en más de 105.000 las viviendas de uso turístico en Mallorca, legales o ilegales, y el alquiler en Baleares rebasó los 20 euros por metro cuadrado en agosto (+5,4% interanual), con quince meses consecutivos de subidas en Palma. El malestar no se desinfló tras el verano: a finales de agosto más de un millar de personas formaron una cadena de sillas entre la plaza de España y el Consolat de Mar y en septiembre volvieron a concentrarse coincidiendo con la cumbre europea de ministros de Turismo, mientras Marga Prohens sostiene que las islas han «tocado techo» pero descarta decrecer. Las imágenes de las cargas circularon por Alemania, Reino Unido y Francia, el mismo país donde en octubre las protestas por el coste de la vida acabaron bloqueando el Louvre.


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