Las 7 claves mediáticas si hay cambio de Gobierno: del trumpismo en RTVE a las dudas de Prisa

Si el 29N hay cambio de Gobierno, se producirán una serie de seísmos en el panorama mediático español. La llegada de un nuevo Ejecutivo podría desencadenar una profunda reorganización de RTVE, alterar los equilibrios entre las televisiones públicas y privadas, abrir interrogantes sobre el futuro de Prisa y provocar movimientos en otros grandes grupos audiovisuales. Estas son las siete claves de un posible cambio de ciclo.

1. Lo que caerá en RTVE

Está claro que caerán directivos. Entre ellos, el presidente de RTVE, José Pablo López, beneficiado de una estructura vertical de dirección, junto a Sergio Calderón, director de TVE; Jon Ariztimuño y María Eizaguirre, responsables vinculados a los informativos, y su mano derecha, Roberto Lakidain, director de Desarrollo Corporativo.

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También podrían caer presentadores externos como Jesús Cintora, Silvia Intxaurrondo, Pepa Bueno, Gonzalo Miró o Esther Palomera. Varios contratos no se renovarían y algunos espacios que molestan a la derecha podrían desaparecer, como ‘El perro andaluz by Manu Sánchez’ o ‘Al cielo con ella’. Incluso podría resolverse el contrato de ‘La Revuelta’, que todavía tiene más de año y medio de vigencia.

La excusa del PP y la ultraderecha es que el PSOE ya resolvió en su día el contrato de ‘Hora punta’, el programa del siempre bronco Javier Cárdenas, que ocupaba una franja similar. El argumento serviría para justificar una eventual cancelación de un formato que se ha convertido en uno de los símbolos de la nueva RTVE y de la televisión de calidad.

2. Qué habrá en RTVE

La gran incógnita es qué quedará de RTVE después de una eventual llegada del PP al Gobierno. La corporación podría sufrir una auténtica motosierra presupuestaria y, previsiblemente, una caída de audiencia, a la vista de la última etapa de RTVE bajo el Gobierno de Mariano Rajoy y de la situación de Telemadrid, marcada por las acusaciones de manipulación y sus problemas de audiencia.

La duda es si se mantendrá la actual estructura de programas políticos. En la actualidad, RTVE dedica cinco horas a la actualidad política por las mañanas y otras cuatro por las tardes, repartidas entre La 1 y La 2. ¿Acabará ‘Mañaneros’ conducido por Antonio Naranjo? ¿Podría Nacho Abad presentar ‘Malas lenguas’? ¿Se convertirá Vito Quiles en el tertuliano estrella de ‘La hora de La 1’?

Todo son hipótesis. Quizá ni siquiera haya cambio de Gobierno, pero ya se están produciendo movimientos en las productoras para hacer caja ante un eventual vuelco político.

El Español cuenta con  El Rugido, que firmó un lamentable documental sobre Lorca. El hermano de Antonio Naranjo, al que se ha señalado por sus deudas con Hacienda, se ha puesto a hacer programas para Telemadrid. También ha habido movimientos en el entorno de una de las dos grandes operadoras privadas para posicionarse de cara a convertirse en proveedoras de RTVE si cambia el Gobierno.

3. Las televisiones privadas se beneficiarían del desmontaje de RTVE

Las televisiones privadas podrían ser las grandes beneficiadas de un desmantelamiento de la actual RTVE, que ha ganado competitividad y recuperado audiencia. La caída de la inversión publicitaria dibuja un contexto complicado para Atresmedia y Mediaset, que podrían encontrar una oportunidad si La 1 pierde espectadores y parte de esa audiencia regresa a las alicaídas Telecinco y La Sexta. Cuatro, por su parte, también podría desinflarse si pierde uno de sus principales argumentos de programación: una izquierda a la que atacar mañana, tarde y noche.

‘El programa de Ana Rosa’, ‘Al rojo vivo’ y ‘El Hormiguero’ sufren la competencia de ‘La hora de La 1’, ‘Mañaneros 360’ y ‘La Revuelta’. Un cambio de modelo en la televisión pública podría permitir a los grandes grupos privados recuperar espectadores y, al mismo tiempo, recortar costes de programación para compensar la caída de los ingresos publicitarios.

Las tijeras ya se han dejado ver en los últimos tiempos, con salidas y despidos en los informativos y otros espacios de las principales cadenas. David Cantero, José Ribagorda, María Casado, el equipo de deportes de Cuatro, Cristina Saavedra, Cristina Villanueva y Josep Pedrerol figuran entre los nombres asociados a estos movimientos, aunque sus circunstancias profesionales no han sido idénticas.

En un mercado publicitario cada vez más complicado, una RTVE menos competitiva podría aliviar la presión sobre las privadas. La cuestión es si ese eventual beneficio se traduciría en una recuperación de sus ingresos o serviría, sobre todo, para justificar nuevas reducciones de costes.

4. Las dudas sobre Prisa

El grupo Prisa podría acercarse al PP si se produce un cambio de Gobierno. Joseph Oughourlian pensó en su día en vender el grupo, pero Moncloa vetó esa operación, según la interpretación que se ha manejado sobre aquellos movimientos. Vivendi, el grupo francés, quería hacerse con el control de la compañía.

EP
Oughourlian y Sánchez. Foto: EP.

Si Oughourlian conserva el grupo, tendrá que decidir si cambia la línea editorial de la Cadena SER y de El País, como hizo Juan Luis Cebrián durante los años de Mariano Rajoy. En la actualidad, el empresario ha recuperado el control de las líneas editoriales de la radio y el periódico de la mano de los zapateristas Fran Llorente y Jan Martínez Ahrens.

La teoría es que, hasta ahora, Moncloa controlaba las líneas editoriales mientras Oughourlian mantenía el grupo, después de que el PSOE le ayudara a hacerse con la presidencia y contribuyera a compensar sus inversiones y pérdidas, facilitando su entrada en el accionariado de Indra, beneficidos generados en parte por el belicismo global que han compensado las pérdidas de la ‘pacifista’ Prisa. Este cambio ha dejado al Gobierno sin medios privados relevantes que le apoyen, lo cual supone una anomalía incluso en el conservador ecosistema mediático español.

5. Otros cambios en los grandes grupos mediáticos

Hay otros grupos mediáticos en los que también podría haber cambios. Movistar Plus ha vivido varias reorganizaciones en los últimos tiempos y acaba de eliminar su consejo presidido por Javier de Paz. Habrá que ver si Marc Murtra con estos movimientos logra sobrevivir, no lo descarten. También está por ver qué nuevos cambios experimenta la plataforma en un escenario de cambio político.

Otro foco de atención será Mediapro, un grupo muy endeudado que, tras la salida de sus fundadores, está encabezado por dos directivos próximos a La Moncloa: Sergio Oslé y Carlos Núñez. Un cambio de Gobierno podría alterar el contexto en el que opera la compañía y abrir nuevas incógnitas sobre su estrategia empresarial y sus relaciones con el poder político.

También habrá que seguir la evolución del Grupo Godó, históricamente caracterizado por su capacidad para mantener buenas relaciones con el poder de turno. Como ocurre con otros grandes actores mediáticos, un cambio en La Moncloa podría obligar al grupo a reajustar sus equilibrios políticos y empresariales.

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6. La guerra que se avecina en la derecha mediática

Una treintena de editores madrileños esperan el momento de preguntar «¿qué hay de lo mío?» si PP y Vox llegan al Gobierno. Algunos aspiran a conseguir publicidad institucional, otros quieren colocar directivos en RTVE o en grandes empresas públicas y privadas, y no faltarán quienes busquen cientos de puestos de tertulianos y colaboradores en los medios que pasen a estar bajo una nueva influencia política. Después de años de deshumanización de Pedro Sánchez y de una competencia feroz por ver quién exhibía mayor beligerancia contra el presidente, la llegada de un Ejecutivo de derechas podría abrir una guerra mediática entre quienes ahora comparten adversario.

La historia demuestra que la derecha mediática no siempre ha mantenido la unidad cuando ha llegado al poder. Durante los gobiernos de José María Aznar ya hubo enfrentamientos entre periodistas, empresarios y responsables políticos. El propio presidente llegó a pedir la cabeza de Antonio Herrero, mientras Telefónica se convirtió, en palabras de José María García, en «el ejército de Pancho Villa».

Luis María Anson también ganó la partida a Pedro J. Ramírez en la pugna por hacerse con Antena 3 y Onda Cero, que acabaron en manos del Grupo Planeta. Aquellos movimientos evidenciaron que la cercanía ideológica al Gobierno no garantizaba la supervivencia de los proyectos mediáticos ni el control de los grandes grupos empresariales.

Con Mariano Rajoy ocurrió algo parecido. Desde La Moncloa se persiguió a Pedro J. Ramírez, que terminó cesado de la dirección de El Mundo; a Federico Jiménez Losantos, que ya había invitado a salir de la COPE, y a Intereconomía, que no recibió el bote salvavidas que necesitaba después de años de juegos políticos contra el PP.

La lección es que una derecha mediática aparentemente cohesionada por su oposición a Sánchez podría fragmentarse cuando llegue el momento de repartir poder, dinero público, puestos y capacidad de influencia. La guerra no se libraría únicamente por las líneas editoriales, sino también por la publicidad institucional, las concesiones, los nombramientos y el acceso a los centros de decisión. Los medios que hoy compiten por demostrar su dureza contra el Gobierno podrían descubrir que el adversario común era lo único que mantenía unidos sus intereses.

7. La radio digital y el futuro de La Séptima

Un cambio de Gobierno también podría poner en riesgo la implantación de la radio digital en España. El país sigue siendo una excepción analógica en Europa, pese a las demandas de fuerzas políticas próximas al actual Ejecutivo, como Compromís, que defienden avanzar hacia la digitalización. Mantener el sistema analógico beneficia a un mercado concentrado en pocos operadores, que forma un oligopolio, y limita la posibilidad de que nuevos proyectos encuentren espacio para competir.

También habrá que observar qué ocurre con La Séptima, el nuevo canal impulsado por José Miguel Contreras, que podría convertirse en uno de los pocos refugios de la izquierda mediática junto a elDiario.es, El Plural, El Salto y determinados proyectos de pódcast. Contreras pondrá en marcha la cadena invirtiendo dinero propio, una dolorosa decisión para él que llega después de que se frustrara la entrada de Adolfo Utor y Diego Prieto en el proyecto, el primero por el lógico temor al impacto de un cambio de Gobierno en Baleària.


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