5 claves oficiales de Sanidad para entender la peste neumónica y cómo nos protege la red epidemiológica

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Diagnóstico de confirmación: del laboratorio de referencia del ISCIII a la tipificación de la cepa

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La peste es de declaración obligatoria y su confirmación sigue un circuito tasado. Ante una sospecha de peste neumónica —fiebre con tos, dolor torácico o hemoptisis—, el protocolo de vigilancia pide muestras de esputo o aspirado traqueal, sangre para hemocultivo y seroconversión, frotis faríngeo y líquido cefalorraquídeo en los casos meníngeos. Un caso se considera confirmado cuando cumple al menos uno de tres criterios de laboratorio: aislamiento de Yersinia pestis en una muestra clínica, detección de su ácido nucleico o respuesta específica de anticuerpos frente al antígeno F1. Las muestras se derivan al Laboratorio Nacional de Referencia, el Centro Nacional de Microbiología (CNM) del ISCIII en Majadahonda, registrándolas antes en la aplicación GIPI —en la práctica como «brote o caso de especial alarma»— y contactando previamente con Epidemiología.

El envío no es un trámite: el CNM trabaja bajo norma UNE-EN ISO 15189 y manipula Y. pestis en un laboratorio de bioseguridad de nivel 3, donde cultiva la bacteria en agar sangre o MacConkey (a veces más de 24 horas) y después inactiva el material infeccioso para poder hacer PCR a tiempo real fuera de la contención. A la morfología colonial se suman el perfil bioquímico, la lisis por bacteriófago, la detección del antígeno F1 y ensayos moleculares sobre genes diana como pla o caf1. Viene luego la tipificación: el bacilo se divide en tres biovares (Antiqua, Medievalis y Orientalis) y técnicas de genotipado como el análisis de repeticiones variables (MLVA/VNTR), los polimorfismos de nucleótido único o la secuenciación del genoma permiten adscribir una cepa a un foco geográfico y detectar señales compatibles con una liberación intencionada. El CNM dirige además la Red de Laboratorios de Alerta Biológica y participa en controles de calidad europeos con muestras ciegas que incluyen esta bacteria entre los agentes de posible uso en bioterrorismo.


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