La subasta colección Pertegaz: por qué su patrimonio barroco atrae al inversor en antigüedades

La sala Subarna adjudica el 8 de octubre muebles policromados, porcelanas Qing y torsos clásicos procedentes de la masía del modista en Sarrià. La procedencia documentada y la rareza de las piezas marcan el precio final en un mercado sin índice de referencia.

Subarna subasta el 8 de octubre los muebles barrocos y las porcelanas chinas que Manuel Pertegaz reunió en seis décadas. La subasta de la colección Pertegaz se celebra en Barcelona sin artista estrella en el catálogo, pero con el atributo que el comprador de antigüedades paga cada vez mejor: procedencia documentada.

El 22 de mayo de 2004, Letizia Ortiz entró en la Almudena con un vestido de cuello corola, una cola de cuatro metros y medio y bordados en hilo de plata y oro. Seda valenciana de Rafael Catalá, bordado en Tarrasa. Pertegaz no buscaba un golpe de efecto, sino un traje capaz de funcionar como documento histórico.

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Antes habían desfilado Ava Gardner, Jacqueline Kennedy y Audrey Hepburn. Nacido en Olba (Teruel) en 1918, entró en una sastrería de Barcelona con doce años y en 1953 presentó colecciones en Nueva York y Boston. Cuando Christian Dior murió en 1957, su nombre sonó como sucesor de la casa francesa; prefirió quedarse en España. Falleció en Barcelona en agosto de 2014.

Había otro Pertegaz, el coleccionista. Reunió durante décadas muebles, esculturas, piezas arqueológicas y arte oriental que repartió entre su showroom de la avenida Diagonal, su casa de Sarrià y una masía fortificada del siglo XVI comprada en los años cincuenta. Ese es el conjunto que sale a la venta: objetos elegidos para vivir con ellos, no para exponerse.

Qué se subasta de la colección Pertegaz

El núcleo son los muebles europeos de los siglos XVI al XIX, con piezas portuguesas, italianas y españolas. La sala destaca los muebles policromados, una tipología que rara vez aparece en el mercado. Sobresalen una cómoda portuguesa de estilo João V fechada hacia 1730, un juego de sillas Carlos IV de finales del siglo XVIII y un obelisco italiano que Subarna califica de extraordinariamente raro.

La segunda pata es el arte oriental, con porcelanas chinas de la dinastía Qing del siglo XIX y muebles Ming entre los que figuran un gran biombo y un mueble de exportación poco frecuente. A ellos se suman torsos de la Antigüedad y de los siglos XVIII y XIX: cuerpos sin rostro donde solo cuentan la anatomía, la postura y la proporción, justo lo que un modista estudia a diario.

Los lotes pueden verse en la sede de Subarna, en el número 278 de la calle Diputació de Barcelona, hasta el 7 de octubre. La puja se celebra al día siguiente.

En antigüedades la procedencia no es un adorno del catálogo: es la variable que separa una pieza vendible de una pieza difícil de colocar.

Qué prima paga el mercado por una procedencia así

La estimación de catálogo no es un precio: es un rango de salida diseñado para atraer pujas. El precio real lo fija la adjudicación y, en colecciones con nombre propio, tiende a cerrar por encima del máximo cuando aparecen dos compradores con vínculo emocional o institucional con el modista.

En mi lectura del catálogo, la prima de procedencia opera en tres frentes. La trazabilidad reduce el riesgo de atribución dudosa, el gran enemigo del coleccionista de muebles. La exhibición previa garantiza que las piezas se han visto y no llegan al mercado por una liquidación anónima. Y el relato, que en el segmento medio pesa más que en el de siete cifras, donde manda la pieza y no el dueño.

Eso sí, el comprador asume un mercado de liquidez limitada. La antigüedad europea se mueve en circuitos estrechos, con pujadores concentrados en Barcelona, Madrid, Lisboa y el sur de Francia, y con plazos de venta que se miden en meses. Quien necesite convertir la pieza en efectivo en un trimestre pagará ese apuro con un descuento.

Comprar un mueble policromado del siglo XVIII no es comprar un activo líquido; es comprar tiempo, criterio y una pieza que tardará en tener precio de mercado.

Antigüedades sin índice: dónde está el riesgo y dónde la oportunidad

Llevo años comparando activos tangibles y la conclusión es incómoda para el coleccionista de muebles. El reloj de colección y el bolso de firma disponen de índices públicos y mercado secundario continuo. El barroco no tiene índice. Su valor se sostiene sobre tasaciones, subastas espaciadas y el criterio de un puñado de expertos. Eso lo convierte en un activo de preservación patrimonial, no en un vehículo de revalorización rápida.

La oportunidad está en la misma rareza que espanta al inversor financiero. Los muebles policromados apenas aparecen en el mercado y las piezas de exportación Ming mantienen demanda internacional estable desde hace dos décadas. Con oferta escasa y comprador paciente, el precio tiende a sostenerse mejor que en categorías donde la producción se ha multiplicado. El riesgo real no es la caída de precios, sino el coste de restaurar y asegurar cada pieza.

El hito a seguir es el resultado del 8 de octubre. Si el obelisco y los muebles policromados superan el máximo de estimación, quedará confirmado que el mercado español paga prima por procedencia documentada. Si se adjudican en el rango bajo, el relato del modista habrá atraído público, pero no pujas.

💎 Veredicto Wealth

La colección Pertegaz encaja en una estrategia de diversificación para patrimonios que buscan tangibles escasos con procedencia documentada. Horizonte de cinco a diez años; el riesgo a vigilar es la liquidez fuera de las grandes casas de subastas.


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