La Red Eléctrica corta la producción a la industria por décima vez en el año: récord de paradas

El operador retiró 1.775 MW de demanda industrial en dos bloques simultáneos, algo poco habitual. La parada se debe a la escasa generación renovable y a la indisponibilidad de los ciclos combinados de gas.

Red Eléctrica volvió a ordenar este martes una parada de la industria. A las 19:43 activó el Servicio de Respuesta Activa de la Demanda —el SRAD— y forzó a los clientes industriales acogidos a ese mecanismo a detener sus procesos productivos. Es la décima activación de 2026 y la octava en los últimos tres meses, una cadencia inédita para una herramienta concebida como recurso de última instancia.

El operador del sistema recurrió esta vez a los dos bloques en que divide la operación, algo que no sucede todos los días. Primero ordenó parar el bloque de 832 MW a las 19:43 horas. Diecinueve minutos después, a las 20:02, llegó la orden para el segundo bloque, de 943 MW. En total, Red Eléctrica retiró del sistema 1.775 MW de demanda industrial para cuadrar la oferta y la demanda en apenas una hora de la tarde.

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Energía no consumida y retribución abonada marcan los dos extremos del año. El primer bloque estuvo detenido algo más de una hora y dejó de consumir 1.064 MWh. El segundo acumuló 1.854 MWh en unas dos horas. La nómina fue igual de dispar: el primer bloque cobró cerca de 211,95 euros por MWh, el importe más alto liquidado en lo que va de ejercicio, mientras el segundo se quedó en 99 euros por MWh, el más bajo pagado a la industria este año. Máximo y mínimo en la misma tarde.

Red Eléctrica retira 1.775 MW y señala a la indisponibilidad térmica

¿Por qué el operador tuvo que tirar de la industria? La respuesta oficial llega desde el propio sistema. Fuentes de Red Eléctrica han explicado que la activación se debe a ‘la alta tasa de indisponibilidad térmica y la baja generación renovable’. Traducido: a la hora de la parada la fotovoltaica ya había dejado de producir y la eólica apenas aportaba menos de 3.000 MW, una cifra exigua para la demanda de una tarde de octubre.

Los ciclos combinados —las centrales de gas que sostienen el sistema cuando faltan renovables— estaban operando por encima de los 13.000 MW. No se pudo ir más allá porque parte de ese parque no estaba disponible, probablemente en labores de mantenimiento. La rigidez del parque térmico, combinada con el hueco nocturno de la solar, dejó al operador sin margen.

La parada simultánea de los dos bloques deja al descubierto la fragilidad de un sistema que se queda sin margen en cuanto se pone el sol y el gas no responde.

El operador también llamó con urgencia a las centrales de bombeo, a las que pidió turbinar agua para generar electricidad sin apenas descanso. Y hubo un tercer movimiento, menos visible pero revelador: España estaba exportando energía a Francia, Portugal y Marruecos en el momento de la activación, y el operador recortó esas salidas casi por completo. De las exportaciones a Portugal —que ese día habían alcanzado los 4.000 MW— apenas quedaron 400 MW.

España frena sus exportaciones para atender el propio sistema

El gesto admite lectura. Un sistema que estaba vertiendo electricidad a los vecinos tuvo que dar marcha atrás y suspender esas ventas para atender su propio equilibrio interno. En la práctica, España dejó de ingresar por unas exportaciones que forman parte de su saldo eléctrico habitual, para poder cubrir la demanda propia con generación más cara.

Fuentes del operador han asegurado que no hubo riesgo de suministro eléctrico. El SRAD es, en su diseño, una herramienta más para operar las 24 horas, igual que lo son las reservas de regulación o los mercados de ajuste. La diferencia no está en su naturaleza, sino en la frecuencia con que se está echando mano de ella.

Una herramienta excepcional convertida en rutina

El SRAD nació como un mecanismo de último recurso. Algunos consumidores industriales se comprometen a interrumpir su producción a cambio de una retribución cuando el operador necesita aliviar el sistema, y ese pago se activa solo en situaciones de tensión. Que 2026 acumule diez activaciones —y ocho en apenas tres meses— obliga a preguntarse si la excepción ha pasado a ser norma.

Conviene recordar qué es exactamente este servicio. El SRAD es un mecanismo de respuesta activa de la demanda por el que determinados consumidores industriales, intensivos en energía, se comprometen por contrato a interrumpir su consumo cuando el operador lo requiere, a cambio de un pago por esa disponibilidad. Es, en esencia, una central de generación virtual construida con demanda industrial que no existe físicamente pero que se comporta como si existiera cuando el sistema aprieta.

El dato de fondo es la coincidencia de dos factores que no son coyunturales. Por un lado, el parque térmico español envejece y encadena indisponibilidades, con ciclos combinados que alternan mantenimientos y restricciones. Por otro, la generación renovable, aunque crece en capacidad instalada, sigue siendo intermitente: cuando la solar se apaga al atardecer y el viento flojea, el sistema necesita respaldo firme, y ese respaldo no siempre está disponible.

2026 no será el año en que el sistema se rompió, sino el año en que la excepción empezó a parecerse peligrosamente a la norma.

Hay un tercer elemento que conviene no perder de vista: el precio. Que en una misma tarde la industria cobre 211,95 euros por MWh en un bloque y 99 euros por MWh en el otro revela cuánto se paga por la flexibilidad de la demanda cuando el sistema va justo. Para las empresas acogidas, el SRAD se ha convertido en un ingreso apreciable; para el conjunto del sistema, es la factura de una red que recurre cada vez más a la demanda como amortiguador.

La recurrencia lanza también una pregunta incómoda sobre la planificación. El PNIEC proyecta un crecimiento sostenido de renovables y un papel decreciente del gas, pero el sistema sigue necesitando ese gas —y cada vez más demanda flexible— para atravesar las horas críticas. Si el parque térmico se retira antes de que el almacenamiento y las interconexiones maduren, la activación del SRAD dejará de ser una excepción estadística para convertirse en una rutina operativa.

Lo que está en juego no es solo la estadística de un ejercicio. El sistema eléctrico español ha construido buena parte de su descarbonización sobre renovables intermitentes y un parque térmico en retirada progresiva. Cada activación del SRAD mide, en realidad, la distancia entre esa transición y la firmeza que el sistema todavía necesita. El próximo invierno, con la solar en mínimos y la eólica en su temporada alta pero caprichosa, dirá si la décima parada del año ha sido un pico o la antesala de una nueva normalidad.


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