Google asegura 20 años de energía nuclear con una inversión de 4.300 millones de dólares. El acuerdo firmado con Constellation, el mayor operador nuclear de Estados Unidos, moderniza seis plantas para alimentar sus centros de datos de inteligencia artificial.
El movimiento no es aislado. La compañía de Mountain View compite por energía firme, barata y libre de emisiones con Microsoft, Amazon y Meta, que también han cerrado contratos de este tipo. La diferencia aquí está en el tamaño: Constellation destinará más de 4.300 millones de dólares a nuevas inversiones, según la nota difundida por ambas compañías.
Claves de la operación
- Más de 4.300 millones de dólares en inversión nueva. Constellation financia la actualización de equipos en cada emplazamiento con la garantía de ingresos que le da un contrato a 20 años. Google no adelanta capital propio: asegura compra.
- Seis plantas nucleares repartidas por Estados Unidos. La firma espera sumar 890 megavatios de capacidad adicional en los próximos cinco años gracias a las mejoras técnicas en cada sitio.
- Energía firme para la IA, sin intermitencia. A diferencia de la solar y la eólica, la nuclear opera las 24 horas. Ese es el atributo que persiguen los grandes centros de datos.
El contrato es un power purchase agreement, un PPA: un compromiso de compra de electricidad a largo plazo que da al productor la certeza de ingresos para invertir. En la práctica, Google paga por la energía y Constellation por las obras. Nadie construye una central pensando en el precio del mercado del mes siguiente. Más contexto sobre este tipo de acuerdos en la entrada de Wikipedia sobre el PPA.
El pulso por la energía firme en la carrera de la IA
Los centros de datos que entrenan y ejecutan modelos de lenguaje consumen electricidad de forma constante. No pueden depender del sol ni del viento. Un parque solar entrega a pleno rendimiento unas horas al día; un reactor nuclear, prácticamente todo el año. Ese perfil es el que ha convertido la energía atómica en un activo codiciado por la industria tecnológica.
La IA ha disparado la demanda eléctrica de los hyperscalers a un ritmo que las redes no anticipaban hace cinco años. Google, Microsoft y Amazon han reconocido que el suministro se ha convertido en un cuello de botella para ampliar capacidad. La respuesta ha sido firmar con quien ya tiene electrones y no necesita permiso nuevo.
A diferencia de construir una central desde cero, las mejoras en plantas existentes son más rápidas y menos expuestas a la oposición local. Eso explica el interés de Constellation por el modelo: exprimir activos que ya operan sin abrir un expediente de nueva instalación.
La energía dejó de ser un coste accesorio para las tecnológicas y se ha convertido en el factor que decide quién puede entrenar el próximo modelo.
La letra pequeña del contrato todavía no es pública. Ni Google ni Constellation han detallado el precio por megavatio hora ni el calendario de entregas. Eso deja abierta la pregunta de qué prima está dispuesta a pagar la compañía por asegurarse energía antes de 2030.
El mercado lo ha leído como una señal. Las eléctricas con flota nuclear cotizan al alza desde que la IA empezó a devorar electricidad, y los inversores premian a quien tiene capacidad firme contratada a largo plazo.
890 megavatios y seis plantas: la letra pequeña del acuerdo
El objetivo declarado es sumar 890 megavatios de capacidad adicional entre los seis emplazamientos. La mejora llega por vía técnica: sustituir turbinas, generadores y equipos auxiliares para que cada planta entregue más potencia sin tocar el reactor.
Estas actualizaciones son habituales en la industria nuclear estadounidense. La novedad es que se financian con la firma de un cliente tecnológico a dos décadas. Constellation asume la obra; Google, el compromiso de compra.
El plazo es de cinco años para la mayor parte del equipamiento. Eso sitúa la capacidad adicional plenamente operativa hacia el final de la década, justo cuando se espera que la demanda de cómputo para IA se multiplique.
Lo que España no puede replicar
El movimiento deja una pregunta incómoda para el mercado español. Google opera una región de cloud en Madrid y ha invertido en centros de datos en el país, pero no puede firmar un PPA nuclear equivalente. El motivo es simple: el parque nuclear español, con Endesa e Iberdrola entre sus propietarios, está en calendario de cierre progresivo, con las primeras paradas previstas a partir de 2027.
Mientras Estados Unidos alarga la vida de sus reactores para vender electricidad a las tecnológicas, España se dispone a apagarlos. La comparación con Francia resulta aún más incómoda: París ha convertido su flota nuclear en argumento para atraer centros de datos con energía barata, y descarbonatada.
En esta redacción entendemos que el acuerdo de Google no es solo una operación energética. Es una declaración sobre qué países podrán alojar la próxima generación de infraestructura de IA. España, con su calendario de cierre, se sitúa en el lado contrario. El debate sobre prorrogar la vida de los reactores volverá, y este contrato le da munición a quien defiende mantenerlos abiertos.
El hito a seguir será la próxima revisión del plan energético y las decisiones sobre las prórrogas que ya han solicitado los operadores. La ventaja competitiva, por ahora, se queda al otro lado del Atlántico.




