JP Morgan alerta: solo 1 de cada 4 hogares tiene un plan de ahorro para la jubilación

Casi tres de cada cuatro hogares españoles no tienen un plan de ahorro específico para la jubilación. El dato reabre el debate sobre la educación financiera y el futuro de las pensiones públicas.

Solo uno de cada cuatro hogares españoles tiene un plan de ahorro para la jubilación. Lo dice JP Morgan, y la cifra escuece más de lo que aparenta: tres de cada cuatro familias llegan al tramo final de su vida laboral sin ningún instrumento privado que complemente la pensión pública. El diagnóstico no es nuevo, pero cada vez que se repite vuelve a encontrar el mismo desierto.

El dato procede de un análisis que la entidad estadounidense ha difundido esta semana y que, una vez más, pone el foco en la baja cultura financiera de los hogares. No es que los españoles no ahorren. Es que no ahorran con un objetivo concreto, ni con un producto diseñado para la jubilación.

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Quién ahorra y quién no: el mapa de la previsión

La fotografía es nítida. El 75% de los hogares no cuenta con un vehículo específico de previsión. Ese porcentaje convive, eso sí, con un sistema público que durante décadas ha cubierto buena parte del último salario, lo que ha desincentivado el ahorro privado. La pregunta incómoda es qué ocurre cuando ese sistema deje de bastar.

El reparto del ahorro para la jubilación es desigual. Es un hábito de rentas medias y altas, de trabajadores con empleo estable y, sobre todo, de quienes ya han vivido una crisis lo bastante larga como para no fiarlo todo al Estado. En el otro extremo, los hogares jóvenes y los de menor renta apenas pisan el mercado de los planes de pensiones.

No ayuda el diseño fiscal. Los planes individuales perdieron atractivo desde que Hacienda recortó el límite de aportación desgravable hasta dejarlo en unos 1.500 euros anuales. Un incentivo tan estrecho apenas mueve la aguja para quien gana menos, y esos son, precisamente, los que más lo necesitan.

Tampoco acompaña la educación financiera, la asignatura pendiente de cada balance. El diagnóstico de JP Morgan coincide con el Día de la Educación Financiera, que se ha celebrado esta semana y que cada año insiste en en la misma idea: saber gestionar el dinero no debería ser un privilegio.

El problema no es que los españoles no ahorren, sino que ahorran sin horizonte: sin un plan que convierta el dinero de hoy en sustento futuro.

De ahorrar a construir patrimonio: la brecha que no se cierra

La brecha entre lo que se ahorra y lo que hará falta al jubilarse no se cierra sola. Un hogar que guarda dinero en una cuenta corriente no está ahorrando para la vejez; está, en el mejor de los casos, protegiéndose de un imprevisto. De la inflación se encarga el tiempo.

El efectivo sigue siendo el instrumento más común, según coinciden los análisis del sector. Es accesible, es líquido y no exige conocimientos. Pero también es el que peor rinde a treinta años vista, cuando el objetivo real es mantener el poder de compra tras el último salario.

La comparación europea incomoda. En varios países del norte de Europa, el ahorro vinculado al empleo cubre a buena parte de la población activa. En España, ese segundo pilar es todavía un proyecto a medio construir, con una cobertura que apenas alcanza a una fracción de los trabajadores.

El canal que más ha crecido en los últimos años es el de los planes de empleo, impulsados por los acuerdos entre patronal y sindicatos. Su cobertura, sin embargo, sigue lejos de la de otros países europeos, donde el ahorro a través de la empresa es la norma y no la excepción.

JP Morgan ahorro España

Los expertos repiten que el problema es de fondo y no de producto. Los planes de pensiones existen, son razonablemente baratos frente a otras alternativas y están regulados. Lo que falta es la costumbre de usarlos, y esa costumbre se aprende en casa y en la escuela mucho antes de que alguien mire el saldo de su cuenta.

La trampa de confiar solo en la pensión pública

España arrastra un problema de previsión que va más allá de una estadística. Durante años, la sociedad delegó en el Estado una tarea que en media Europa se reparte entre lo público y lo privado. Funcionó mientras la demografía acompañaba. Ya no acompaña.

Los precedentes están sobre la mesa. Las reformas aprobadas para sostener el sistema se fueron aplicando a trompicones, y el fondo de reserva que debía amortiguar los años malos quedó prácticamente seco. El sistema sigue siendo sólido en el corto plazo, pero su sostenibilidad a veinte años nadie la firma sin cruzar los dedos.

Aquí está la contradicción que JP Morgan retrata con crudeza. La mayoría de los hogares dice que ahorrará mañana. Casi ninguno lo hace hoy. El tiempo, que es el mejor aliado del interés compuesto, es también el peor enemigo de quien empieza tarde.

Los programas públicos de educación financiera que impulsan la CNMV y el Banco de España llevan años insistiendo en lo mismo, y los resultados llegan con cuentagotas. La alfabetización económica avanza, pero no al ritmo que exige el envejecimiento de la población.

Mi lectura es que el debate ha servido para concienciar, no para actuar. Falta convertir el mensaje en hábito, y eso exige incentivos fiscales que lleguen de verdad a las rentas bajas, productos sencillos y una conversación menos técnica. El próximo cierre de año, con las aportaciones definitivas de los fondos de pensiones, dirá si algo ha cambiado o si seguimos instalados en el mismo uno de cada cuatro.


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