La NASA ha fotografiado cuatro ciclones tropicales activos al mismo tiempo sobre el Pacífico. La imagen llegó el 27 de septiembre desde la cámara EPIC del satélite DSCOVR, y en ella asoman el huracán Polo frente a la península de Baja California y el huracán Nolo rondando Hawái, con la tormenta tropical Rachel y el ciclón postropical Odalys completando un cuadro poco habitual. Hasta el 28 de septiembre, las cuencas del noreste y el centro del Pacífico sumaban 20 tormentas nombradas, nueve de ellas con fuerza de huracán. La media de 1991 a 2020 para esas mismas fechas es de 13,5 tormentas y 7,4 huracanes.
Esta temporada no solo es intensa: va camino de duplicar lo que se considera normal. El Earth Observatory de la NASA lo resume en una cifra: la energía ciclónica acumulada en el noreste del Pacífico superaba a finales de septiembre el doble de la media, según los datos que recopila la Universidad Estatal de Colorado. Es un número que mide no solo cuántas tormentas hay, sino cuánta fuerza reparten.
Dos impactos en México y un diluvio sobre Hawái
La historia de Polo es la de una intensificación que sorprendió incluso a los pronosticadores. Sobre una superficie oceánica inusualmente cálida, el sistema saltó a categoría 5 el 22 de septiembre, un brinco que el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos (NHC) califica de intensificación explosiva. Al acercarse a la costa perdió fuerza y tocó tierra en Baja California Sur hacia las 23:00 hora local del 28 de septiembre, probablemente como categoría 2.
No fue el final. Polo cruzó la península, atravesó el golfo de California y volvió a tocar tierra cerca de Guaymas, ya debilitado, hacia el mediodía del 29 de septiembre. El NHC avisó de vientos peligrosos, marejada ciclónica y lluvias capaces de provocar inundaciones y deslizamientos en Baja California Sur y Sonora. Sus restos, mezclados con la humedad de Odalys, apuntaban hacia el suroeste de Estados Unidos, donde podían dejar varios días de aguaceros y riesgo de crecidas.
Nolo, en cambio, no llegó a tocar tierra, pero castigó igual. El huracán descargó más de 30 centímetros de lluvia sobre partes de Maui y de la Isla de Hawái, inundó carreteras, tumbó árboles y provocó deslizamientos, según los informes recogidos por el Observatorio. La isla se libró, eso sí, de lo peor que había traído el huracán Lala a mediados de agosto.
Una temporada se mide menos por el número de tormentas que por la fuerza que reparten mientras avanzan.
Cierran el cuadro la tormenta tropical Rachel, en paralelo a la costa suroeste de México, y Odalys, ya degradada, cuyos restos apuntaban hacia territorio estadounidense. Cuatro sistemas, cuatro amenazas simultáneas sobre la misma franja del planeta.
Qué hay detrás de una temporada que duplica la energía ciclónica
El motor de todo esto tiene nombre. Los científicos esperan un aumento de la actividad ciclónica en esta cuenca durante un episodio de El Niño, que lleva en marcha desde junio. El agua cálida del Pacífico ecuatorial y la baja cizalladura del viento —la diferencia de velocidad entre las capas altas y bajas de la atmósfera— animan a las tormentas a formarse y a fortalecerse en lugar de deshacerse.
Hay una forma sencilla de imaginarlo. Un huracán necesita combustible templado en la superficie y un techo tranquilo que no lo decapite. El Niño calienta el combustible y rebaja el techo, así que a un sistema incipiente le basta para crecer.
La vista que tenemos de todo ello llega desde muy lejos. La cámara EPIC, a bordo del satélite DSCOVR, observa la Tierra entera desde el punto de Lagrange L1, a unos 1,5 millones de kilómetros de nosotros. Para el primer plano, la NASA recurrió al instrumento VIIRS del satélite Suomi NPP, que el 28 de septiembre retrató a Polo mordiendo la costa de Baja California Sur.
También hay sello espacial en la respuesta sobre el terreno: el programa de desastres de la NASA, en coordinación con la agencia federal estadounidense FEMA, apoya la respuesta del estado de Hawái al huracán Nolo y publicará mapas y datos en su portal de acceso abierto a medida que lleguen.
Una temporada extrema en un clima que cambia
Conviene resistir la tentación de leer una sola temporada como una sentencia. Que el Pacífico oriental haya firmado un año casi del doble de lo normal no demuestra por sí mismo una tendencia de fondo; la variabilidad natural de estas cuencas es enorme y El Niño basta para explicar buena parte del exceso. Pero el dato de la energía ciclónica acumulada, más que duplicada, es la clase de señal que los climatólogos observan con lupa.
La pregunta abierta no es si El Niño empuja la actividad —lo hace—, sino qué ocurre cuando ese empujón se suma a un océano más cálido que hace medio siglo. El calor del mar es el combustible de estos sistemas, y no deja de crecer.
Mientras llega esa respuesta, la temporada sigue su curso. La NASA mantiene abierto el seguimiento de la cuenca y su programa de desastres irá publicando los mapas de Nolo conforme se procesen. Para las comunidades del Pacífico mexicano y de Hawái, lo urgente no es el debate climático, sino el agua que todavía tiene que bajar.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: Imágenes de satélite de la NASA que muestran cuatro ciclones tropicales activos a la vez sobre el Pacífico, con los huracanes Polo y Nolo como protagonistas.
- Dónde: Cuencas del noreste y el centro del Pacífico; Polo impactó en Baja California Sur y Sonora (México) y Nolo afectó a Hawái.
- Institución responsable: NASA Earth Observatory, con datos de la cámara EPIC (satélite DSCOVR) y del instrumento VIIRS (satélite Suomi NPP).
- Cuándo: Imágenes del 27 y 28 de septiembre de 2026; los impactos en tierra se registraron entre el 28 y el 29 de septiembre.
- Impacto a futuro: El seguimiento por satélite y el apoyo del programa de desastres de la NASA a FEMA mejoran la respuesta ante temporadas ciclónicas extremas.




