dtcpay cierra una ronda Serie A de 25 M$ con SBI como inversor estratégico en stablecoins

La compañía singapurense suma al conglomerado japonés SBI Group a una ronda que lideró Vertex Ventures en abril. La lección para el founder está en la composición del accionariado, no en el importe.

Cerrar una ronda no basta si el inversor que entra no abre mercados. dtcpay amplía su Serie A hasta 25 millones de dólares con SBI Group como inversor estratégico para escalar pagos con stablecoins reguladas en Asia.

La ronda de 25 millones: quién entra y por qué importa

La fintech singapurense dtcpay ha cerrado una Serie A de 25 millones de dólares cuyo primer tramo lideró Vertex Ventures Southeast Asia & India en abril de este año y que ahora queda anclada por el conglomerado financiero japonés SBI Group. La compañía no ha desglosado el reparto entre tramos ni la valoración alcanzada en la operación, según recoge Pulse 2.0.

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Vertex Ventures Southeast Asia & India, vehículo integrado en Vertex Holdings —propiedad de Temasek Holdings, el brazo inversor del Estado de Singapur—, aporta experiencia escalando compañías tecnológicas en la región. SBI Group añade algo distinto: opera en banca, valores, seguros, gestión de activos, y activos digitales. Es decir, la puerta de entrada al mercado japonés y a su red institucional.

En la operación también participan Genedant Capital, gestora singapurense supervisada por la Autoridad Monetaria de Singapur con más de 2.000 millones de dólares bajo gestión y asesoramiento, y el inversor que ya estaba en el capital, Kwee Liong Tek. La lectura para un founder es incómoda y útil a la vez: la ronda no se cierra con dinero, se cierra con gente capaz de abrir cuentas donde tú no llegas.

Alice Liu, fundadora y consejera delegada de la compañía, defendió que este tramo no se ha levantado para sostener lo ya construido, sino para cambiar cómo se mueve el dinero entre países. Hay además un detalle de calendario que casi nadie mira: entre el primer tramo y el ancla estratégica han pasado cinco meses. En venture capital ese intervalo es normal cuando quien entra no es un fondo financiero, sino un industrial que pasa por su comité de riesgos.

Una ronda no se mide por el importe que entra, sino por la puerta que abre el socio que la respalda.

El detalle que cambia todo no es el importe. La licencia es el activo real de dtcpay. La compañía está autorizada por la Autoridad Monetaria de Singapur y suma una licencia de entidad de dinero electrónico (EMI) en Luxemburgo, lo que le permite prestar servicios de pago regulados en todo el Espacio Económico Europeo.

En pagos transfronterizos, el permiso regulatorio pesa más que el software: sin licencia no hay pasarela que escale.

Acumula además licencias y registros en Hong Kong, Australia, Estados Unidos y Canadá. Ninguno de esos permisos se compra: se solicita, se audita y se espera.

El modelo detrás: de la cripto genérica a las stablecoins reguladas

La trayectoria de la compañía es explícita. En 2023 lanzó un sistema de pagos con moneda fiduciaria y criptomonedas para transacciones en tienda física y online. Un año después dio el giro: retiró el soporte para activos volátiles como Bitcoin y se quedó con las stablecoins. Menos producto, más foco.

Hoy su tarjeta Visa permite gastar indistintamente en moneda tradicional y en stablecoins en más de 150 millones de comercios de todo el mundo. El negocio que hay debajo no es de trading, es de infraestructura: se cobra por el volumen que atraviesa la pasarela, con unos unit economics de coste por transacción que mejoran si el cumplimiento normativo no se come el margen. Ese es el punto.

📦 Caso de estudio: dtcpay

  • El reto: operar pagos con stablecoins sin licencia propia en mercados donde el regulador no perdona el atajo.
  • La jugada: pasar de cripto genérica a stablecoins reguladas y acumular permisos en Singapur, Luxemburgo, Hong Kong, Australia, Estados Unidos y Canadá.
  • El resultado: una Serie A de 25 millones de dólares con SBI Group como inversor estratégico y una tarjeta Visa activa en más de 150 millones de comercios.
  • La lección: en un sector regulado, cada permiso tarda meses y frena a quien viene detrás. Ese retraso es el foso defensivo.

Lo que esta ronda enseña a quien busca inversor

Vamos a los números. 25 millones de dólares no es una cifra extraordinaria para una Serie A de pagos transfronterizos en Asia; lo relevante es la composición. Un fondo con el respaldo de Temasek, una gestora supervisada por la Autoridad Monetaria de Singapur y un conglomerado japonés con balance para aguantar ciclos largos. Esa mezcla es difícil de replicar y explica por qué la empresa ha preferido ampliar el tramo abierto antes que abrir una ronda nueva con otro precio.

A efectos prácticos, estamos ante una ronda de infraestructura, no de producto. Y ahí asoma el riesgo real: el propio debate global sobre las stablecoins señala la fragmentación regulatoria como el principal freno a su adopción en las finanzas internacionales. El máximo responsable de la Organización Mundial del Comercio ya lo advirtió. Siete jurisdicciones significan siete equipos de cumplimiento, siete auditorías y siete calendarios distintos. El runway se gasta igual en cada una.

La lección para un fundador español o latinoamericano que esté levantando ahora es doble. Primero, en sectores regulados el inversor estratégico vale más que el cheque: SBI no entra por el producto, entra por la posición regulatoria ya conquistada. Segundo, ampliar una ronda abierta es una herramienta poco usada y muy eficaz para incorporar a un industrial sin reabrir el precio que pactaste con tu lead investor.

Trasladado al ecosistema español, la comparación es útil y algo incómoda. Las fintech locales que quieren jugar en pagos con activos digitales dependen del marco europeo y de los registros del Banco de España, y muy pocas acumulan licencias en cuatro continentes. A otra escala, las líneas de ENISA o programas como Wayra y Lanzadera cumplen aquí una función parecida a la de SBI: dar músculo y red sin exigir una valoración imposible. La lógica es la misma, el tamaño no.

Eso sí, ampliar tiene coste. Cada tramo añadido reabre la conversación sobre la dilución, obliga a revisar el runway y suele llegar con condiciones de gobernanza. Antes de firmar, calcula cuántos meses de caja compra la entrada del nuevo socio y cuánto poder de decisión cuesta. En la redacción hemos visto más de una operación de este tipo cerrarse tarde por no tener esa cuenta hecha.

🚀 Hoja de Ruta para Emprender

  • Elige al inversor por la puerta que abre: pregunta qué licencia, cuenta o cliente institucional puede desbloquearte en tres meses antes de negociar el term sheet.
  • Convierte la licencia en foso: si tu sector está regulado, cada autorización tarda meses y frena a quien llega detrás. Cuéntalo en tu pitch.
  • Amplía antes de repreciar: incorporar a un estratégico en un tramo abierto diluye menos que abrir una ronda nueva a la baja.
  • Presupuesta el cumplimiento: siete licencias son siete auditorías. Mete ese coste fijo en el burn rate antes de prometer márgenes.

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