Detrás de las grandes marcas que llenan hoy los supermercados españoles se esconden apellidos que han pasado de mostrador en mostrador, de generación en generación. Aunque en la mayoría de casos hay un respaldo económico importante, los orígenes de estas sagas familiares poco tienen que ver con los grandes despachos: empezaron en una carnicería de barrio, una charcutería de pueblo, una cantina de estación o una tienda de ultramarinos. No hubo ángeles inversores ni grandes capitales iniciales.
La selección que te contamos a continuación no responde a un ránking de facturación ni de notoriedad, sino al interés de mostrar cómo negocios casi domésticos lograron convertirse en gigantes sin perder el apellido. Los sectores son variados —la distribución, la charcutería, la cerveza, la leche o el aceite—, pero todos comparten el patrón de partir de una necesidad concreta y crecer gracias al acierto de varias generaciones.
5Borges: de la tienda de ultramarinos de Reus a un gigante mundial del aceite
La historia de Borges no arrancó en un gran molino, sino en un modesto negocio de compraventa de aceitunas y almendras que Antonio Pont Pont y Dolores Creus Casanovas montaron en 1896 en Tàrrega (Lleida). De aquella primera casa salió hasta el nombre: el apellido del socio Ernest Borges Ayats acabó convertido, en 1964, en la marca que hoy adorna las botellas de aceite de medio mundo. El salto de lo artesanal a lo industrial lo dieron sus hijos, que en 1914 compraron el primer molino propio, en 1920 instalaron la primera rompedora de almendras de Cataluña y, tras la Guerra Civil, levantaron una refinería para integrar toda la cadena, de la aceituna al aceite a granel. Sobre esa base, la tercera generación creó la enseña Borges, empezó a envasar con marca propia y abrió la vía de la exportación.
Un siglo y cuarto después, el grupo sigue siendo 100% familiar: la cuarta generación de los Pont tomó el relevo en 2020 y en 2023 celebró el 125 aniversario en su nueva sede institucional de Tàrrega, con David Prats como presidente ejecutivo. Con sedes en Reus y Tàrrega y plantas en España e Italia, Borges vende en más de un centenar de países —Estados Unidos, Francia, Brasil e India entre los principales— y se ha consolidado como uno de los grandes exportadores españoles de aceite de oliva envasado. En el ejercicio cerrado en mayo de 2023 facturó 770 millones de euros, un 10% más que el anterior, y se ha marcado el objetivo de alcanzar los 1.000 millones en 2027 con una plantilla de 1.100 trabajadores. Nada mal para quien empezó comprando y vendiendo aceitunas y almendras en una comarca leridana: la demostración de que el relevo generacional bien gestionado convierte los mostradores humildes en gigantes globales.



