De las carnicerías Roig a la cantina antes de la leche Pascual: las sagas familiares que dominan la alimentación en España tienen orígenes curiosos

Detrás de las grandes marcas que llenan hoy los supermercados españoles se esconden apellidos que han pasado de mostrador en mostrador, de generación en generación. Aunque en la mayoría de casos hay un respaldo económico importante, los orígenes de estas sagas familiares poco tienen que ver con los grandes despachos: empezaron en una carnicería de barrio, una charcutería de pueblo, una cantina de estación o una tienda de ultramarinos. No hubo ángeles inversores ni grandes capitales iniciales.

La selección que te contamos a continuación no responde a un ránking de facturación ni de notoriedad, sino al interés de mostrar cómo negocios casi domésticos lograron convertirse en gigantes sin perder el apellido. Los sectores son variados —la distribución, la charcutería, la cerveza, la leche o el aceite—, pero todos comparten el patrón de partir de una necesidad concreta y crecer gracias al acierto de varias generaciones.

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Pascual: de la cantina de la estación de Aranda de Duero al tetra brik

Pascual
Fuente: Pascual

De la cantina de la estación de Aranda de Duero al tetra brik: antes de ser el fundador de uno de los grandes grupos alimentarios españoles, Tomás Pascual Sanz vendía bocadillos en esa misma estación, donde su padre regentaba el modesto negocio. Después repartió mercancías por la comarca, primero en bicicleta, luego en moto y finalmente en un camión alquilado, hasta que en 1969 la Caja de Ahorros de Burgos le convenció para hacerse cargo de una cooperativa lechera en quiebra. Sin dinero ni experiencia —él mismo admitía que no tenía ni idea del negocio de la leche—, viajó a Suiza y a Suecia para estudiar la uperisación y el envasado aséptico. El resultado llegó en 1973: Pascual fue la primera empresa española en comercializar leche uperisada en tetra brik, un formato que la conservaba hasta tres meses sin frío y que revolucionó la distribución láctea de todo el país.

Medio siglo después, el proyecto sigue en manos de la familia: el hijo del fundador, Tomás Pascual Gómez-Cuétara, preside la compañía, y la tercera generación, con los nietos de don Tomás, ya prepara el relevo. La sede y el corazón industrial continúan en Aranda de Duero, y las cifras avalan la dimensión alcanzada: 900 millones de euros de facturación en 2024, con un ebitda de 65 millones, un 27% más que el año anterior. La leche ya no es ni la mitad del negocio —ronda el 40%—: Bezoya, Vivesoy, Bifrutas, el café para hostelería y la distribuidora Qualianza, con 265 millones de facturación, sostienen un grupo que espera superar los 1.000 millones en 2026. Del mostrador de la cantina al brik, la historia de Pascual resume el salto del esfuerzo rural a la industria moderna: el 96% de sus compras siguen procediendo de proveedores españoles.


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