De las carnicerías Roig a la cantina antes de la leche Pascual: las sagas familiares que dominan la alimentación en España tienen orígenes curiosos

Detrás de las grandes marcas que llenan hoy los supermercados españoles se esconden apellidos que han pasado de mostrador en mostrador, de generación en generación. Aunque en la mayoría de casos hay un respaldo económico importante, los orígenes de estas sagas familiares poco tienen que ver con los grandes despachos: empezaron en una carnicería de barrio, una charcutería de pueblo, una cantina de estación o una tienda de ultramarinos. No hubo ángeles inversores ni grandes capitales iniciales.

La selección que te contamos a continuación no responde a un ránking de facturación ni de notoriedad, sino al interés de mostrar cómo negocios casi domésticos lograron convertirse en gigantes sin perder el apellido. Los sectores son variados —la distribución, la charcutería, la cerveza, la leche o el aceite—, pero todos comparten el patrón de partir de una necesidad concreta y crecer gracias al acierto de varias generaciones.

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Estrella Galicia: de la fábrica de hielo de 1906 al fenómeno actual

Estrella Galicia

Antes de convertirse en fenómeno de masas, Estrella Galicia fue el sueño de un emigrante retornado. José María Rivera Corral, hijo de labradores de As Pontes que hipotecaron sus tierras para pagarle el pasaje, hizo las Américas en Veracruz, donde regentó el ultramarinos La Estrella de Oro. En 1906, de vuelta en A Coruña, fundó una modesta fábrica de hielo y cerveza a la que llamó La Estrella de Galicia. El relevo lo tomó su hijo Ramón, uno de los primeros maestros cerveceros titulados de España, que mecanizó la producción; la tercera generación levantó en 1972 la planta de A Grela y creó la Especial Rivera. La cuarta, con Ignacio Rivera al frente, la recibió con unos 30 millones de facturación en los años noventa y la entrega a la quinta rozando los 1.000 millones: en 2025 el grupo ingresó 945 millones y ganó 110, con un accionariado de unas 40 personas repartidas en 18 ramas familiares, sin fondos de inversión ni salida a Bolsa.

Lo que hace excepcional este caso es que el gigante no ha renunciado a sus raíces de empresa de pueblo con vocación global. Un siglo después, la producción sigue en Galicia: en 2025 estrenó en Morás (Arteixo) la mayor fábrica de cerveza de España, diseñada para alcanzar 1.000 millones de litros al año, mientras vende en 82 países y el 15% de sus ingresos ya procede del exterior. En un sector dominado por multinacionales, los Rivera han resistido las ofertas de compra y han apostado por la independencia y la rentabilidad: su margen neto, del 10,7% en 2024, multiplica por cuatro el de Heineken. Con la quinta generación ya incorporada, el plan estratégico busca duplicar la facturación hasta unos 2.000 millones en 2030 sin deslocalizar ni diluir el control familiar, fieles a su lema de querer ser la cerveza más querida, y no la más vendida.


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