Coinbase y Better Mortgage lanzan hipotecas respaldadas por bitcoin para todos los estadounidenses, usando la criptomoneda como garantía de la entrada sin venderla. La primera operación se cerró en junio y el servicio ya está disponible de forma general.
El producto se apoya en los estándares de Fannie Mae, la agencia federal que da liquidez al mercado hipotecario estadounidense y marca las reglas de solvencia para miles de préstamos. Eso significa que no se trata de un experimento al margen del sistema, sino de una vía estructurada para que los titulares de bitcoin aprovechen su inversión sin deshacerse de ella. Fannie Mae supervisa buena parte de las hipotecas convencionales del país.
Qué ofrece el producto y quién puede acceder
Para acceder, el prestatario puede pignorar sus bitcoins como colateral de la entrada, sin liquidar la posición ni enfrentar llamadas de margen. Es un matiz importante: en muchos préstamos cripto tradicionales, una caída brusca del precio obliga a aportar más garantías o a vender parte de la posición.
La idea de fondo es evitar un coste fiscal y de oportunidad: quien vende bitcoin para pagar la entrada renuncia a posibles subidas futuras y, en Estados Unidos, puede generar plusvalías sujetas a impuestos. Al pignorarlo, mantiene la propiedad del activo, aunque queda comprometido.
Los miembros de Coinbase One obtienen además un reembolso del 1% del valor de la hipoteca, con un límite de 10.000 dólares. La primera pareja en usarlo, Joe y Amy, de Michigan, financió su vivienda en junio precisamente para no deshacerse de sus bitcoins.
Por qué importa para los compradores más jóvenes
El movimiento apunta a un perfil concreto: compradores jóvenes que acumulan patrimonio en cripto y que llegan tarde a la vivienda por los altos tipos, los precios récord y la escasa oferta. Better Mortgage sitúa en 40 años la edad mediana del primer comprador en 2025.
Lo nuevo no es usar bitcoin como garantía, sino hacerlo dentro de una hipoteca convencional con estándares federales.
Ben Shen, responsable de productos financieros de Coinbase, defiende que pignorar activos digitales en el proceso hipotecario hace a las criptomonedas más útiles en el mundo real y amplía el acceso a la vivienda sin renunciar a posiciones de largo plazo.
No es la primera incursión del sector. El prestamista Milo aseguró a principios de año que había superado los 100 millones de dólares en hipotecas respaldadas por activos digitales, incluido un préstamo récord de 12 millones. Son cifras modestas frente al mercado hipotecario tradicional, pero reflejan una demanda creciente entre clientes con patrimonio elevado.
Análisis: un mercado pequeño que apunta a crecer
Ledn, otro prestamista cripto, calcula que el crédito respaldado por bitcoin podría pasar de unos 3.000 millones de dólares actuales a un billón en en los próximos diez años. Es una proyección optimista, pero sirve para dimensionar la ambición del sector.
El dato de Ledn hay que tomarlo con cautela: los 3.000 millones actuales son una fracción mínima del mercado hipotecario estadounidense, que se mide en billones. El salto a un billón exigiría que los grandes bancos entraran en el juego.
El riesgo no desaparece. Si el precio de bitcoin cae de forma prolongada, el colateral pierde valor y la vivienda queda expuesta. Aunque Fannie Mae supervisa la estructura, el prestatario mantiene la volatilidad de un activo que puede moverse un 10% en una semana. Que el producto sea estándar no lo convierte en libre de riesgo.
El precedente recuerda a lo ocurrido con los préstamos respaldados por acciones en la banca privada: el colateral abre puertas, pero también vincula el techo de la casa a un activo que no duerme. En 2022, la caída de Terra desmontó en días varias promesas de préstamos con cripto como garantía porque el colateral se evaporó. La diferencia aquí es la supervisión federal: Fannie Mae aporta un marco que reduce los productos improvisados.
Dicho esto, que un producto sea convencional no anula la volatilidad. Quien pignora bitcoin está apostando implícitamente a que su precio se mantendrá o subirá. Si el mercado entra en un ciclo bajista, el patrimonio digital comprometido puede valer menos que la deuda. Es una palanca que premia la convicción, pero que exige margen para resistir vaivenes.
La fecha a seguir es el próximo movimiento del regulador: si otras agencias federales adoptan criterios parecidos a los de Fannie Mae, el crédito respaldado por cripto dejaría de ser un nicho. Por ahora, el caso de Michigan es solo la primera ficha de un tablero aún en construcción.





