3Mirador de la Reina (Asturias)
Encaramado a 910 metros de altitud en la carretera que sube a los Lagos de Covadonga, el Mirador de la Reina es de esos balcones naturales que justifican la palabra «cuento». Desde su promontorio se abren a los pies el valle de Cangas de Onís, las vegas de Güeña y, en los días despejados, la línea de la costa cantábrica recortada sobre el horizonte. Esa orientación, con el cielo abierto hacia el valle y el mar, y la ausencia casi total de contaminación lumínica de las ciudades costeras, convierten este rincón de los Picos de Europa en un observatorio improvisado ideal para seguir el paso de la sombra de la Tierra sobre la Luna. Además, el paisaje carga de historia el momento: enfrente queda Covadonga, cuna del Reino de Asturias y escenario de la batalla que dio inicio a la Reconquista, un telón de montañas y leyendas que hace que ver la Luna teñirse de rojo aquí se parezca más a una escena de mito que a una simple cita astronómica.
Lo que hace singular a este mirador es que está construido sobre un comedero de buitres gestionado por la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos. De día es un punto de observación excepcional para ver al quebrantahuesos, que desapareció de estos montes en los años 70 y hoy regresa gracias a un proyecto de reintroducción, junto a alimoches, buitres leonados y negros. De noche, la misma plataforma se convierte en un palco estelar. Y hay un detalle que juega a favor: en verano el tramo de acceso a los Lagos queda cerrado al coche privado durante el día, pero a partir de las 21:00 se puede subir en vehículo propio, así que una cita nocturna como esta es compatible con la restricción. Eso sí, es un espacio al aire libre, sin servicios ni iluminación: conviene llegar con ropa de abrigo, linterna y paciencia para esperar a que el cielo asturiano regale una noche despejada.



