Indra negocia con el gigante alemán Rheinmetall un contrato de defensa que podría alcanzar los 3.000 millones de euros para suministrar vehículos blindados sobre plataformas de MAN. Las conversaciones, aún en fase de ultimación, contemplan la integración del radar AESA Nemus en el sistema de protección activa StrikeShield, una combinación que reforzaría la seguridad en el campo de batalla.
La noticia ha disparado la cotización de Indra un 1,5% en la sesión, hasta los 18,74 euros, la mayor subida en dos semanas. El mercado descuenta que la compañía presidida por Marc Murtra está a un paso de cerrar uno de los mayores contratos de su historia en el segmento de defensa terrestre.
Un contrato con sabor a revancha
El acuerdo con Rheinmetall y MAN llega apenas unos meses después de que otro gran contrato de blindados, valorado en 2.700 millones de euros, fuera recurrido por Santa Bárbara Sistemas. Aquel movimiento judicial paralizó temporalmente la adjudicación y dejó a Indra con la necesidad de buscar alternativas para no perder el tren de la modernización del Ejército de Tierra.
Ahora, la alianza con Rheinmetall —especialista en sistemas de protección activa— y MAN —fabricante de camiones militares— coloca a Indra en una posición de fuerza. El radar Nemus, desarrollado íntegramente por la ingeniería española, actuará como los ojos electrónicos de los blindados, detectando amenazas y activando contramedidas en milisegundos.
De consolidarse, el contrato no solo aseguraría carga de trabajo para las plantas de Indra en Aranjuez y Sevilla, sino que abriría la puerta a futuras exportaciones bajo el paraguas de la cooperación industrial hispano-alemana.
Cuando las guerras se libran con drones y satélites, el blindado sigue siendo el rey del campo de batalla. Y ese rey necesita un escudo electrónico.
El radar Nemus, la baza tecnológica
El AESA Nemus es un radar de barrido electrónico activo diseñado para operar en entornos de alta interferencia. Su capacidad para detectar y seguir múltiples objetivos simultáneamente lo convierte en una pieza clave del sistema StrikeShield de Rheinmetall, que ya equipan vehículos como el Lynx y el Puma.
La integración no es trivial: exige una adaptación software y hardware que las tres compañías están afinando en estos días. Fuentes del sector confirman que las pruebas de compatibilidad han sido satisfactorias y que el anuncio oficial podría producirse antes de que acabe el verano.
Más que un contrato: el nuevo rol de Indra en defensa
Este movimiento encaja en la estrategia de Indra de duplicar su peso en el negocio de defensa y seguridad para 2028. Con un volumen actual de unos 1.200 millones en esta división, un contrato de 3.000 millones —aunque se ejecute en varios ejercicios— supone un salto cuantitativo y cualitativo. Deja de ser un integrador de sistemas para convertirse en suministrador de tecnología propietaria.
La parte menos visible, pero igualmente relevante, es el alineamiento con Berlín. Alemania está impulsando un rearme acelerado tras el giro estratégico del canciller y busca socios industriales fuera de sus fronteras. Indra, con presencia en el sector aeroespacial gracias a su participación en Hisdesat y su papel en el futuro caza europeo NGWS/FCAS, se postula como un aliado natural.
Eso sí, el camino no está exento de riesgos. La elevada competencia en el segmento de blindados —con actores como General Dynamics, BAE Systems o la propia Santa Bárbara— y la incertidumbre presupuestaria de algunos gobiernos europeos podrían retrasar o rebajar el alcance final del acuerdo. Pero la señal que ha dado hoy el mercado es inequívoca: los inversores ven a Indra más cerca que nunca de un contrato que cambiará su perfil industrial.
Habrá que esperar a los próximos meses para conocer los plazos de firma y el reparto exacto de los trabajos. Lo que ya está claro es que Indra ha pasado de ser observador a jugador en la gran partida de la defensa terrestre europea.




