OpenAI y su salida a bolsa: la solicitud confidencial que agita el mercado tecnológico

La empresa de Sam Altman no desvela plazos pero busca una valoración cercana al billón de euros. La operación se suma a la fiebre de salidas a bolsa liderada por SpaceX y Anthropic.

He seguido de cerca el goteo de confidencias que ha precedido a la presentación de la solicitud. Ayer, 8 de junio, OpenAI ha confirmado que ya ha remitido a la SEC la documentación para una oferta pública de venta confidencial. Es el primer paso formal hacia la salida a bolsa más esperada del sector tecnológico desde hace una década. La compañía no ha desvelado ni el tamaño ni las condiciones de la operación, pero fuentes citadas por Reuters sitúan la valoración objetivo hasta el billón de dólares (867.000 millones de euros). El estreno podría llegar tan pronto como septiembre.

Una solicitud sin plazos, pero con un objetivo ambicioso

La propia OpenAI ha matizado que la presentación del documento no implica una inminente cotización. “Puede que pase un tiempo porque hay cosas que queremos hacer que probablemente son más fáciles siendo una empresa privada”, ha señalado un portavoz de la empresa en un comunicado. Aunque la OPV confidencial permite negociar con los reguladores sin hacer públicos los números, lo que sí ha trascendido es la magnitud de la operación.

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  • Valoración objetivo: hasta 1 billón de dólares (867.000 millones de euros), según Reuters.
  • Última referencia privada: 852.000 millones de dólares en la ronda de financiación de marzo de 2026.
  • Competencia directa: Anthropic, valorada en 965.000 millones de dólares tras una ronda de 65.000 millones en mayo, presentó su solicitud confidencial apenas una semana antes.
  • Calendario: sin fecha oficial, aunque los analistas apuntan a septiembre como ventana probable.

“It may be a while because there are things we want to do that are likely easier as a private company.” — OpenAI, comunicado oficial, 8 de junio de 2026

La carrera bursátil de la IA: Anthropic, SpaceX y ahora OpenAI

La solicitud de OpenAI se produce en un momento de auténtica efervescencia en el mercado de ofertas públicas. Anthropic, el creador de Claude, hizo lo propio el pasado 1 de junio, y SpaceX —que integró el laboratorio xAI de Elon Musk en febrero— comenzará a cotizar este mismo viernes, 12 de junio, con una valoración estimada de 1,75 billones de dólares, la mayor OPV registrada hasta la fecha.

Las tres compañías pierden dinero debido a los ingentes costes de construir infraestructura de inteligencia artificial. Sin embargo, el apetito inversor por la IA generativa no parece tener límites. Las valoraciones se han disparado en los últimos doce meses, y la ventana de oportunidad para salir a bolsa podría no durar eternamente. Cada vez más gestores señalan el riesgo de una burbuja concentrada en un puñado de chips y modelos de lenguaje.

Análisis: timing y narrativa, las claves de una operación récord

Mi lectura de este movimiento va más allá del número. OpenAI busca capitalizar su posición de marca antes de que la competencia erosione sus márgenes. La compañía de Sam Altman domina la conversación pública, pero Anthropic ya le supera en valoración privada y SpaceX va a testar antes el apetito real de Wall Street. Salir en septiembre —si lo consigue— le permitiría aprovechar el tirón mediático de la mayor OPV de la historia, pero le obliga a aclarar cuál es su plan para rentabilizar el caos de costes que supone entrenar modelos cada vez más grandes.

La operación se cierra con una paradoja: la empresa que popularizó ChatGPT necesita convencer a los inversores de que la monetización masiva está cerca, cuando hoy por hoy cada usuario genera más gasto que ingreso. Si el mercado enfría su entusiasmo, septiembre podría ser demasiado tarde.

🌍 El impacto en España y Europa

La salida a bolsa de OpenAI tendrá un efecto indirecto pero significativo en el ecosistema financiero europeo. La absorción de liquidez que suponen estas megaoperaciones suele tensionar los mercados de renta variable y provocar cierta volatilidad en los bonos. En el plano doméstico:

  • El Euríbor no reaccionará de forma directa, pero una eventual corrección bursátil podría elevar la aversión al riesgo y retrasar las próximas decisiones del BCE sobre tipos.
  • Las empresas españolas de IA y ciberseguridad (como las cotizadas del segmento tech del BME Growth) podrían beneficiarse del mayor apetito inversor por activos europeos de inteligencia artificial, aunque el verdadero impacto llegará cuando el regulador europeo acelere el régimen de sandbox.
  • Los grandes fondos de pensiones y gestoras españolas con exposición al S&P 500 verán revalorizadas sus carteras si la operación sale a buen puerto, pero asumirán el riesgo de concentración en un valor que aún no ha demostrado su rentabilidad.

Europa, en definitiva, observa desde la barrera cómo se escribe el próximo capítulo de la historia financiera de la IA, pero la ola de valoraciones récord acabará salpicando a los mercados del Viejo Continente.


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