65 bancos mundiales: La financiación de combustibles fósiles alcanza los 906.000 millones de dólares

JPMorgan Chase lidera el ranking de 65 entidades que dispararon un 8% su financiación fósil en un año, según el informe Banking on Climate Chaos. El dato desmiente los compromisos Net Zero de las grandes firmas y revela una brecha entre la retórica verde y las decisiones reales.

Los 65 mayores bancos del mundo destinaron 906.000 millones de dólares a la industria de los combustibles fósiles en 2025, un incremento del 8% respecto al año anterior que pone en jaque los compromisos verdes de las grandes firmas financieras. El dato lo revela el informe Banking on Climate Chaos, elaborado por una coalición de organizaciones ecologistas, y demuestra que la banca global, pese a sus discursos ESG, sigue siendo el principal motor de la expansión del carbón, el petróleo y el gas.

JPMorgan Chase encabeza el grifo fósil con el peor historial

JPMorgan Chase, el mayor banco de Estados Unidos, lidera el ranking global de financiación fósil por tercer año consecutivo. Según el informe, la entidad aportó más de 48.000 millones de dólares en créditos y suscripciones de deuda para proyectos de hidrocarburos solo en 2025. Le siguen Citigroup, Bank of America, Wells Fargo y el canadiense RBC, todos con volúmenes superiores a los 30.000 millones.

Publicidad

Las 65 entidades analizadas, que incluyen a los gigantes de Wall Street, la City londinense, los bancos universales europeos y los grandes prestamistas asiáticos, han canalizado en la última década más de 7,3 billones de dólares hacia los combustibles fósiles. La cifra de 2025, 906.000 millones, supone el segundo mayor registro desde el Acuerdo de París y revela una intensificación del negocio justo cuando la ciencia exige su desmantelamiento acelerado.

El incremento de 64.000 millones en un solo año —el mayor en términos absolutos desde 2016, cuando se firmó el pacto climático— convierte en papel mojado los planes de Net Zero que la mayoría de estos bancos han suscrito bajo la Net Zero Banking Alliance. «Las cifras muestran que las decisiones de financiación son incompatibles con cualquier objetivo de limitar el calentamiento a 1,5 °C», señala el análisis de la coalición.

El ‘greenwashing’ de la banca medido en dólares

De los 65 bancos examinados, 58 son firmantes de alianzas climáticas voluntarias. Sin embargo, en 2025 la financiación destinada específicamente a la expansión de nueva capacidad fósil —nuevos yacimientos, terminales de GNL, refinerías— creció un 12%, hasta superar los 180.000 millones. Son proyectos que, por su propia naturaleza, comprometen emisiones durante décadas, y que ninguna estrategia de «compensación» puede neutralizar.

La letra pequeña de los compromisos bancarios suele excluir de las restricciones a la financiación corporativa general o a los préstamos a corto plazo, las dos grandes vías por las que fluye la mayor parte del capital fósil. Para entendernos: un banco puede anunciar que deja de financiar la minería de carbón térmico, pero seguir prestando miles de millones a una petrolera que explora nuevas cuencas, y todo bajo la misma etiqueta ESG.

bancos ESG

Las organizaciones autoras del informe, entre ellas Rainforest Action Network y BankTrack, recuerdan que los 906.000 millones equivalen a casi el doble de lo que la Agencia Internacional de la Energía considera necesario invertir anualmente en renovables para cumplir con el escenario de emisiones netas cero. El dato es demoledor: mientras el mundo debate cada céntimo público para la transición, la banca privada multiplica su apuesta por lo contrario.

La brecha entre la retórica verde de los consejos de administración y la realidad de sus mesas de crédito es hoy la mayor amenaza creíble para la transición energética.

La letra pequeña de los objetivos Net Zero que no muerden

El informe Banking on Climate Chaos lleva 16 ediciones documentando la financiación fósil de la banca mundial. En ese periodo las emisiones globales no han dejado de crecer y la temperatura media del planeta ha subido más de 0,2 °C adicionales. A pesar de la retórica, el flujo de capital hacia el sector de los hidrocarburos se ha mantenido estable, con picos puntuales como el de 2025, que elevan la media de la última década por encima de los 730.000 millones anuales.

Lo que cambia en esta edición es el contexto regulatorio: la Unión Europea ya aplica la CSRD y la Taxonomía Verde, que obligan a las entidades financieras a informar sobre el alineamiento de sus carteras con los objetivos climáticos. De hecho, varios bancos europeos han empezado a reportar ratios de activos «verdes» superiores al 30%, mientras el informe demuestra que su exposición fósil no se reduce. Esa doble contabilidad está en la mira de los supervisores.

En Estados Unidos, sin embargo, la presión política contra la agenda ESG ha debilitado los estándares voluntarios. JPMorgan Chase y sus pares han aprovechado ese giro para ampliar su negocio fósil sin apenas cortapisas, lo que explica en buena medida el incremento del 8% registrado en 2025. La polarización regulatoria está creando un arbitraje que premia a los bancos que ignoran el riesgo climático.

Un modelo quebrado y una factura que no prescribe

El precedente más cercano a este informe fue el de 2024, cuando la financiación fósil ya rozó los 842.000 millones. Aquella cifra se interpretó como un síntoma de la crisis energética y del encarecimiento de las materias primas. Pero el dato de 2025 confirma una tendencia estructural: la banca global es incapaz de alinear su negocio con la ciencia del clima, y los mecanismos voluntarios no funcionan. Vamos a los datos.

Si los 65 bancos aplicaran de verdad los criterios de la Taxonomía Verde a sus libros de préstamos, la financiación a la expansión fósil debería haberse reducido drásticamente, no aumentado. La realidad es que las exclusiones sectoriales parciales —al carbón más contaminante, a la perforación en el Ártico— apenas arañan el total, porque la mayor parte del dinero fluye hacia grandes corporaciones energéticas que operan en todos los segmentos.

Más aún: el Scope 3 de las carteras bancarias, es decir, las emisiones financiadas indirectamente a través de sus clientes, representa el 95% de su huella climática total. La banca lo sabe, pero los objetivos que ha presentado hasta ahora apenas cubren una fracción de ese alcance. En la práctica, cada nuevo préstamo a una petrolera diversificada equivale a financiar tanto la producción actual como la futura.

🌍 El Impacto Real para el Futuro

  • Beneficio medible: La cifra de 906.000 millones de dólares permite cuantificar el desfase entre los compromisos ESG y la financiación real, un dato que ya está siendo utilizado por inversores institucionales para presionar a los consejos.
  • Modelo que cambia: El esquema de banca que presume de Net Zero sin frenar el grifo fósil se enfrenta a un escrutinio regulatorio y reputacional creciente que puede forzar la exclusión del carbón y de los nuevos yacimientos antes de 2030.
  • Para las próximas generaciones: Cada dólar prestado a la exploración de nuevos hidrocarburos es una hipoteca climática que recaerá sobre los jóvenes; los costes de adaptación en 2050 se estiman en 1,8 billones de dólares anuales si no se corta ya la financiación fósil.

Publicidad