Empleados de Amazon exigen moratoria en centros de datos de Seattle: el concejo vota hoy

El concejo municipal de Seattle debate una pausa de un año a la construcción de centros de datos por consumo de recursos. Amazon, cuyo campus central está en la ciudad, ve a sus propios empleados sumarse a la causa.

La sede de Amazon en Seattle se enfrenta a una paradoja empresarial: sus propios empleados apoyan una moratoria de nueva construcción de centros de datos en la ciudad, justo cuando el gigante del cloud planea desplegar más capacidad. Hoy, el concejo municipal vota la pausa de un año, una medida que frena la expansión del segmento más rentable de la compañía —AWS— y pone el foco sobre el consumo de agua y electricidad.

Claves de la operación

  • La moratoria afecta directamente a AWS, el motor de beneficios de Amazon. La división de servicios en la nube aportó más del 60% del beneficio operativo de la compañía en el último trimestre, y una pausa en su ciudad matriz limita su capacidad de crecimiento en el noroeste del Pacífico.
  • El vacío lo aprovecharán otros: Microsoft y Google aceleran sus centros de datos en otras regiones. Mientras Seattle se congela, condados vecinos como Grant y los estados de Oregón y Arizona captan nuevas inversiones, desplazando el eje de la nube.
  • Un precedente que mira a Europa: el consumo de recursos de los CPD entra en la agenda política. La decisión de Seattle sigue la estela de debates similares en Virginia, Irlanda o los Países Bajos, y coincide con la tramitación de normativas que obligan a los centros de datos a reportar su huella hídrica y energética.

La paradoja de los empleados que frenan el crecimiento de su propia empresa

La votación de hoy supone el último capítulo de una escalada que comenzó hace apenas dos meses, cuando varias empresas propusieron construir cinco grandes centros en la ciudad. La inesperada oposición interna —empleados de Amazon que testificaron a favor de la moratoria la semana pasada— ha añadido presión política a un debate que ya enfrentaba a vecinos y activistas ambientales con el lobby tecnológico.

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Amazon, con su campus central en la ciudad, ha sido históricamente un motor de empleo y desarrollo económico. Pero ahora sus trabajadores argumentan que la expansión descontrolada de infraestructura digital agrava la crisis hídrica de la región y encarece la electricidad.La paradoja es evidente: son los propios empleados de la compañía quienes piden frenar el crecimiento de su mayor fuente de ingresos.

El consumo de agua de los centros de datos es el principal punto de conflicto. Los centros de datos consumen grandes cantidades de agua, electricidad y ruido han generado protestas en todo el país. Los sistemas de refrigeración de estos centros pueden evaporar millones de litros diarios. En un condado que ya sufre sequías recurrentes, el coste-efectividad de cada metro cúbico se convierte en un riesgo financiero y reputacional para cualquier gran operador.

Según fuentes municipales y organizaciones locales, las cinco nuevas instalaciones propuestas habrían incrementado la demanda energética de la ciudad en un 8% y aumentado el consumo de agua en 2,3 millones de litros diarios, una cifra que preocupa a la autoridad regional de suministro. Los centros de datos consumen agua y electricidad sin embargo, la mayor preocupación es el agua. Esos números, además, no incluyen el gasto indirecto por el efecto llamada a centros logísticos o laboratorios de IA.

El corazón del negocio de AWS se enfría en casa, justo cuando el resto del mundo corre hacia la nube.

Los recursos limitados que chocan con el apetito de la nube

moratoria centros datos

La respuesta de Amazon ha sido cautelosa. Un portavoz de la compañía recordó que AWS tiene compromisos de ser “water positive” para 2030 y que sus nuevos centros utilizan sistemas de enfriamiento con agua reciclada. Pero no ha detallado aún si la empresa ejercerá presión directa sobre el concejo para tumbar la moratoria.

Mientras, la competencia no espera. Microsoft ha intensificado su presencia en Quincy (Washington) y ampliado sus planes en Atlanta. Google Cloud ha anunciado la construcción de tres nuevos centros en el vecino estado de Oregón.Un año de parón en Seattle equivale a ceder metros cuadrados de servidores a rivales que aprovecharán la ventana para capturar contratos empresariales en el lucrativo mercado de la nube.

El precedente que mira a Europa: mientras Seattle se frena, AWS acelera en Aragón

La decisión del concejo de Seattle contrasta con la estrategia global de AWS. En los últimos tres años, la compañía ha anunciado inversiones por más de 17.000 millones de euros en España, concentradas en la construcción de la mayor región cloud del sur de Europa en Aragón. Esos centros de datos —todavía en fase de despliegue— absorberán una demanda creciente de empresas e instituciones públicas españolas sin la misma resistencia política que encuentran en la costa oeste estadounidense. En ese mercado, AWS compite directamente con la infraestructura cloud de Telefónica Tech, que ha buscado en alianzas con otros hyperscalers una posición relevante.

En España, el debate sobre la huella hídrica de los centros de datos todavía está en fase embrionaria. Pero las regulaciones comunitarias, como la propuesta de Directiva sobre Transparencia Ambiental de Infraestructuras Digitales, obligarán a operadores como AWS, Microsoft y Google a reportar el consumo de agua y electricidad por instalación a partir de 2027. El caso de Seattle puede ser el espejo en el que los ayuntamientos españoles aprendan a negociar contrapartidas ambientales antes de conceder licencias.

En paralelo, el gigante del cloud se enfrenta a una contradicción estratégica: mientras sus ejecutivos en Asia y Europa buscan terrenos para crecer, la presión interna en su ciudad natal podría sentar un precedente que frene licencias en otras ciudades estadounidenses. La empresa, que depende de AWS para financiar sus negocios minoristas, no puede permitirse que la narrativa del derroche de recursos dañe su reputación corporativa.

Lo que está en juego no es solo un centro de datos más o menos en Seattle. Es la capacidad de las grandes tecnológicas para convencer a las ciudades de que el desarrollo digital es compatible con la sostenibilidad. Si los empleados de la propia Amazon lo ponen en duda, el argumento se debilita. La votación de hoy puede ser el primer chispazo de una oleada regulatoria que, de momento, el sector cloud no sabe cómo contener.


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