Siri de Apple usará chips de Nvidia y Google, no los suyos

El movimiento marca un giro estratégico en la inteligencia artificial de Apple y revela su dependencia de infraestructura externa. La nueva Siri llegará en septiembre y se apoyará en la nube de Google con chips de Nvidia.

Apple usará procesadores de Nvidia y centros de datos de Google Cloud para alimentar la nueva Siri, que llegará en septiembre, marcando un giro sin precedentes en su estrategia de inteligencia artificial. La compañía, que durante una década ha apostado por el silicio propio hasta convertirlo en su ventaja competitiva, entrega ahora el músculo de su asistente a dos de sus mayores rivales tecnológicos. El movimiento revela una dependencia estratégica que Apple ha evitado siempre que ha podido en el hardware, pero que la carrera de la IA generativa ha hecho inevitable.

Claves de la operación

  • Google Cloud será el motor de la nueva Siri en la nube. El acuerdo multianual firmado en enero entre Apple y Google, valorado en 1.000 millones de dólares anuales, cede a Gemini el papel de modelo fundacional del asistente.
  • Los chips Nvidia Blackwell B200 pondrán la capacidad de cómputo. Apple ha optado por la plataforma más potente de Nvidia para centros de datos, tras evaluar sus capacidades de cómputo confidencial y su ajuste con la privacidad.
  • El giro deja en evidencia las limitaciones del silicio de Apple en la nube. La compañía no ha logrado escalar sus chips M y A al nivel de exigencia que demandan los modelos fundacionales en infraestructura externa.

Según ha adelantado The Information, la decisión de Apple se ha tomado recientemente después de un proceso de evaluación técnica. La nueva Siri, que debutará en fase beta con iOS 27, necesitaba una capacidad de cómputo que los centros de datos de Apple no podían ofrecer. Ni con los chips de la familia M, diseñados para portátiles y sobremesas, ni con los procesadores A que dan vida al iPhone. La respuesta ha sido doble: Google para los modelos fundacionales y Nvidia para la infraestructura que los ejecuta.

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El acuerdo Apple-Google: Gemini como cerebro y Blackwell como músculo

El pacto entre Apple y Google se anunció en enero de 2026. Entonces, las dos compañías firmaron un acuerdo multianual por el que Google ofrecía a Apple un modelo Gemini personalizado. La contraprestación económica, según Bloomberg, asciende a 1.000 millones de dólares anuales. Aquel movimiento se interpretó como un acceso estratégico para que Apple pudiera entrenar modelos propios más pequeños y ejecutarlos localmente en los dispositivos.

Ahora, el alcance del acuerdo se amplía de forma significativa. La nueva Siri no solo usará Gemini como base fundacional, sino que se ejecutará directamente en los centros de datos de Google Cloud. Y estos centros están equipados con los procesadores Nvidia Blackwell B200, la plataforma de cómputo para IA más capaz del mercado en este momento. Una combinación de hardware y software que ninguna de las dos empresas había conseguido vender a Apple hasta ahora.

El reporte de The Information detalla que la elección del Blackwell B200 se ha basado en dos factores. Primero, la capacidad bruta de procesamiento. Segundo, y crucial para Apple, las funcionalidades de cómputo confidencial que incorpora la plataforma. La privacidad ha sido el argumento recurrente de Apple para no volcarse en la nube durante años. Ahora, la compañía sostiene que este enfoque ralentiza ligeramente el procesamiento, pero permite mantener ese compromiso.

Por qué Apple no usa sus propios chips en la nube para Siri

La pregunta que recorre los círculos de analistas es evidente. Si Apple ha conseguido con los chips M y A un rendimiento por vatio que supera a la arquitectura x86 de Intel y AMD, ¿por qué no los ha escalado para centros de datos? La respuesta, según los datos disponibles, es técnica y estratégica. Los chips de Apple están optimizados para eficiencia energética en dispositivos de consumo, no para la paralelización masiva que exigen los modelos fundacionales. Nvidia ha invertido dos décadas en este segmento. No se alcanza esa ventaja en dos generaciones de silicio propio.

En paralelo, Apple ha sufrido su propio naufragio interno con la IA. El proyecto Titan, el coche autónomo, se canceló en 2024. La división de inteligencia artificial ha vivido reestructuraciones y retrasos. Y la presión para presentar una Siri competitiva frente a ChatGPT, Gemini y Copilot ha llevado a la compañía a una decisión pragmática: comprar lo que no puede construir a tiempo. Septiembre de 2026 es la fecha marcada en rojo, coincidiendo con el lanzamiento del iPhone 18 Pro. Para entonces, la Siri renovada debe estar lista.

Todo esto sucede, además, en un contexto de cambio de liderazgo en Cupertino. Ternus, el nuevo CEO, se enfrenta a su primera gran puesta de largo. El legado de Tim Cook se mide en beneficios récord y un ecosistema blindado. El mandato de Ternus se medirá, en parte, por si la IA de Apple recupera el terreno perdido.

Apple no ha rendido Siri a Google; ha subcontratado la inteligencia que sus propios chips no podían entregar a tiempo.

La dependencia de Google Cloud tiene lecturas financieras inmediatas. El pago anual de 1.000 millones de dólares es una partida relevante, pero manejable para una compañía con 383.000 millones de ingresos en 2025. Lo relevante no es el gasto, sino quién controla la infraestructura sobre la que se ejecutará el servicio más visible de Apple. Cada consulta a Siri que requiera procesamiento en la nube viajará a servidores de Google, no de Apple.

En paralelo, la elección de Nvidia como proveedor de chips para esos centros de datos tiene otra implicación. El Blackwell B200 es un producto de alto coste y suministro limitado. Apple entra en la misma cola que Microsoft, Amazon y Meta, los grandes compradores de GPUs de Nvidia para IA. La diferencia es que Apple no tiene un negocio de nube pública con el que amortizar esa inversión. La está comprando para consumo interno.

Lo que la nueva Siri dice sobre la guerra de la IA en infraestructura cloud

En esta redacción observamos un patrón que trasciende a Apple. La carrera de la IA está convirtiendo a los gigantes tecnológicos en clientes forzosos de sus competidores. Microsoft depende de OpenAI para Copilot; Apple depende ahora de Google y Nvidia para Siri. Es un empate múltiple en el que todos compiten en producto final, pero comparten la misma infraestructura básica.

Desde la perspectiva del mercado español, el movimiento tiene un interés indirecto pero tangible. Google Cloud ha anunciado inversiones en centros de datos en España por más de 1.500 millones de euros en los últimos años. La región cloud de Madrid es una de las bases sobre las que se ejecutan cargas de trabajo en Europa. Si Apple deriva parte de la capacidad de cómputo de Siri a servidores europeos de Google Cloud, la infraestructura española gana relevancia. No es un dato confirmado, pero sí una derivada lógica que los analistas empiezan a mencionar.

El otro gran ángulo es la privacidad. Apple ha construido una parte de su valor de marca sobre la privacidad del usuario. Que ahora los datos de Siri circulen por servidores de Google, aunque sea con protocolos de cómputo confidencial, introduce una tensión narrativa difícil de gestionar. En cada keynote, los ejecutivos de Apple tendrán que explicar por qué el asistente más íntimo del iPhone depende de la misma infraestructura que alimenta el modelo de negocio publicitario de Google.

El WWDC que comienza hoy, 8 de junio a las 19.00 horas, será la primera prueba de fuego. Sobre el escenario de Cupertino, la compañía deberá presentar las novedades de iOS 27 y de la nueva Siri. Y tendrá que hacerlo sin despertar las contradicciones estratégicas que este giro implica. No será fácil: lo que antes era una ventaja competitiva —el control absoluto del stack— es ahora una concesión forzosa a dos rivales. En el argot tecnológico, se llama dependencia del proveedor. En la historia de Apple, es una página nueva.


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