SIPRI advierte: el rearme nuclear global alcanza niveles de la Guerra Fría y dispara el gasto en defensa

El instituto sueco constata la modernización masiva de arsenales en las nueve potencias nucleares y el abandono de los tratados de desarme. La proliferación amenaza con desviar recursos fiscales hacia el gasto militar en un momento de tensiones geopolíticas.

He analizado el informe anual que acaba de publicar el Instituto de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI) y la conclusión es tan rotunda como inquietante: el rearme nuclear mundial ha recuperado niveles no vistos desde la Guerra Fría. Con 12.200 ojivas nucleares contabilizadas en 2025 —una ligera caída frente a 2024 que solo refleja el desmantelamiento de cabezas obsoletas—, las nueve potencias nucleares están modernizando sus arsenales a un ritmo que el organismo califica de «dinámica de carrera armamentística».

Más de 12.200 ojivas nucleares y un giro hacia el rearme

El informe del SIPRI desglosa datos que cualquier inversor con exposición a deuda soberana debería mirar con atención. Estas son las cifras clave:

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  • 12.193 armas nucleares en 2025, un descenso simbólico respecto a 2024 porque se retira material viejo más rápido de lo que se incorpora nuevo, pero los investigadores advierten de que la tendencia «se invertirá en los próximos años».
  • Rusia y Estados Unidos acumulan el 83% de las ojivas desplegables, aunque ambos modernizan sus vectores —misiles y misiles de crucero con capacidad dual convencional-nuclear— en paralelo al vencimiento del último tratado de limitación, el New START, que expiró en febrero de 2026.
  • China ya tiene unas 620 ojivas, veinte más que en 2024, y ha completado por primera vez una tríada nuclear (tierra, mar y aire) exhibida en un desfile militar en septiembre de 2025. El SIPRI señala que Pekín construye otros 30 silos en regiones montañosas del este del país.
  • Corea del Norte posee alrededor de 60 cabezas ensambladas y suficiente material fisible para fabricar otras 30, además de haber probado en 2025 el misil balístico intercontinental de combustible sólido Hwasong-20.
  • Francia mantiene 290 ojivas y ofrece su paraguas nuclear a otros socios europeos, mientras Alemania ya ha iniciado conversaciones con París ante las dudas sobre el compromiso de Washington con la OTAN.

«La evidencia es cada vez más clara: los Estados con armas nucleares están aparcando, e incluso abandonando, sus compromisos de desarme y en lugar de eso están flexionando sus músculos atómicos», ha declarado Hans M. Kristensen, experto del programa de armas de destrucción masiva del SIPRI.

Tytti Erasto, investigadora del mismo programa, añade un matiz especialmente relevante para Europa: países históricamente neutrales como Finlandia y Suecia han cambiado su postura tras la invasión rusa de Ucrania y ahora participan en ejercicios de la OTAN que simulan el uso de armas nucleares, una transformación que hace apenas una década habría sido impensable.

Por qué la proliferación nuclear es también un problema económico

Lo que veo en este informe no es solo un deterioro de la seguridad internacional; es una señal de reasignación masiva de recursos fiscales que los mercados aún no han terminado de digerir. Cuando todas las potencias nucleares aceleran la modernización de sus arsenales, el gasto en defensa compite directamente con las partidas de inversión productiva —infraestructuras, transición energética, educación— y engorda déficits que, en un entorno de tipos altos, se financian a un coste creciente. El SIPRI no cuantifica el impacto presupuestario global, pero el patrón histórico es claro: en ciclos de rearme, las primas de riesgo geopolítico se incorporan de forma silenciosa a las curvas de rendimiento, encareciendo la financiación pública y privada antes de que el conflicto abierto llegue a materializarse.

🌍 El impacto en España y Europa

El rearme nuclear y la presión de la OTAN para elevar el gasto militar tienen consecuencias directas para el contribuyente español:

  • Presión sobre el déficit público: España dedica alrededor del 1,3 % del PIB a defensa, lejos del objetivo del 2 % que reclama la Alianza. Si el Gobierno acelera el incremento, la necesidad de colocar más deuda en los mercados podría empujar al alza las rentabilidades del bono a largo plazo y, con ellas, el Euríbor, referencia de la mayoría de hipotecas variables.
  • Mayor coste de financiación: un aumento estructural del gasto militar en toda la eurozona eleva la oferta de deuda soberana y puede ampliar las primas de riesgo periféricas, algo que ya se vio en los primeros compases de la guerra de Ucrania.
  • Oportunidad industrial: los contratos de modernización de sistemas de defensa benefician a compañías europeas, incluidas algunas españolas con presencia en el sector, pero el retorno fiscal neto depende de cuánto se adjudique fuera del país.
  • Paraguas nuclear francés: las conversaciones entre Berlín y París para explorar una protección nuclear ampliada implican que España, aunque sin arsenal propio, quedaría bajo un esquema disuasorio que podría condicionar su política exterior y de defensa en los próximos años.

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