Telefónica cierra su salida de México con minusvalías y acelera el giro estratégico que Marc Murtra impone para sanear la compañía antes del verano. La teleco liquida dos décadas de apuesta mexicana en un mercado que el propio grupo reconoce como cautivo de Telcel.
Claves de la operación
- Salida de México con pérdidas contables. Telefónica registra minusvalías en la desinversión de Movistar México, un mercado donde nunca logró arañar cuota relevante frente al dominio de América Móvil.
- Murtra presiona a su cúpula directiva. El presidente ha trasladado internamente la urgencia de ejecutar el plan estratégico sin demoras, en un momento en que la acción sigue lastrada por la exposición latinoamericana.
- Repliegue total de Hispam en marcha. La operación mexicana se enmarca en el desmontaje ordenado de la antigua apuesta latinoamericana, que Telefónica considera ya incompatible con su nueva hoja de ruta europea.
El coste de dos décadas perdidas frente a Telcel
La cifra duele, pero la salida era inevitable. Telefónica entró en México en 2001 con la compra de los activos de Motorola y, desde entonces, nunca consiguió superar el 22% de cuota de mercado en un terreno dominado por Telcel, la filial de América Móvil de Carlos Slim, que mantiene una posición superior al 60%. El propio análisis sectorial publicado por Xataka describe México como un mercado cautivo, en el que la regulación del Ifetel no ha logrado erosionar el dominio del operador principal.
Movistar México llevaba años operando sin red propia completa, apoyada en acuerdos mayoristas con AT&T. Un modelo que limitaba los márgenes y convertía a la filial en un lastre recurrente para las cuentas del grupo. La venta, según recoge Expansión, se salda con minusvalías contables que la compañía asumirá en los resultados del primer semestre.
No es una sorpresa para el mercado. Los analistas llevaban meses descontando que la operación se cerraría en rojo.
Murtra acelera el plan y aprieta a su cúpula
La convocatoria interna lanzada por el presidente marca un cambio de tempo. Marc Murtra ha trasladado a los directivos de primer nivel la necesidad de acelerar la ejecución del plan estratégico presentado a los mercados, con hitos concretos que deberán cumplirse antes del cierre del ejercicio. El mensaje es claro: la compañía no puede permitirse más retrasos en las desinversiones pendientes de Hispam ni en el despliegue de la estrategia europea.
Observamos que este endurecimiento del discurso interno llega en un momento sensible. La cotización de Telefónica acumula un comportamiento irregular desde la entrada de STC y la recomposición accionarial con SEPI y CriteriaCaixa. El mercado quiere señales de ejecución, no más diagnósticos.
Y Murtra lo sabe. De ahí la presión.
La salida de México no es una derrota estratégica, es el reconocimiento contable de que la apuesta latinoamericana de Telefónica nunca tuvo retorno suficiente para justificar el capital inmovilizado durante veinte años.
La venta de la filial mexicana sigue el mismo patrón que las desinversiones en Argentina, Perú y Colombia, donde Telefónica ha ido liberando capital para reforzar su posición europea y reducir el apalancamiento financiero. La deuda neta del grupo se situaba por encima de los 27.000 millones a cierre del ejercicio anterior, una cifra que el nuevo equipo quiere comprimir con disciplina.
Lo que el mercado español se juega con el viraje europeo
Aquí es donde el caso adquiere dimensión de análisis. Telefónica ha sido durante veinticinco años el vehículo español de proyección internacional por excelencia, y su repliegue hacia Europa redefine el mapa competitivo del IBEX 35. Cellnex ya ejecutó un movimiento similar al desprenderse de activos no rentables en 2023, y los resultados bursátiles avalaron la decisión. El caso Telefónica es distinto en escala, pero comparable en lógica.
La comparativa con Deutsche Telekom y Orange resulta inevitable. Ambas compañías han mantenido una disciplina territorial más estricta, concentrando inversiones en mercados de alto valor añadido. Telefónica llega tarde a esa conversación, pero llega. Y la llegada tiene un coste contable que los accionistas deberán digerir en los próximos trimestres.
No faltan los riesgos. La concentración europea deja a la compañía más expuesta a la regulación de Bruselas, especialmente en lo relativo a consolidación de operadores y reparto espectral. El equipo de Murtra apuesta por que la nueva directiva europea de telecomunicaciones facilite fusiones transfronterizas que hasta ahora la DG Comp había bloqueado. Es una apuesta razonable, pero no garantizada.
En esta redacción seguimos de cerca la próxima junta general de accionistas y las pautas que Murtra ofrezca sobre el calendario de desinversiones pendientes. México era la pieza más visible, no la última. Venezuela, Ecuador y Uruguay siguen pendientes de decisión, y la velocidad con que se aborden marcará la credibilidad del plan ante unos mercados que ya no conceden el beneficio de la duda.





