Amancio Ortega y Navantia venden Enagás Renovable a Ardian

Pontegadea y Navantia salen de Enagás Renovable apenas tres años después de entrar, en una operación que refleja la rotación de los grandes patrimonios españoles hacia activos regulados. Ardian aterriza justo antes de la revisión retributiva del hidrógeno.

La venta de Enagás Renovable al fondo francés Ardian reordena el mapa del hidrógeno verde en España y cierra la apuesta de Amancio Ortega y Navantia en el vehículo. La operación llega en un momento en que Bruselas aprieta los plazos para desplegar capacidad renovable y los grandes fondos europeos aceleran su entrada en activos energéticos ibéricos.

Claves de la operación

  • Ardian se hace con el control de Enagás Renovable. El fondo galo compra la participación conjunta de Pontegadea y Navantia, dando entrada a capital institucional francés en uno de los vehículos clave del hidrógeno verde español.
  • Ortega desinvierte en renovables tras apenas tres años. Pontegadea entró en 2023 con una participación minoritaria y sale ahora, en una rotación de cartera que prioriza inmobiliario logístico y energía regulada frente a activos de desarrollo.
  • Enagás recompone su estructura accionarial justo antes de la revisión retributiva. La salida de dos socios relevantes coincide con el debate sobre el marco regulatorio del hidrógeno que la CNMC debe cerrar a lo largo de 2026.

El pulso por el hidrógeno verde ibérico atrae al capital francés

Observamos un movimiento que encaja con un patrón ya visible en el sector: los fondos de infraestructura europeos -Ardian, Antin, Macquarie- están construyendo posiciones en los activos de transición energética de la Península mientras los industriales reducen exposición al riesgo de desarrollo. La península ibérica ofrece, según los propios informes de Ardian publicados el año pasado, el capex por megavatio instalado más competitivo de la UE-27 en renovables.

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Enagás Renovable es el brazo no regulado de Enagás para proyectos de hidrógeno verde, biometano y gases renovables, y participa en iniciativas como el corredor H2Med. Pontegadea, el brazo inversor de Amancio Ortega, había entrado en 2023 junto a Navantia en una operación valorada entonces en el entorno de los 245 millones de euros por el 30% del vehículo, según la cifra que en su momento avanzó Expansión.

El precio de la desinversión no se ha hecho público. Fuentes del sector apuntan a una plusvalía modesta para los vendedores, consistente con la maduración de la cartera de proyectos, aunque sin confirmación oficial.

Y ahí está el matiz. No hablamos de un activo operativo con flujos de caja estables, sino de una plataforma de desarrollo cuya rentabilidad depende del marco retributivo que aún está por definir.

Lo que Enagás se juega con la recomposición accionarial

Para la matriz, presidida por Arturo Gonzalo, la entrada de Ardian es una noticia de doble filo. Por un lado, refuerza la capacidad financiera de Enagás Renovable para acometer el plan de inversión de 4.035 millones hasta 2030 que la compañía presentó a sus accionistas. Por otro, introduce un socio con horizonte de salida definido en un activo que requiere paciencia regulatoria.

Cabe recordar que Enagás cotiza en el IBEX 35 con una capitalización que oscila en torno a los 4.000 millones de euros tras la venta de Tallgrass y que su tesis de inversión depende cada vez más del éxito del hidrógeno verde. En comparación con Snam en Italia o Fluxys en Bélgica, la gestora española es la que más ha apostado por el negocio no regulado vinculado a H2.

El mercado no se lo ha creído del todo. La cotización de Enagás acumula una caída cercana al 12% en los últimos doce meses, penalizada por la revisión retributiva de los gasoductos y por el retraso en las decisiones finales de inversión del corredor H2Med.

Ardian fondo

La salida de Ortega y Navantia deja a Enagás con un socio financiero potente, pero también con una cuenta atrás: Ardian no está para esperar una década a que el hidrógeno verde sea rentable.

¿Qué dice esta operación del ecosistema energético español?

Analizamos la operación en el contexto de una tendencia más amplia. Los grandes patrimonios españoles -Pontegadea, March, Koplowitz- entraron en renovables entre 2021 y 2023 atraídos por rentabilidades apalancadas en tarifas de PPA históricamente altas. Tres años después, con el precio del megavatio/hora en España muy por debajo de la media de 2022 y con la canibalización fotovoltaica erosionando márgenes, varios de esos vehículos están rotando hacia activos regulados o directamente saliendo.

El paralelismo con Iberdrola y Repsol es ilustrativo. Iberdrola ha ejecutado ventas parciales de carteras renovables por más de 1.600 millones desde 2024 para liberar capital, mientras Repsol ha dado entrada a EIP y Crédit Agricole en su filial de generación. La lógica es la misma: el desarrollista se queda con el control industrial, el financiero pone el balance.

Para Navantia, la venta encaja con su reenfoque hacia la defensa naval y la eólica marina flotante, áreas donde el contrato con la Armada y los pedidos de BlueFloat marcan la hoja de ruta industrial. La participación en Enagás Renovable era un activo financiero, no estratégico, y su salida libera recursos para el astillero de Ferrol.

La incógnita está en el calendario regulatorio. La CNMC debe cerrar este año el marco retributivo del hidrógeno, y el Gobierno tiene pendiente la trasposición de la directiva europea de gases renovables antes del tercer trimestre. Hasta que esos dos flecos no se despejen, valorar Enagás Renovable es más un ejercicio de fe que de hoja de cálculo. Ardian apuesta a que la foto cambia. Los que salen, quizá, a que tardará más de lo que el fondo piensa.


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