El estrecho de Ormuz vuelve a estar operativo. Irán confirmó esta mañana que el corredor marítimo por donde transita el 20% del petróleo mundial está abierto sin restricciones durante los nueve días que dure la tregua con Líbano. El crudo Brent respondió con una caída del 10,3%, su mayor desplome intradía desde marzo de 2020.
La noticia llegó a las 6:47 hora española, según recoge Bloomberg. En menos de dos horas, los futuros del West Texas cedían un 9,8% y el Brent perforaba los 68 dólares por barril. Un nivel que no veíamos desde septiembre de 2024.
La tregua que nadie esperaba tan pronto
El alto el fuego entre Hezbolá e Israel, mediado por Qatar y respaldado por Teherán, entró en vigor a medianoche. Nueve días. No es mucho, pero los mercados de materias primas no necesitan certezas: les basta con cambios de probabilidad. Y la probabilidad de un conflicto regional que estrangule el suministro energético acaba de reducirse drásticamente.
Hay que recordar el contexto. Desde febrero, la tensión en el golfo Pérsico había empujado el crudo por encima de los 90 dólares. Los armadores evitaban la zona siempre que podían. Las primas de seguro marítimo se habían triplicado para rutas que cruzaran Ormuz. Financial Times documenta que al menos 14 petroleros desviaron su trayecto en las últimas tres semanas.
Hoy, con el anuncio iraní, ese riesgo se disipa. Temporalmente.
Armadores y traders mantienen la cautela
No todos celebran con la misma euforia. Según Bloomberg, varios operadores de grandes navieras consultados prefieren esperar confirmación sobre el terreno antes de reanudar rutas regulares por el estrecho. Nueve días son insuficientes para reprogramar flotas que llevan semanas circunnavegando África.
Un ejecutivo de una trading europea, que pidió anonimato, resumió el sentimiento del sector: ‘Esto es un alivio, no una solución. Hasta que no veamos estabilidad real en la región, nuestros barcos siguen por el Cabo’.
La cautela tiene fundamento. Treguas anteriores en el conflicto libanés-israelí se rompieron antes de lo pactado. En agosto de 2024, un alto el fuego similar duró exactamente 72 horas. Los mercados de petróleo lo recuerdan.
Qué significa la caída del crudo para la economía global
El desplome de hoy tiene implicaciones que van más allá del precio en gasolineras. Un crudo en torno a 68 dólares cambia las ecuaciones de inflación que manejaban los bancos centrales. La Reserva Federal y el BCE llevaban meses incorporando un petróleo persistentemente caro en sus proyecciones. Si Ormuz se mantiene abierto, esas proyecciones necesitan revisión.
Para España, importador neto de hidrocarburos, la noticia es doblemente positiva. El coste energético industrial baja y la balanza comercial mejora. Creo que el impacto en el IPC de mayo podría restar entre 0,2 y 0,4 puntos porcentuales, aunque dependerá de cuánto dure esta tregua y de si los precios del gas natural siguen el mismo camino.
Los grandes beneficiados inmediatos son las aerolíneas y el transporte por carretera. IAG subía un 6,2% en la apertura de Madrid. Repsol, en cambio, cedía un 3,8%: lo que es bueno para el consumidor no siempre lo es para el productor.
Hay una paradoja aquí que merece atención. El mercado celebra la caída del crudo como si el riesgo geopolítico hubiera desaparecido. Pero la tregua expira el 26 de abril. ¿Qué ocurre el día 27? Nadie lo sabe. Los futuros a tres meses apenas han corregido un 4%, lo que sugiere que los traders profesionales no comparten del todo el optimismo del contado.
Irán ha movido ficha. Queda por ver si este gesto de apertura es el preludio de una desescalada real o simplemente una pausa táctica. En cualquier caso, por primera vez en semanas, el petróleo deja de ser el principal dolor de cabeza de los mercados. Al menos hasta el próximo viernes.




