Telefónica

En el Mobile World Congress de 2017 uno de los temas estrellas fue la tecnología 5G y cómo sería su impacto inminente. Esta situación fue a más en la última edición. Pese al runrún independentista, el 5G, la nueva conectividad móvil y demás tuvo mayor espacio. Ya estaba aquí, la nueva revolución tecnológica. Pero todo eso ha quedado -en cierto modo- en el aire. Telefónica ha sido la encargada de lanzar los primeros cubos de agua fría.

El camino hasta llegar a la situación actual, donde el 5G ha pasado de ser imprescindible a una tecnología que bien, bueno, hará una mejor conectividad, está marcado por las declaraciones públicas que han hecho desde el operador azul y, como bomba más reciente, el cambio de Gobierno con el pertinente traslado de competencias de un ministerio a otro.

Las primeras dudas razonables sobre la llegada del 5G se plantearon hace unos meses. Durante la presentación de pruebas de conectividad llevadas a cabo en ciudades como Segovia o Talavera, se empezó a hablar de monetización. O, mejor dicho, de que esta evolución tecnológica debe tener sí o sí una capacidad de generar ingresos de manera directa, y no solo a través de la mejora de redes para el uso de la telefonía móvil. El problema es que nadie de los presentes, con empresas como Nokia o Ericsson entre ellos, supo cómo explicar este nuevo modelo de negocio.

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Aunque la verdadera bomba llegaría hace apenas unas semanas. En una entrevista a la agencia Efe, el director de Estrategia y Desarrollo de Red e Infraestructuras de Tecnologías de la Información (TI) de Telefónica España, Javier Gutiérrez, sorprendía a todos asegurando que es arriesgado empezar el despliegue de 5G antes de 2020.

Cuesta pensar que alguien en Telefónica diera luz verde a este mensaje. Pero ya estaba lanzado. “Si alguien se tira a la piscina, y no es descartable, y hace despliegues, no te digo masivos pero sí abundantes, del 5G el año que viene, va a ser con una tecnología precomercial que va a tener que actualizar seguro a nivel software y es posible que tenga que cambiar equipos”, apuntillaba Gutiérrez.

TELEFÓNICA DEJA DUDAS

Por si todo esto no fuera suficiente, en la pasada Junta de Accionistas de Telefónica, el presidente de la compañía, José María Álvarez-Pallete, se desmarcó con otra declaración demoledora: “El 5G está en fase de desarrollo”. Razón no le falta, pero esta secuencia de hechos tiene detrás una intrahistoria que de momento no es pública.

Pallete, durante su discurso, aseguraba que se debe acompasar el desarrollo tecnológico con las gestiones administrativas y burocráticas, así como con la inversión necesaria para su despliegue. Asimismo, cogía el paraguas del 4G, la tecnología de conectividad móvil que ahora mismo tiene mejor calidad en el mercado, para decir que todavía tiene mucho recorrido. Lo que no explica el presidente del operador azul es qué tipo de negocios se han desarrollado con el 4G. De este modo se podría saber qué líneas de ingresos se abrirían con el 5G. Aunque éste puede ser el problema.

Por este motivo, Pallete sentenció que el despliegue comercial no llegará hasta 2020. No queda otra. Básicamente porque este es el periodo dado por la Unión Europea para desarrollar las adjudicaciones de espectro; y, por otra parte, porque lo único que se puede vender por ahora sería que habrá móviles que naveguen más rápido. Todo lo demás, al margen de bonitos discursos, está ligado a la conectividad. Menor latencia para gamers, una  mayor capilaridad de red para el coche conectado… pero nada que deje dinero en caja por el 5G (de forma directa).

Y AHORA UN NUEVO GOBIERNO

El Ejecutivo saliente dejó vista para sentencia la primera gran subasta de espectro que será válida para el 5G. El antiguo Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital convocó para el próximo mes de julio la subasta de la banda de frecuencias 3,6-3,8 gigahercios (GHz), sobre la que se desarrollará la fase inicial del 5G, por un importe total de salida de 100 millones de euros para el conjunto de los 200 megahercios (MHz) que se licitan.

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Los 200 MHz que salen a subasta se distribuyen en un total de 40 bloques de 5 MHz cada uno, todos en el ámbito nacional, y con un precio de salida fijado en 2,5 millones de euros para cada uno de ellos.

¿Y qué sucederá ahora con las frecuencias que faltan? Nadie sabe nada. En el último cambio de Gobierno, la Secretaría de Estado vinculada a las telecomunicaciones se ha ido a parar a Economía. Allí habrá que nombrar un nuevo cargo que se encargue de la Agenda Digital, y será éste quien designe en forma y fondo las nuevas frecuencias que faltan. Incluidas las de 700 Mhz que traerán consigue un segundo dividendo digital, puesto que deberán usar el espectro de las televisiones.

Así, fuentes del sector aseguran que esta incertidumbre sobre lo que pasará ha puesto en doble estado de alerta a los operadores. El motivo es la intención que tenga el nuevo Gobierno sobre el desarrollo de la subasta. Si quieren que sea una lucha por el espectro y que se eleven mucho las pujas, con lo que gana el Estado; o que los operadores lo tengan más sencillo y lo importante sea el despliegue cuando antes a un mejor precio.

En todo caso, la posible burbuja de 5G la están pinchando todos. Quizá Telefónica ha sido la más ruidosa, pero todos los operadores están en la misma línea: preocupados por dos cosas: cómo hacer negocio; y que no sea muy caro el acceso al espectro.

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