El 60 cumpleaños de Terelu Campos prometía ser una de esas celebraciones memorables que la televisión y la prensa de corazón tanto esperan, pero lo que en principio se planteaba como una velada íntima y alegre terminó por convertirse en un evento rodeado de polémica y tensión familiar.
La fiesta de Terelu Campos

La fiesta, organizada por la propia Terelu y su círculo más cercano, tuvo lugar en un ambiente selecto, en el que predominaban amigos de toda la vida y colaboradores más allegados a su madre, dejando fuera de la lista a algunos familiares directos, entre ellos Carmen Borrego y su hijo, José María Almoguera. Esta decisión, aunque justificada por la organización como una cuestión de afinidad con los invitados, encendió de inmediato las alarmas de los medios especializados, que no tardaron en destacar la creciente distancia que parece existir entre los distintos miembros del clan Campos. La celebración se planteó como una mezcla entre encuentro social y pequeño evento mediático, con momentos programados para entrevistas y fotografías, más propios de un plató que de una fiesta familiar convencional, un detalle que no pasó desapercibido para quienes conocen la dinámica de la familia.
De acuerdo con lo explicado por Alejandra Rubio, la fiesta estaba pensada para los amigos más íntimos de su madre y no tanto para un reencuentro familiar amplio. En este sentido, ella y su pareja, Carlo Costanzia, sí estuvieron presentes, disfrutando de la velada y participando en las distintas actividades organizadas, que incluían desde discursos hasta entrevistas improvisadas. Sin embargo, la ausencia de su madre y de su primo, José María Almoguera, puso de relieve que el evento no era una cita abierta para todos los familiares, sino un encuentro cuidadosamente seleccionado. Esta delimitación entre amigos y familia resultó significativa, pues refleja la forma en la que Terelu Campos ha decidido gestionar sus celebraciones en un momento en el que los conflictos internos de la familia son cada vez más visibles y el círculo mediático se mantiene atento a cada gesto. La fiesta se convirtió así en un reflejo de la tensión latente, donde la cercanía de los invitados contrastaba con la ausencia de quienes, por lazos de sangre, deberían estar presentes en una fecha tan señalada.
José María Almoguera ha hablado

José María Almoguera no dudó en comentar lo sucedido ante las cámaras, ofreciendo un punto de vista crítico pero mesurado sobre el desarrollo de la celebración. Reconoció que la entrevista realizada por su prima durante la fiesta fue “profesional” y valiente, pues supo plantear preguntas que pocos se atreverían a formular a una figura como Terelu Campos, acostumbrada a ser protagonista de sus propias entrevistas. Sin embargo, Almoguera también apuntó que la atmósfera de la fiesta le pareció demasiado “fría”, pues echó en falta el calor humano y la emotividad que, en su opinión, deberían acompañar a un cumpleaños tan especial. Según explicó, él hubiera planteado el 60 cumpleaños de manera más afectiva, cargada de recuerdos y de gestos cariñosos, más próxima a la esencia de lo que supone celebrar seis décadas de vida y trayectoria, en lugar de convertirlo en un formato periodístico que, aunque profesional, restaba naturalidad y calidez a la reunión.
La celebración incluyó varios momentos que resaltaron la planificación y el cuidado por los detalles. Desde la decoración hasta la disposición de los invitados, todo estaba pensado para crear un ambiente elegante y controlado, donde predominaban los tonos sobrios y la organización meticulosa de cada instante. Los amigos cercanos de Terelu participaron activamente en la velada, intercambiando anécdotas y recuerdos, mientras que los periodistas presentes, entre ellos Alejandra Rubio en su papel de entrevistadora, captaban la atención del público con preguntas directas y espontáneas. Para muchos observadores, esta combinación de celebración social y cobertura mediática convirtió la fiesta en un evento híbrido: parte reunión íntima, parte espectáculo televisivo, lo que sin duda contribuyó a la percepción de frialdad señalada por Almoguera.
El joven recordó además que, más allá de la fiesta en sí, su tía ha sido durante años la primera en exponer aspectos privados de la familia en los medios. Señaló que Terelu había hablado previamente de conflictos familiares en programas como ¡De viernes! y que incluso había publicado en revistas detalles muy personales, como la forma en que él le contó a su madre que iba a ser padre. Con esto, José María quiso contextualizar la polémica, recordando que la exposición mediática no es unilateral y que todos los miembros del clan han participado en algún momento de esta dinámica, aunque la percepción externa a menudo sea diferente.
La sinceridad de José María Almoguera

A pesar de las críticas sobre la frialdad de la fiesta, Almoguera reconoció el valor periodístico y profesional de su prima, subrayando que supo realizar preguntas incómodas y necesarias, algo que no todos se atreven a hacer. No obstante, volvió a insistir en que, desde su punto de vista, el cumpleaños debería haber sido un espacio más cálido, donde los recuerdos y el afecto ocuparan el centro de la escena, y no un marco que, por muy profesional que fuera, distanciara a los invitados y potenciara la sensación de separación familiar. La tensión entre la planificación meticulosa de la fiesta y la expectativa de un encuentro emocional quedó patente en cada declaración y en la percepción de quienes siguieron el evento de cerca.
La ausencia de Carmen Borrego también generó comentarios en medios especializados, y Alejandra Rubio explicó que no se trataba de un conflicto directo, sino de que ambas no comparten el mismo grupo de amistades. Sin embargo, en una familia acostumbrada a la exposición mediática, estas decisiones son interpretadas inevitablemente, y cada ausencia se convierte en motivo de análisis y especulación. La fiesta de Terelu, con su cuidadosa selección de invitados, su planificación profesional y la interacción controlada con los medios, dejó claro que en el clan Campos la línea entre lo privado y lo público sigue siendo extremadamente fina, y que cada gesto, cada invitación y cada entrevista es susceptible de convertirse en noticia.





































