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Un litro de aceite industrial o lubricante usado puede llegar a contaminar hasta un millón de litros de agua. Se trata de uno de los residuos más peligrosos y también uno de los más generados, pues además de ser necesario en industrias y talleres, se utiliza en cualquier instalación en la que se requiera el funcionamiento de engranajes, máquinas o motores. La viabilidad del tejido empresarial dedicado a la gestión del aceite usado ha sido vital para la continuidad en la actividad de industrias esenciales, puesto que el tratamiento de este residuo debe hacerse conforme a la normativa, garantizando la protección ambiental, sea cual sea el volumen de residuo a gestionar y llegando incluso a zonas rurales o despobladas de la ‘España vaciada’.

Su elevado potencial contaminante le llevó también a ser uno de los primeros residuos sobre los que se legisló en Europa para su adecuado control. SIGAUS asegura la recogida y correcto tratamiento del aceite usado de establecimientos hosteleros, comerciales, así como de puntos productores relacionados con la construcción, la agricultura, la Administración pública, las fuerzas armadas, presas, parques eólicos, empresas de alquiler de vehículos, autoescuelas y un larguísimo etcétera. La correcta gestión, por esencial, tampoco ha parado ni en las fases más críticas del estado de alarma.

Incluso en el momento en que también se detuvieron las actividades no esenciales, los servicios en materia de recogida, gestión y tratamiento de residuos se reconocieron expresamente como esenciales por las diferentes normativas emitidas por las autoridades. “Durante este tiempo, SIGAUS ha continuado aportando su cobertura a la recogida y el tratamiento de los aceites industriales usados, y ha contado con la colaboración de la amplia red de empresas gestoras y de todos los agentes que, día a día, siguen haciendo posible el funcionamiento de este complejo mecanismo de gestión que garantiza la protección, en todo momento, frente a los efectos nocivos de este residuo peligroso”, ha explicado a MERCA2 el director general de SIGAUS, Eduardo de Lecea.

PARÓN SIN PRECEDENTES DEL SECTOR INDUSTRIAL

La caída del mercado de lubricantes ha superado el 60% en cuanto a consumo de aceite nuevo, porque en lo relativo a la generación de aceites usados –verdadero indicador de movimiento de maquinaria y automoción-, el desplome ha sido del 80%.

“El sector industrial ha sufrido una paralización sin precedentes y en el caso de los talleres de reparación de vehículos la situación ha sido, si cabe, aún peor”, comenta De Lecea, que menciona estudios, como el de la consultora especializada en posventa de automoción GIPA, que hablan de una caída de la actividad de los talleres de entre el 96 y el 99%, en la segunda quincena de marzo y todo el mes de abril.

UN RESIDUO PELIGROSO Y MUY CONTAMINANTE

El lubricante usado es uno de los residuos más peligrosos que existe y así está considerado en todo el mundo desde hace años. Por esta razón fue uno de los residuos sobre los que primero se legisló en Europa para conseguir su adecuado control. Por su composición y debido a que, durante su uso en motores, engranajes y otras instalaciones y mecanismos, es sometido a altas temperaturas y fricciones, el aceite industrial contiene sustancias tóxicas y metales pesados.

“Si se abandonara o se quemase sin control, los efectos en el entorno, el aire, el agua y en los seres vivos serían muy negativos”, afirma el director general de SIGAUS, puesto que presenta “una muy baja biodegradabilidad y una alta capacidad de acumulación e infiltración en los suelos y el agua, donde puede permanecer durante años”.

Por eso, es imprescindible que se recoja, “hasta la más mínima cantidad, en cualquier punto en el que se genere, no sólo en las grandes ciudades, sino también en zonas de alta vulnerabilidad, como las áreas rurales, de alta montaña, espacios protegidos o recursos hídricos, donde sus efectos podrían ser aún más perjudiciales”, concluye De Lecea.

El  aceite usado produce una película impermeable en las aguas que impide la aireación y la transferencia de oxígeno, pudiendo dañar el plancton y a otros organismos y afectar a la cadena trófica. De hecho, si se vertiera en el suelo, la fertilidad del mismo se vería gravemente afectada, alterando su actividad biológica y química, y permaneciendo sus efectos nocivos durante mucho tiempo en él debido a su baja biodegradabilidad.

Por otro lado, si el aceite usado se quemara sin control o sin un tratamiento descontaminante previo, podría emitir gases muy tóxicos, debido a la presencia en el residuo de metales pesados o sustancias peligrosas.

INFINITAS VIDAS DEL ACEITE INDUSTRIAL USADO

Una vez recogido, el aceite industrial es analizado para su tratamiento más idóneo, que va a depender de ciertas especificaciones y de la cantidad de impropios (como aguas o lodos) que presente. SIGAUS prioriza en todo momento la regeneración por ser el más beneficioso ambientalmente, y a él destina más del 70% de todo el residuo gestionado.

El año pasado se destinaron a este tratamiento, que permite su devolución al mercado como base lubricante para fabricar nuevos aceites, un total de 97.350 toneladas de residuo, por encima del 73% de lo recogido. Esta gestión y aprovechamiento permitió evitar la emisión a la atmósfera de unas 65.000 toneladas de CO2, respecto a su fabricación a partir del refino del petróleo, y el ahorro de 29 millones de barriles de esta materia prima.

El principal beneficio de este tratamiento es que puede realizarse de forma indefinida, por lo que el aceite usado puede tener infinitas vidas, contribuyendo a impulsar así la Economía Circular, al poner de nuevo en el mercado, una y otra vez, un residuo transformado en recurso y, por tanto, en nueva materia prima preparada para formar parte de nuevos procesos productivos.

Respecto al ahorro energético, esta producción de bases a partir de aceites usados en 2019 requirió el uso de 1.237 GWh menos que el que hubiera sido necesario para su producción convencional mediante refino. Por su parte, las 36.971 toneladas de aceites usados valorizados energéticamente en 2019 supusieron un ahorro de energía de 34 GWh, un total de 20.260 toneladas de CO2 no emitidas a la atmósfera y dejar de utilizar cuatro millones de barriles de petróleo (todo ello en relación a la producción convencional de fuel óleo a partir del petróleo).

LA RED DESPLEGADA EN TORNO AL RESIDUO

SIGAUS cuenta con el respaldo de 245 empresas adheridas, que comercializan lubricantes en España, y la participación de 195 instalaciones de gestión que consiguen que todo el proceso sea posible.

En 2019 se recogieron en España casi 160.000 toneladas brutas de residuo en 4.846 municipios, procedentes de más de 70.000 puntos productores de todos los sectores. “Esto implica, como es lógico, un servicio de recogida de gran complejidad logística que requiere de una gestión precisa y costosa”, comenta De Lecea.

A la labor de las empresas adheridas y de los gestores se une la de las Administraciones públicas, que supervisan y controlan el funcionamiento de todo el sistema, y el papel, de los ciudadanos, clave también para tomar conciencia de la importancia que tiene. “De hecho, contamos con una campaña permanente de comunicación y divulgación, especialmente centrada en redes sociales, y que llamamos Haces más de lo que crees, precisamente por esta labor ciudadana más oculta, pero muy importante, al fin y al cabo”, afirma el director de la entidad.

¿Propiciará la irrupción del covid-19 grandes cambios de estrategia o funcionamiento? “Desde el nacimiento de SIGAUS en 2007 nos ha tocado vivir muchas y muy diversas coyunturas, y nuestra mayor fortaleza ha sido siempre ajustarnos a ellas, seguir creciendo, porque el compromiso ambiental que originó nuestra creación también ha ido ampliándose durante estos años y debemos seguir dándole respuesta. Por eso, nuestra estrategia será continuista, pero también estaremos muy atentos a la evolución que se produzca a partir de ahora, porque muchas cosas van a cambiar”, concluye el máximo responsable de SIGAUS.

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