Estados Unidos ha decidido cortar las vías financieras que todavía sostienen a la economía iraní. Según explicó DW Español en su último informativo económico, la Casa Blanca anunció este lunes una nueva ronda de sanciones contra unas 60 entidades, personas y buques vinculados a las redes de petróleo, tecnología nuclear, misiles, ciberactividad y comercio del regimen de Teherán. La medida, presentada por el secretario del Tesoro Scott Bessent, va acompañada de una advertencia directa: quien mantenga relaciones económicas con Irán tendrá que cortarlas o exponerse a la acción de Washington.
El anuncio no es simbólico. Bessent señaló expresamente al Bank Melli Iran, el mayor banco comercial estatal del país, y le exigió cerrar todas sus filiales en el exterior. A su juicio, ningún país o entidad puede considerarse por encima de las sanciones estadounidenses, una advertencia que resume la política de presión máxima que el Tesoro pretende relanzar.
Un banco estatal centenario, primer objetivo de la presión máxima
La corresponsal de DW Español en Nueva York recordó que Bank Melli es una institución casi centenaria que en el pasado llegó a desempeñar funciones propias de banco central y que desde hace décadas figura en las listas de sanciones de Estados Unidos. Aunque mantiene sucursales en Alemania, Francia y Hong Kong, la Unión Europea también lo sancionó en 2025. Durante el primer mandato de Donald Trump, en 2018, el banco ya formó parte de una larga lista de entidades financieras y empresariales a las que se reimpusieron sanciones en lo que entonces se describió como una presión económica sin precedentes.
En aquel momento ya se explicaba que Bank Melli resultaba fundamental para mover dinero dentro y fuera del país a favor de la Guardia Revolucionaria. Por ahora, según la corresponsal, no se anticipan más nombres de grandes entidades financieras dentro de esta ronda, y los mercados financieros no han registrado movimientos bruscos al conocerse el anuncio.
Las tres grietas del plan: energía, China y aliados incómodos
El plan de sanciones esbozado por Washington choca, según el análisis de DW Español, con varias complicaciones. La primera es el efecto negativo que podría tener sobre el mercado de la energía en un momento especialmente frágil, con el consiguiente riesgo de presionar al alza la inflación global. La segunda es China: Pekín no es una excepción en la política de la Casa Blanca, pero es un gigante económico capaz de reaccionar en el plano comercial. El viaje previsto del presidente chino a Estados Unidos a finales de septiembre añade una variable diplomática incómoda a la ecuación.
Además, Washington tendría que plantar cara a Turquía, Pakistán, Qatar, India y también a Rusia, pese a que India ha rebajado sus relaciones con Irán. El secretario del Tesoro no descartó sancionar a los bancos chinos que gestionan transferencias con Irán, aunque muchos analistas consideran esa opción difícil precisamente por la cumbre bilateral de septiembre.
‘Nadie está por encima de ellas. Vamos a hacer que todos rindan cuentas y esto supone la asfixia económica de este régimen.’
— Scott Bessent, secretario del Tesoro de EE. UU.
El petróleo y el papel de las refinerías chinas
Los inversores estuvieron toda la jornada del lunes pendientes del anuncio. En las horas previas, el petróleo registró caídas cercanas al 2%; el Brent, referencia internacional, cotizaba en torno a los 91 dólares. La semana anterior el barril de Brent había subido más de un 6%, y desde el inicio del conflicto acumula un incremento del 28% dentro de un periodo de alta volatilidad. Según el canal, parte de la caída reciente se atribuye a la recogida de beneficios o al cambio de estrategia de Estados Unidos: de los ataques a Irán a la presión económica.
En la bolsa de Fráncfort, el corresponsal José David Navarro explicó que China ha reducido sus importaciones de petróleo iraní para protegerse de las sanciones secundarias. El año pasado la media era de 1,4 millones de barriles diarios importados directamente desde Irán, cifra que en junio cayó hasta los 780.000 barriles diarios debido al bloqueo estadounidense de los puertos iraníes. El mayor golpe, de continuar esta presión, recaería sobre las refinerías independientes chinas conocidas como teapots, que concentran una quinta parte de la capacidad de refino del país.
Reservas de gas y dudas sobre el próximo invierno
Aunque los precios del petróleo no se han disparado de forma desproporcionada en los últimos seis meses, la seguridad del suministro energético sigue en el aire. Según DW Español, la destrucción de demanda, la ralentización económica y la liberación de 400 millones de barriles de las reservas estratégicas por parte de la Agencia Internacional de la Energía han contenido las cotizaciones. Sin embargo, su director general, Fatih Birol, señaló que de momento no se plantea repetir una operación similar. El foco de la agencia se ha desplazado hacia el suministro de gas natural licuado de cara al invierno: en solo seis semanas comienza oficialmente la temporada de calefacción en Europa y las reservas de gas se sitúan en un 62%.
La proximidad del invierno convierte la disputa energética en un factor de riesgo adicional. Si Washington intensifica las sanciones sobre la cadena logística iraní, el margen para reaccionar con nuevas liberaciones de reservas podría ser menor que hace unos meses. Esa es, al menos, la lectura que se desprende del informativo económico de DW Español.
Qué supone esta ofensiva para la seguridad energética global
Forzar el cierre de Bank Melli y cortar los vínculos financieros de Irán equivale a intentar tapar los agujeros por los que, tras años de sanciones, todavía respira el régimen de Teherán. La medida no se limita a un país: coloca a China, Turquía, India y otros socios comerciales ante una disyuntiva con costes económicos reales. El petróleo, como activo refugio en tiempos de tensión, se mantiene en una zona de equilibrio frágil entre la presión de la oferta y una demanda debilitada.
Para el lector español y europeo, el mensaje es directo. Si la Casa Blanca insiste en cerrar las vías financieras de Irán sin provocar un choque energético, el precio del crudo y del gas seguirá siendo la variable que marque la diferencia. La pregunta abierta es si Pekín aceptará el órdago de Washington o si, por el contrario, utilizará su peso comercial para amortiguar el golpe y mantener vivo al mayor banco estatal iraní.
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