La industrialización puede reducir residuos, pero no garantiza por sí sola una arquitectura sostenible

Expertos han defendido que el impacto ambiental de los edificios debe evaluarse desde el diseño hasta el final de su vida útil

La industrialización de la construcción puede contribuir a reducir residuos, mejorar el control de calidad y optimizar procesos, pero no convierte automáticamente un edificio en sostenible. Esta ha sido una de las principales conclusiones de la mesa sobre arquitectura sostenible e industrialización del III Congreso de Sostenibilidad.es, organizado por Grupo Merca2.

El debate ha estado moderado por Pilar Pérez de la Cuadra, arquitecta y miembro de la Junta de Gobierno del COAM en calidad de tesorera. Han participado Diego Escario, arquitecto socio director de Cano y Escario Arquitectura; Eva Cuesta, directora general de Acerta; Diego Menz, managing director de Bathsystem Iberia; y Álvaro Aguirre Castrejón, director de Arquitectura de I-Ingenia.

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La industrialización permite trasladar parte del proceso a entornos de fabricación controlados, incorporar componentes prefabricados y ganar precisión. Sin embargo, el resultado ambiental depende también de los materiales elegidos, del diseño y del comportamiento del edificio durante décadas.

El diseño y el ciclo de vida marcan la diferencia

Álvaro Aguirre Castrejón ha subrayado la necesidad de distinguir entre industrialización y sostenibilidad: la primera es una forma de construir, mientras que la segunda es un objetivo que debe incorporarse desde el principio. Un proceso puede ser eficiente y, aun así, dar lugar a un edificio con una elevada huella ambiental o un comportamiento energético deficiente.

La industrialización puede reducir residuos, pero no garantiza por sí sola una arquitectura sostenible
La industrialización puede reducir residuos, pero no garantiza por sí sola una arquitectura sostenible. Fuente: Merca2

El diseño debe considerar la orientación, el control solar, el aislamiento, la estanqueidad, los materiales y la capacidad de adaptar los espacios a futuras necesidades. De lo contrario, las ventajas de fabricar componentes fuera de la obra pueden quedar limitadas por decisiones que aumenten el consumo energético o dificulten la renovación del inmueble.

El análisis del ciclo de vida amplía la mirada más allá de la construcción: importa qué recursos necesita el edificio, cómo funciona durante su uso y con qué flexibilidad responde a cambios sociales o tecnológicos.

La colaboración entre arquitectura e industria

La mesa también ha abordado la necesidad de desarrollar una industria capaz de responder a las exigencias de la arquitectura contemporánea. La fabricación de componentes y las herramientas digitales de diseño y planificación pueden abrir nuevas posibilidades, siempre que se mantengan la calidad arquitectónica y el bienestar de las personas.

Diego Menz, desde la experiencia de Bathsystem Iberia y los baños modulares, ha aportado la perspectiva de los procesos industrializados. Diego Escario y Eva Cuesta también han participado en el debate sobre cómo trasladar estas oportunidades a proyectos viables y de calidad.

La conclusión es que la industrialización puede mejorar la eficiencia del sector, pero debe acompañarse de decisiones responsables sobre diseño, materiales y uso. La arquitectura sostenible exige medir el impacto del edificio durante toda su vida, no únicamente el tiempo que se tarda en levantarlo.

Edificios preparados para las próximas décadas

El análisis del ciclo de vida invita a mirar más allá de la entrega de la obra. Un inmueble debe funcionar durante años y responder a cambios en el clima, la tecnología y las necesidades de quienes lo ocupan. La flexibilidad de los espacios, la facilidad de mantenimiento y la posibilidad de actualizar instalaciones pueden influir en su utilidad futura y en los recursos que necesitará a lo largo del tiempo.

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El diálogo entre arquitectos, promotores, fabricantes y especialistas técnicos resulta relevante para equilibrar diseño, coste, calidad y rendimiento. Las soluciones industrializadas pueden contribuir a mejorar la coordinación, pero deben integrarse en una estrategia que tenga en cuenta el confort y el comportamiento ambiental del edificio. La mesa del congreso ha defendido, en definitiva, que construir de forma sostenible requiere planificar, medir y revisar las decisiones con una perspectiva de largo plazo.

La eficiencia empieza antes de la obra

Una parte importante del impacto de un edificio queda condicionada por decisiones tomadas en la fase de proyecto. La orientación, la envolvente, el aislamiento, la ventilación y la selección de materiales influyen en la demanda energética y en las necesidades de mantenimiento. Por ello, la arquitectura sostenible requiere coordinar desde el principio los objetivos de diseño con las posibilidades técnicas y con las condiciones de uso previstas.

La industrialización puede reducir residuos, pero no garantiza por sí sola una arquitectura sostenible
La industrialización puede reducir residuos, pero no garantiza por sí sola una arquitectura sostenible. Fuente: Merca2

La industrialización puede facilitar la planificación y el control de determinados procesos, pero sus beneficios dependen de cómo se aplique. Fabricar componentes en un entorno controlado puede reducir errores y desperdicios, aunque el resultado global también está condicionado por el transporte, los materiales empleados y la durabilidad de las soluciones. Evaluar cada proyecto en su conjunto evita confundir una mejora de proceso con una garantía automática de sostenibilidad.


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