Qué ver en El Escorial en otoño: monasterio y bosque a 50 kilómetros de Madrid para una escapada de un día sin complicarte

5
Casco histórico de San Lorenzo: plazas, miradores y tapeo

a group of people in clothing on a street

El casco histórico de San Lorenzo se recorre a pie y en cuesta, entre calles empedradas y fachadas de granito que Juan de Herrera y Juan de Villanueva pensaron para una corte itinerante. La Plaza de la Constitución, a doble altura y presidida por el ayuntamiento, ejerce de epicentro: desde sus soportales y terrazas, la silueta del monasterio se cierra al fondo de la cuesta. De ahí arranca la calle Floridablanca, la más animada del pueblo, con los Reales Cuarteles, la Fonda de los Milaneses y el Real Coliseo Carlos III, inaugurado en 1771 y considerado el teatro cubierto más antiguo de España. Callejuelas como Grimaldi, con su pasadizo elevado sobre arcos, enlazan con la Plaza de San Lorenzo, la Casa de las Columnas y la Casa del Duque de Medinaceli, la única pintada de rojo entre tanta piedra.

El tapeo aquí es de mantel y cuchara, y en otoño gana enteros: con tres o cuatro grados menos que en Madrid, las terrazas reparten mantas y apetece quedarse. En la plaza de la Constitución, La Taberna del Corcho (número 9) es un clásico de pico fino, con soldaditos de pavía, pringá del cocido de El Charolés o cazuelita de riñones; en la señorial calle del Rey, Cava Alta combina barra abajo y manteles arriba, con unos callos que tienen fama propia. A la carta se suman los níscalos y boletus que salen en los pinares de la zona, junto a carnes de la sierra y guisos de temporada. El cocido funciona como institución local: El Charolés lo puso en circulación en 1997 y muchos restaurantes le reservan un día fijo cuando llega el frío.

Siguiente

Publicidad