Supernova James Webb: el telescopio halla una de las más antiguas, 1.100 millones de años tras el Big Bang

El estallido, bautizado AT 2026abck, se produjo cuando el universo tenía 1.150 millones de años y brilló como 8.000 millones de soles. El hallazgo, aún pendiente de revisión por pares, muestra la muerte de las primeras estrellas sin lentes gravitacionales.

El telescopio James Webb ha detectado una supernova que estalló cuando el universo tenía solo 1.150 millones de años. Es una de las más antiguas jamás observadas y abre una ventana directa a la muerte de las primeras estrellas.

La explosión, bautizada AT 2026abck, aparece descrita en un artículo colgado el 29 de septiembre en el servidor de preprints arXiv, que todavía no ha pasado revisión por pares. Conviene decirlo pronto: estamos ante el mejor candidato disponible, no ante un resultado cerrado.

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Una estrella que murió antes de que existiera la Tierra

La luz de ese estallido lleva viajando unos 12.500 millones de años. Cuando partió, la Tierra no existía. Tardaría todavía 8.000 millones de años en formarse, y el Sol aún no era más que una nube de gas sin colapsar. Ver algo así no es mirar lejos en el espacio: es mirar atrás en el tiempo, con la factura incluida.

Hay un detalle que suele escaparse en titulares y resúmenes. La luz viajó 12.500 millones de años, pero la galaxia que la emitió se encuentra hoy mucho más lejos: la expansión del universo ha estirado esa distancia unas seis veces desde entonces. La supernova ya no está donde la vemos. Nunca lo estuvo.

En su pico, la supernova brilló unas 8.000 millones de veces más que el Sol, casi tanto como la galaxia entera. Lo explicó por correo electrónico a Live Science Xiaohui Fan, cosmólogo observacional de la Universidad de Arizona y coautor del estudio. La energía liberada durante la explosión equivale, añadió, a la que el Sol radiará a lo largo de 2.000 millones de años.

El dato que más me interesa es la temperatura: por encima de los 16.000 °C, casi el triple de la superficie solar. Su capa de material expulsado se ha expandido hasta un radio de 46 unidades astronómicas, es decir, 46 veces la distancia entre la Tierra y el Sol. La cifra impone respeto. Plutón, en su punto más lejano, orbita aproximadamente a esa misma distancia.

La luz que captó el Webb partió cuando ni la Tierra ni el Sol existían: la explosión es más vieja que nuestro mundo.

Setenta y un días aquí, doce allá

El hallazgo forma parte del programa NEXUS Treasury, una campaña que revisa una y otra vez las mismas porciones de cielo en busca de estallidos antiguos. El 28 de mayo de este año, el telescopio miró la galaxia anfitriona y no vio nada. El 7 de agosto volvió a apuntar y la supernova estaba allí. Entre ambas fechas pasaron 71 días en nuestros relojes.

En el reloj de la supernova, apenas doce. La expansión del universo no solo estira el espacio: también dilata el tiempo que percibimos. ‘Todo en esta explosión nos parece cámara lenta, unas seis veces más lento de lo que ocurrió’, explicó a Live Science Mingyang Zhuang, primer autor del trabajo e investigador de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign. Una semana de la supernova se nos convierte en mes y medio.

Los autores calculan que la vieron entre cuatro y diez días después del estallido, algo relativamente común en el universo cercano y extraordinariamente raro a esa distancia. ‘Hay que observar el mismo trocito de cielo una y otra vez con el Webb y que la explosión ocurra en el momento justo’, contó Zhuang. ‘Tuvimos suerte’.

supernova primitiva

La suerte tuvo una segunda capa, y es la que da verdadero valor al hallazgo. Casi todas las supernovas tan lejanas se han detectado gracias a las lentes gravitacionales, el truco óptico que predijo Einstein: una galaxia enorme en primer plano curva y amplifica la luz de lo que hay detrás, como una lupa cósmica. Aquí no la hubo. No hubo lupa.

Superluminosa o colapso de núcleo: el debate abierto

La galaxia anfitriona, catalogada como ID101411, reúne unos 6.300 millones de masas solares y fabrica estrellas más de diez veces más rápido que la Vía Láctea. Es, además, pobre en metales: apenas contiene elementos más pesados que el hidrógeno y el helio, porque el cosmos no había tenido tiempo de cocinarlos en los hornos de estrellas anteriores. Ese es el ambiente que esperábamos encontrar en el universo temprano, y verlo así de nítido refuerza el modelo.

Lo que no está claro es qué tipo de explosión fue. Una supernova convencional de colapso de núcleo ocurre cuando una estrella de entre ocho y cincuenta masas solares agota su combustible y se derrumba sobre sí misma. Esta encaja mejor con una superluminosa, una familia rara que libera decenas o cientos de veces más energía. Queda la duda.

Aquí toca moderar el entusiasmo. Es un preprint, es un solo objeto y los propios autores califican su lectura de preliminar: cualquier conclusión sobre la química del universo primitivo que se apoye solo en esta luz tendrá que esperar. Las próximas observaciones deberían mostrar si la envoltura sigue calentándose o empieza a enfriarse, y esa curva será la que diga qué había realmente allí. El seguimiento decidirá.

Un objeto raro no reescribe la historia del universo temprano; señala, sobre todo, dónde merece la pena seguir mirando.

Mientras tanto, el registro anota un tanto. El universo temprano está resultando más violento y más brillante de lo que sugerían los modelos, y cada detección como esta coloca una pieza más en el rompecabezas de cómo se sembraron los primeros elementos químicos. Cuando llegue la revisión por pares y el Webb vuelva a apuntar a ID101411, sabremos si AT 2026abck es una excepción estadística o la primera de una serie que llevábamos años esperando.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: la supernova AT 2026abck, una de las más antiguas jamás observadas, estallada cuando el universo tenía 1.150 millones de años.
  • Dónde: en la galaxia ID101411, a un desplazamiento al rojo de z=5, en una región del cielo seguida por el programa NEXUS.
  • Institución responsable: equipo internacional liderado por la Universidad de Illinois Urbana-Champaign, con participación de la Universidad de Arizona; preprint pendiente de revisión por pares.
  • Cuándo: detectada por el telescopio James Webb el 7 de agosto de 2026; el artículo se subió a arXiv el 29 de septiembre de 2026.
  • Impacto a futuro: abre el estudio de la muerte de las primeras estrellas y de la química del universo temprano sin depender de lentes gravitacionales.

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