El Hyperliquid Policy Center pide a la SEC que aclare por escrito cómo tratará los airdrops en su reglamento cripto. La carta, remitida el lunes 19 de octubre a la secretaria del regulador, Vanessa Countryman, llega con el plazo de comentarios a punto de expirar. Y apunta al mecanismo con el que se lanzan casi todos los tokens de Solana.
La norma que la SEC quiere aprobar se llama Regulación de Criptoactivos. Ocupa unas 400 páginas y se publicó en el registro federal el 21 de agosto bajo el expediente S7-2026-27; el texto completo y el expediente de comentarios están en el portal del regulador. Permite a los equipos pequeños captar hasta 5 millones de dólares en cuatro años y a los grandes hasta 75 millones al año. El plazo para presentar alegaciones termina este martes 20 de octubre.
Qué pide Hyperliquid en su carta a la SEC
El documento respalda el borrador y pide adoptarlo rápido, pero sostiene que el texto no aclara tres piezas que condicionan cualquier lanzamiento: los airdrops, las recompras de tokens y el trading secundario. La mayor parte de la carta se dedica a los airdrops, esos repartos gratuitos con los que un proyecto premia a los usuarios por usar su protocolo antes de que exista un token en circulación.
La base jurídica está en el test de Howey, la sentencia de 1946 con la que el Tribunal Supremo de Estados Unidos definió cuándo una operación es un contrato de inversión: exige que el comprador entregue algo de valor real. Un airdrop, por definición, no pide pago. La SEC ya reconoció en su interpretación de marzo de 2026 que ese reparto no constituye por sí solo un contrato de inversión, y el centro quiere que el criterio se escriba dentro de la norma. Añade una petición concreta: conectar una wallet o superar una comprobación de sanciones no debería contar como pago.
Sobre las recompras, el personal de la SEC ha señalado que anunciar un programa no implica que el equipo vaya a trabajar para subir el precio, siempre que el proyecto ya funcione y ninguna parte lo controle. El HPC pide elevar esa interpretación a la letra del reglamento. Le interesa directamente: su fondo de asistencia compra y destruye tokens HYPE con el 99% de las comisiones de trading elegibles.
Quedan dos grietas. El safe harbor —el puerto seguro que permite a un token dejar de ser tratado como valor si el proyecto cumple condiciones— está redactado de forma incompleta: obliga a declarar por escrito que el trabajo prometido ya terminó, lo que suena a admitir que hubo contrato de inversión y protege solo cuando el equipo ha dejado de construir. Y el borrador anula la prevalencia estatal al superar ese puerto, lo que devuelve los tokens al registro de más de 50 estados y territorios.
Un airdrop deja de ser marketing el día que un regulador tiene que decidir si regalar tokens equivale a vender un valor.
Por qué el texto importa a los lanzamientos de Solana
Solana levantó parte de su crecimiento reciente sobre esta mecánica. Jito repartió su token en diciembre de 2023 y Jupiter hizo lo propio en enero de 2024, dos lanzamientos que convirtieron los programas de puntos en un estándar del ecosistema. Desde entonces, Kamino, Drift, Tensor, y una lista larga de protocolos han usado el mismo guion para captar liquidez y usuarios sin gastar en publicidad.
Si el marco final dejara los airdrops en zona gris, esos lanzamientos tendrían que elegir entre registro formal, estructura offshore o distribución restringida por país. Nada de eso es teórico. Buena parte de los usuarios de estos protocolos está fuera de Estados Unidos, y a la vez el mercado estadounidense marca el precio de los tokens.
La carta advierte además de un efecto secundario poco intuitivo. Si cumplir el puerto seguro deja al token expuesto a las reglas estatales, un equipo puede preferir retrasar el cumplimiento para evitar ese enjambre normativo. Dicho de otro modo: el incentivo estaría en parecer menos regulado, no más.
Quién empuja y qué riesgo asume Solana
Detrás del escrito está el Hyperliquid Policy Center, dirigido por el abogado Jake Chervinsky y creado en febrero con una donación de un millón de tokens HYPE, valorados entonces en unos 28 millones de dólares. Hyperliquid no ofrece su plataforma a usuarios estadounidenses y lleva meses pidiendo a la SEC y a la CFTC —el regulador de derivados de Estados Unidos— un marco para derivados onchain. Su interés es evidente; el de Solana, indirecto y enorme.
Conviene recordar el punto de partida. En junio de 2023 la SEC incluyó a SOL entre los valores no registrados en sus demandas contra Binance y Coinbase, un golpe que pesó sobre el precio durante meses y empujó a medio ecosistema a operar fuera del radar estadounidense. Tres años después, la agencia tramita una norma específica y reconoce por escrito que un reparto gratuito no es un contrato de inversión. El giro es notable.
El riesgo está en el detalle. Codificar la exención del airdrop resuelve la puerta de entrada, no la de salida: la carta pide claridad sobre cómo se aplican las normas cuando los tokens se revenden entre traders y quién responde entre medias. Para un ecosistema como el de Solana, donde el volumen se concentra en agregadores y DEX (intercambios descentralizados que casan órdenes sin intermediario central), esa zona gris sigue siendo el punto débil.
La decisión queda ahora en manos del personal de la SEC, que debe valorar si incorpora los cinco cambios antes de cerrar el texto definitivo. No hay fecha pública para esa versión final. Lo que sí está claro es que el próximo gran lanzamiento de token en Solana se leerá también como un test regulatorio, no solo como una operación de marketing.




