El pulso entre Narciso Michavila e Iván Redondo marca la precampaña del 29N

La precampaña de las elecciones generales del 29N tiene en Narciso Michavila e Iván Redondo a dos de sus principales protagonistas en los medios de comunicación. El presidente de la casa de encuestas GAD3 y el antiguo jefe de gabinete de Pedro Sánchez, y propietario de la consultora Opina 360, representan dos interpretaciones muy distintas de la contienda electoral: mientras el primero dibuja un escenario de amplia mayoría de la derecha, con más de 200 escaños para PP y Vox, el segundo considera que todavía existe partido y sitúa a ambos bloques en una distancia mucho más ajustada.

La diferencia entre los pronósticos no es menor. En una campaña en la que las encuestas se han convertido en una herramienta política más, la distancia entre una mayoría holgada de las derechas y un resultado que permita al PSOE mantener opciones de Gobierno condiciona las expectativas de los partidos y el relato que construyen los medios. Pese a sus mayúsculos errores de 2023, Michavila vuelve a aparecer como uno de los principales referentes demoscópicos del entorno conservador, mientras Redondo intenta trasladar la idea de que la batalla electoral no está decidida, aunque casi todos los pronósticos vaticinan el regreso de la ultraderecha al poder junto a Alberto Núñez Feijóo.

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El presidente de GAD3 cuenta con una trayectoria con algunos aciertos. Su consultora anticipó la irrupción de Vox en las elecciones andaluzas de 2018 y obtuvo buenos resultados en los pronósticos de 2019. Aquellos aciertos reforzaron su presencia en las tertulias y en las coberturas electorales, aunque también le granjearon críticas desde sectores de la derecha. Federico Jiménez Losantos llegó a cuestionar su interpretación de la fragmentación electoral conservadora, después de que Michavila advirtiera de que la división del voto entre PP, Ciudadanos y Vox podía convertirse en un problema para ese espacio, tal y como ocurrió.

Sin embargo, el 23 de julio de 2023 supuso un importante revés para GAD3. La consultora calculó que el PP podía alcanzar los 150 diputados y que el PSOE caería hasta los 112. El resultado final fue muy distinto: Alberto Núñez Feijóo obtuvo 136 escaños y Pedro Sánchez logró 122. La derecha no consiguió la mayoría parlamentaria que anticipaban buena parte de las encuestas y el presidente del Gobierno pudo continuar en La Moncloa gracias a los acuerdos con otras fuerzas.

El propio Michavila reconoció entonces el error de su pronóstico. La encuesta a pie de urna de GAD3, que había sido uno de los grandes reclamos del regreso de Telecinco a las noches electorales con Pedro Piqueras al frente, terminó convirtiéndose en uno de los principales focos de la cobertura. La humillada imagen del sociólogo obligado a rectificar contrastó con las expectativas que habían acompañado al PP durante la campaña y con la seguridad con la que se había presentado la posibilidad de un cambio de Gobierno.

Tres años después, Michavila sitúa a la derecha por encima de los 200 escaños. Su previsión coincide con una parte de las encuestas que dibujan una ventaja de PP y Vox, pero también devuelve al primer plano la cuestión de hasta qué punto los sondeos pueden estar amplificando las expectativas de los conservadores. La experiencia de 2023 invita a distinguir entre una tendencia demoscópica y un resultado electoral cerrado.

Otro ‘narciso’, Iván Redondo, se mueve en un terreno diferente. El exjefe de gabinete de Sánchez, que trabaja con su consultora Opina 360 y sigue promocionado su libro pagado de sí mismo, considera que la distancia entre los bloques es menor y que la derecha podría quedarse en torno a los 185 diputados. Su lectura mantiene abierta la posibilidad de que el PSOE gane, aunque tiene más dudas sobre sus posibilidades de seguir en Moncloa. El contraste con Michavila convierte a ambos analistas en dos de las referencias de una precampaña en la que cada estimación se interpreta también como un mensaje político.

Narciso Michavila
Iván Redondo. Foto: EP.

La trayectoria de Redondo añade interés a su posición actual. Su salida de La Moncloa en 2021 abrió una etapa de distanciamiento respecto al presidente del Gobierno. Sánchez había contado con él como uno de sus principales colaboradores hasta que decidió relevarlo como jefe de gabinete, por indicación de José Miguel Contreras y Miguel Barroso. Redondo rechazó posteriormente una posible compensación ministerial y mantuvo una distancia que se hizo visible en sus intervenciones públicas y en su relación con el entorno socialista.

A finales de 2021, Redondo fue acusado de filtrar a El Confidencial las visitas de José Miguel Contreras y Miguel Barroso a Moncloa. Durante la campaña de 2023, sus análisis televisivos reflejaron un escenario favorable a la alternativa conservadora, pero Sánchez sobrevivió a los pronósticos, entre otros el de Redondo, que daban por hecho su salida del Gobierno. La porra del donostiarra falló más que la de Michavila, aunque la ex mano derecha del presidente todavía no tenía casa de encuestas: Redondo creyó que el PP iba a sumar 161, por 115 del PSOE. 

Desde entonces, Redondo, que siempre ha tenido la valentía de valorar la fuerza de Podemos en el espacio progresista, ha recuperado interlocución con el entorno socialista, en parte por su buena relación con el presidente catalán Salvador Illa y el alcalde barcelonés Jaume Collboni y por sus artículos en La Vanguardia.

Este acercamiento, según algunas voces, le ha permitido ser decisivo en el campo de la Defensa. En abril de 2026, Ángel Escribano, recién dimitido de la presidencia de Indra, arremetió duramente contra el antiguo jefe de gabinete de Pedro Sánchez tras su salida de la compañía tecnológica. En entrevistas concedidas a El Debate y El Independiente, Escribano llegó a calificar a Redondo de «mercenario» y le acusó de trabajar para intereses externos, entre ellos la consecución de contratos para la americana Santa Bárbara Sistemas.

El intento de Escribano de integrar su empresa familiar en Indra tuvo poderosos enemigos, y el más decisivo ante Moncloa, según distintas fuentes, fue Redondo.

Los fallos de Feijóo

La campaña del PP está acumulando episodios que pueden complicar su estrategia. Feijóo y su equipo han abierto debates sobre el futuro de las pensiones, han alimentado dudas en torno al voto por correo y han cometido errores de comunicación que han obligado al partido a rectificar o explicar sus posiciones. La proximidad de Vox, además, plantea una contradicción para los populares: necesitan movilizar al electorado templado, pero la alianza con la ultraderecha puede generar costes entre quienes prefieren una alternativa menos radical.

La estrategia de Feijóo, que sigue coleccionado lapsus, también vuelve a poner sobre la mesa el problema de las expectativas. En 2023, el PP llegó a las elecciones convencido de que su victoria en las municipales y autonómicas del 28 de mayo anticipaba un cambio de ciclo. Las encuestas alimentaron esa impresión y el partido llegó a actuar como si la llegada a La Moncloa estuviera prácticamente asegurada. El resultado frustró aquellas previsiones y dejó a Feijóo sin una mayoría parlamentaria suficiente para gobernar.

No es la primera vez que las expectativas electorales de la derecha quedan por encima de los resultados. Los comicios generales de 1993, 2004 y 2008 también dejaron ejemplos de pronósticos y relatos políticos que no se correspondieron con el desenlace de las urnas.

El precedente más reciente, el de 2023, resulta especialmente relevante porque demostró que una ventaja sostenida en los sondeos de Michavila no garantiza una mayoría parlamentaria ni que los pronósticos de Redondo se acercan siempre a la realidad, aunque su relato vital diga lo contrario.

Lo único que está claro es que Michavila y Redondo, dotados de gran olfato empresarial, se harán de oro con la campaña. 


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