Los accionistas de Super League han dado luz verde a la operación de Metaplanet: 2.100 bitcoin y 2,5 millones de dólares entrarán en la compañía cotizada en el Nasdaq. La votación se celebró el viernes en la junta anual de 2026 y la empresa la comunicó el lunes por la mañana. El camino hacia ‘Superplanet’ queda despejado, aunque no cerrado.
Qué han aprobado exactamente los accionistas
Salieron adelante todas las propuestas vinculadas al acuerdo que se anunció en agosto. Tres eran las importantes: la emisión de acciones ordinarias y warrants a favor de Metaplanet, el cambio de nombre corporativo y una ampliación del capital autorizado en acciones preferentes desde 10 millones hasta 100 millones de títulos.
Los números concretos del intercambio son estos. La firma japonesa aporta 2.100 BTC y 2,5 millones de dólares en efectivo a través de su filial Metaplanet Holdings. Recibe a cambio 44.859.400 acciones ordinarias valoradas a 3 dólares cada una —unos 134,6 millones de dólares—, además de participaciones preferentes y warrants, que son derechos a comprar más títulos en el futuro a un precio ya fijado. Con ese paquete, Metaplanet se convierte en el accionista de referencia de la sociedad.
Una vez cerrada la transacción, la empresa pasará a llamarse Superplanet, Inc. y cotizará en el Nasdaq con el ticker SUPA. Matt Edelman seguirá como consejero delegado. El negocio publicitario, que conecta marcas con la audiencia de videojuegos —unos 3.300 millones de personas según la propia compañía—, se mantendrá como segmento operativo independiente.
El cierre está previsto para el cuarto trimestre de 2026, es decir, entre octubre y diciembre, y queda sujeto a las condiciones habituales, incluidos los trámites pendientes con el Nasdaq Capital Market. La aprobación de la junta era un paso necesario, pero no el último. La compañía ha subrayado que el voto de los accionistas habilita la operación, no la ejecuta.
Aprobar la junta no es cerrar la operación: entre el voto del viernes y el ticker SUPA hay papeleo, plazos y condiciones que todavía pueden moverse.
Dos tesorerías bitcoin, dos bolsas y dos monedas
Metaplanet acumulaba 43.000 bitcoin en su balance a 18 de agosto. Los 2.100 que ahora cruzan el Pacífico equivalen a cerca del 5% de esa posición, un movimiento modesto en volumen pero enorme en estrategia. La empresa se describe como el tercer mayor tesoro corporativo de bitcoin entre compañías cotizadas, aunque el ranking varía según quién cuente y cómo: hay recuentos que la sitúan un escalón más arriba.
Lo relevante es la estructura que queda. El grupo tendrá dos plataformas cotizadas de tesorería bitcoin: una en la Bolsa de Tokio, con sus inversores y su moneda, y otra en el Nasdaq, con acceso directo al capital estadounidense. Simon Gerovich, consejero delegado de Metaplanet, escribió en X que Superplanet será su plataforma cotizada en EE. UU., con ‘acceso directo a los mercados de capitales y mayor flexibilidad para levantar capital cuando convenga’.
Hay también un candado del que se habló poco. La compañía explicó que el acuerdo incluye condiciones que regulan la capacidad de Metaplanet de deshacerse del sus acciones después de la transacción. No detalló las excepciones a esas restricciones, y ese detalle importa: marca cuánto tiempo puede pasar hasta que la posición se convierta en liquidez real.
La jugada de Gerovich: por qué hace falta una puerta en EE. UU.
El modelo lo popularizó Strategy, la empresa antes conocida como MicroStrategy, que convirtió su balance en una especie de fondo de bitcoin apalancado y sirve hoy de plantilla a una generación de imitadoras: cotizadas que emiten acciones o deuda para comprar bitcoin y que, cuando el mercado acompaña, cotizan por encima del valor de las monedas que guardan. Metaplanet es la versión japonesa de esa fórmula. Añadir un vehículo en Estados Unidos tiene lógica de mercado: el inversor estadounidense compra SUPA en su bolsa y en dólares, sin depender de un intermediario que opere en Japón ni asumir el riesgo del yen.
El riesgo está en la mecánica, no en el relato. Estos vehículos viven de la prima sobre el valor neto de sus activos, lo que el sector llama mNAV: cotizan por encima del bitcoin que atesoran y así pueden emitir acciones sin diluir en exceso. Cuando esa prima se estrecha o se vuelve negativa —algo que le ocurrió a varias tesorerías bitcoin a lo largo de 2025— la rueda se gripa. Comprar más monedas deja de crear valor para el accionista y empieza a destruirlo.
A eso se suma la ampliación del capital autorizado en preferentes de 10 a 100 millones de títulos. Es un margen enorme para financiarse por esa vía y también una señal: la compañía espera necesitar munición. Los accionistas han dado el visto bueno; el mercado decidirá si la estructura encaja cuando las dos acciones, la de Tokio y la de Nueva York, empiecen a moverse con criterios distintos. El lunes, de hecho, los títulos de Super League subieron con el anuncio.
Para el inversor de a pie no cambia nada de forma inmediata: nadie necesita un ticker nuevo para comprar bitcoin. Lo significativo es que se engorda una categoría, la de las empresas-tesorería, que en España todavía se mira con recelo y que añade una vía más para quien prefiere exposición vía bolsa antes que abrir una cartera propia.
La fecha a vigilar es el cierre del cuarto trimestre. Si se retrasa más allá de diciembre, la operación tendrá que convivir con el ruido del mercado y con la tentación de renegociar términos. Y si se ejecuta, el grupo tendrá algo poco habitual en el sector: dos puertas de entrada, en dos husos horarios, para el mismo balance de bitcoin.




