Netflix está haciendo muchas cosas que había dicho que nunca haría. Tras un primer experimento con el deporte en vivo a través de la NFL y la WWE, la empresa ha realizado una megainversión para hacerse con los derechos de transmisión del Mundial de 2030. Es un cambio de estrategia para una compañía cuyo consejero delegado, Ted Sarandos, había asegurado que no veía el deporte en vivo como una pieza central de su programación, señalando en su momento que para él era clave que sus suscriptores pudiesen ver sus contenidos «cuando y donde quisieran».
Pero si el Mundial de fútbol ha acabado con el «cuando quieran», el cine parece haber acabado también con el «donde quieran». La empresa de streaming ha asumido realizar sus dos primeros estrenos con ventana de exclusividad de larga duración en Estados Unidos: el primero, en las próximas semanas, es la candidata española para los Óscar, La bola negra, cuyos derechos de distribución compraron los de Sarandos; el segundo será una producción propia, Las crónicas de Narnia: El sobrino del mago, dirigida por Greta Gerwig.

No son decisiones que tomen a la ligera. Los datos que Amazon Prime Video ha conseguido con la NBA ya mostraban que el deporte en directo podía ser una gran herramienta para las plataformas de streaming, y la propia Netflix había presumido de buenas cifras con sus torneos de tenis y combates de boxeo producidos en casa, o con la WWE. Pero es cierto que el Mundial es una apuesta económica mucho mayor, y que además los sitúa en el centro de atención global durante varias semanas en ese verano.
Lo del regreso a las salas de cine ha sido más complicado. Lo cierto es que tanto Los Javis como Gerwig han insistido en que, si el estudio quería sus películas, iba a ser clave una verdadera ventana en salas. Es verdad que otros directores, como Martin Scorsese o Rian Johnson, han conseguido ventanas pequeñas para sus nuevas películas, pero también es cierto que esta nueva apuesta llega tras el final de varios acuerdos entre la plataforma de streaming y creadores clave, como David Fincher o los hermanos Duffer, creadores de Stranger Things.
Nunca digas nunca
Lo cierto es que, al igual que la llegada de las tarifas con anuncios a la plataforma, este movimiento es otra demostración de lo complejo que resulta el mercado del cine y la televisión. Durante años, la empresa no solo mantenía distancia de las transmisiones en vivo y las salas de cine, sino que dentro del sector era vista como uno de los grandes enemigos de ambas opciones. Ahora se han convertido en el centro de dos de sus grandes inversiones, con su mayor estreno del año que viene recibiendo una ventana de exclusividad en cines de, al menos, tres meses.
Es particularmente llamativo el caso de la adaptación de Narnia por Greta Gerwig. Entre el contrato de la directora, el coste de la publicidad y el presupuesto de producción de la cinta, que se eleva hasta los 200 millones de dólares, el gigante del streaming estaba obligado a buscar otras estrategias para rentabilizar la película. Y es que las experiencias previas con inversiones similares, como El estado eléctrico o El agente invisible, resultaron desastrosas para la compañía.
Un paso de Netflix tras el fracaso de la fusión
Lo cierto es que el nuevo movimiento de Netflix llega después de que la empresa fracasara en su intento por hacerse con el control de Warner Bros. Discovery. Era una operación que debía proporcionar a la empresa un mayor catálogo de propiedad intelectual para la creación de contenido, mayor capacidad de producción y expandir una base de usuarios que cada día crece más despacio.
Por tanto, no debería ser una sorpresa que den nuevos pasos para transformar su estrategia comercial y buscar otras vías de monetización. Tanto ofrecer eventos en vivo como apostar por la gran pantalla son nuevos métodos para generar ingresos, necesarios para una empresa que sabe que el negocio que ayudó a crear está cambiando.
El acuerdo con Spotify
Pero no es el único cambio que los usuarios de la plataforma verán en los próximos meses. La empresa cerró también un acuerdo con Spotify que debería servir para que los pódcasts lleguen a la plataforma, abriendo la posibilidad de que los conciertos se sumen a su parrilla de programación en directo.
Es un proyecto con el que se ha especulado desde hace mucho tiempo y, dado el éxito que han tenido películas de conciertos en la plataforma como el Reputation Tour de Taylor Swift o HOMECOMING: A Film by Beyoncé —que rescata el paso de la artista norteamericana por Coachella— cobra todo el sentido. Se suma a esto que la empresa ha visto los buenos datos que ha generado su principal rival, Amazon Prime Video, con las retransmisiones del Primavera Sound o de eventos como el concierto de Shakira el pasado 3 de octubre.






