La nueva norma de semáforos de la DGT está en vigor: saltarse el rojo cuesta 200 euros y cuatro puntos. El Reglamento General de Circulación se actualizó el 1 de octubre, pero buena parte de los ayuntamientos reconoce que no tiene calendario para adaptar sus cruces.
El texto que ordena el nuevo ciclo es el Real Decreto 518/2026, la revisión del Reglamento General de Circulación publicada en el Boletín Oficial del Estado, que refuerza la protección de peatones, ciclistas, motoristas y usuarios de VMP. Sobre el papel, la reforma despeja una ambigüedad instalada desde hace décadas en miles de intersecciones. En la calle, el cambio avanza a velocidades muy distintas según la ciudad.
Qué cambia exactamente en el semáforo
Hasta el 1 de octubre, en numerosos cruces el ámbar intermitente para los coches coincidía con el verde de los peatones. El conductor leía la señal amarilla como un permiso para seguir y el peatón iniciaba el cruce con prioridad. Los dos tenían razón a la vez, y ahí estaba el problema.
La configuración nueva rompe esa convivencia: cuando el peatón tiene prioridad, el vehículo se encuentra una fase de luz roja fija que le obliga a detenerse por completo. No hay margen para interpretar el ámbar como una autorización. El rojo no admite lectura.
El reglamento no se queda en los semáforos. La reforma aprieta también las reglas de adelantamiento a ciclistas y ordena la circulación de patinetes y demás vehículos de movilidad personal en el entorno urbano, siempre con el mismo objetivo: reducir la exposición de quien va sin carrocería.
- Fase de rojo fijo para el vehículo cuando el peatón tiene verde.
- Fin de la coincidencia entre ámbar intermitente y verde peatonal.
- Nuevas reglas de adelantamiento a ciclistas.
- Ordenación de la circulación de VMP en la ciudad.
El problema no es la norma, sino el calendario: la DGT cambió la fase del semáforo y cada ayuntamiento la cambiará cuando pueda pagarla.
Por qué tu ciudad todavía no ha cambiado el semáforo
El cuello de botella es técnico. Muchos reguladores semafóricos instalados hace años no admiten los nuevos ciclos con una simple actualización de software. Hay que sustituir controladores, rehacer cableados y revisar la sincronización de decenas de intersecciones para que el tráfico no se atasque.
Cada una de esas operaciones cuesta dinero y horas de trabajo. Los consistorios hablan de planes progresivos, con prioridad para los cruces de mayor intensidad de tráfico y para los que acumulan siniestralidad. Sin obra, no hay cambio.
Barcelona es el caso más visible. Antes de la entrada en vigor, el Ayuntamiento ya reclamó más tiempo y criterios claros, y calculó que la ciudad tiene alrededor de 1.550 intersecciones con la configuración ahora prohibida, la mayoría en el Eixample. Adaptarlas obliga a añadir fases y a alargar cada ciclo semafórico. Más fases, menos verde. El consistorio advirtió de que la aplicación estricta reduciría la capacidad de las vías y elevaría la congestión, también para los peatones.

Cuánto cuesta saltarse el rojo y qué pasa con el ámbar
La sanción no es nueva. La Ley de Tráfico y Seguridad Vial castiga con 200 euros y cuatro puntos del carnet no respetar la luz roja fija, una infracción grave que se mantiene igual antes y después de la reforma. Lo que cambia es la frecuencia: antes había un ámbar que invitaba a pasar y ahora hay una fase de detención completa.
El ámbar intermitente nunca fue una autorización para cruzar por encima de nadie: obligaba a extremar la precaución y a ceder el paso a quien ya estaba cruzando. La novedad es que esa fase desaparece de los cruces donde el peatón tiene verde.
La demora municipal no libra de la multa. Si el cruce tiene instalado el rojo fijo y el conductor se lo salta, la sanción cae igual. Y si el cruce conserva el ámbar antiguo, sigue siendo el conductor quien debe ceder el paso.
Una norma razonable con un calendario que no existe
Conviene separar dos debates que se mezclan. El primero es de seguridad vial: eliminar la coincidencia entre ámbar para el coche y verde para el peatón es una medida sensata, difícil de discutir con datos en la mano. La Dirección General de Tráfico sostiene que esa convivencia era la raíz de muchas situaciones de ambigüedad en giros y cruces con visibilidad reducida. El segundo debate es de ejecución, y es el que está fallando.
Los ayuntamientos no piden tiempo por comodidad. Un regulador de hace quince años no se reprograma con un clic: hay que cambiarlo, tocar el cableado y comprobar cómo queda la coordinación de la avenida entera. En una ciudad con más de mil cruces de ese tipo, el coste no es una línea menor del presupuesto municipal.
Hay un riesgo que no aparece en las notas de prensa: la convivencia de dos configuraciones distintas en la misma ciudad. El conductor que hoy encuentra un rojo fijo y mañana un ámbar intermitente en la misma avenida puede leer la señal por costumbre y no por norma. Ahí es donde los 200 euros y los cuatro puntos llegan sin intención real de saltarse nada.
La medida es razonable. El calendario, no. La DGT ha fijado una regla nacional y ha dejado la ejecución material en manos de quien no tiene presupuesto para ejecutarla, sin un plan de transición ni un plazo único que ordene las obras por riesgo. Mientras se resuelve, hay un criterio que no falla: si el peatón tiene verde, el coche tiene rojo. Detente.
🚨 Ficha de la Normativa
- Infracción / Novedad: El ámbar intermitente para vehículos ya no puede coincidir con el verde de los peatones; el coche debe encontrar rojo fijo cuando el peatón tiene prioridad.
- Sanción económica: 200 euros por no respetar la luz roja fija, sanción ya vigente de la Ley de Tráfico y Seguridad Vial.
- Puntos del carnet: 4 puntos.
- Entrada en vigor: 1 de octubre de 2026, ya vigente; sin calendario municipal homogéneo de adaptación.




