Bitcoin ronda los 82.000 dólares y Mike McGlone, de Bloomberg Intelligence, sostiene que puede desplomarse hasta los 10.000. El estratega de materias primas de la firma lleva meses repitiendo esa cifra. Lo llamativo no es el número, sino el momento en que lo repite.
Qué dice McGlone y de qué depende su escenario
El máximo histórico de bitcoin ronda los 126.080 dólares y se marcó a principios de octubre de 2025. Desde entonces, la moneda acumula una caída de alrededor del 35%. Si se cumpliera su escenario, el retroceso desde máximos superaría el 90% y el precio volvería a niveles que no se veían desde 2020.
El analista publicó su tesis el 16 de octubre y la ató a dos condiciones: una caída del 20% en la renta variable estadounidense y una política monetaria más restrictiva por parte de los bancos centrales, con los rendimientos de los bonos al alza. En su argumentación mencionó el oro por encima de los 5.000 dólares en el primer trimestre del año y el giro de la mayoría de bancos centrales hacia la prudencia.
La idea tiene recorrido. McGlone ha repetido el objetivo de los 10.000 dólares en junio, julio, agosto y septiembre de este mismo año, casi siempre con el mismo hilo: reversión a la media (la tendencia de un precio a volver a su promedio histórico) y correlación con las bolsas. En 2025, cuando bitcoin se movía por encima de los 100.000, defendió la tesis con más énfasis.
La réplica: el suelo on-chain está mucho más arriba
La respuesta del sector ha sido contundente. Ki Young Ju, fundador de la firma de análisis on-chain CryptoQuant —esto es, de los datos que quedan registrados en la propia blockchain—, recordó que los fondos cotizados (ETF) de bitcoin al contado han absorbido 58.000 millones de dólares y que las empresas que guardan bitcoin en su tesorería acumulan 1,3 millones de monedas.
Un indicador puede dibujar un suelo, pero no puede obligar a millones de tenedores a vender en pánico al mismo tiempo.
Su argumento es de coste base. Incluso dando por hecho que todo ese capital institucional saliera de golpe, el precio medio al que se han movido las monedas en la cadena sitúa el suelo cerca de los 30.000 dólares. Para llegar a 10.000, la ratio MVRV —que compara lo que vale el bitcoin en el mercado con lo que pagaron sus tenedores— tendría que caer a 0,2, muy por debajo del 0,6 de los peores suelos históricos.
Traducido: haría falta que los tenedores de largo plazo, esos que han aguantado caídas del 75% sin soltar, entraran en pánico y vendieran a la vez. Puede pasar. Pero es una apuesta muy concreta dentro de un escenario macro que tampoco está escrito.
Los analistas técnicos tampoco acompañan. Michaël van de Poppe calificó el gráfico de ‘no está nada mal’ y sostuvo que, después de barrer los mínimos, el siguiente movimiento es más probable al alza que a la baja. El trader Killa apuntó un patrón que se repite: rallies de fin de semana y reversión los lunes.
Por qué conviene leer las predicciones extremas con distancia
Merece la pena ponerlo en perspectiva. Los suelos de 2018 y 2022 se construyeron sin ETF al contado y con una base de inversores casi exclusivamente minorista. El primero de esos fondos aterrizó en enero de 2024, y ese cambio de estructura no elimina la volatilidad, pero sí altera quién vende y con cuánta paciencia. La demanda institucional no es infinita, aunque se mueve con otros tiempos y otras órdenes de magnitud.
También hay riesgo real en la dirección contraria. La concentración de bitcoin en manos de unas pocas gestoras y de empresas cotizadas crea un canal de contagio con el mercado de acciones que en 2017 no existía. Si los tipos siguen altos y la bolsa corrige, la correlación que McGlone señala puede jugar a su favor. Eso no convierte su previsión en un pronóstico: la convierte en un escenario extremo, poco probable y no imposible.
Para el ahorrador que compró en la parte alta, el número exacto importa menos que la proporción. Una cartera con un 5% en bitcoin que cae un 87% pierde algo más del 4% del total; con un 30% en cripto, el golpe se lleva casi un tercio del patrimonio. La predicción no cambia la estrategia. El tamaño de la posición, sí.
El detalle que más incomoda de su tesis es el plazo. Defiende los 10.000 desde que bitcoin valía 100.000 y la moneda no se ha movido un ápice en esa dirección. Acertar el destino sin acertar el cuándo es, en la práctica, no acertar. Cosas del análisis macro.
Lo que sí conviene vigilar es la dirección de los flujos de los ETF en las próximas semanas y el tono de la Reserva Federal en sus siguientes reuniones. Si las entradas se convierten en salidas sostenidas durante varios meses, el debate dejará de ser académico y empezará a notarse en el precio. Mientras tanto, el mercado sigue haciendo lo de siempre: subir y bajar sin pedir permiso a nadie.



