Hasta ahora, el estilo beligerante del consejero delegado de Ryanair, Michael O’Leary, le ha resultado útil. El directivo no se guarda demasiadas cosas cuando habla en público: ha estado dispuesto a señalar a la competencia, amenazar con abandonar una patronal, tildar de fracaso a un ministro y de loco comunista a otro. Es cierto que son declaraciones que van en la línea del estilo de la empresa —incluyendo sus cuentas de redes sociales—, pero empiezan a tener un coste real en la oferta de vuelos que pueden comercializar.
Y es que, así como han recortado su presencia en algunos aeropuertos españoles —en particular reduciendo su presencia en el aeropuerto de Santiago en Galicia—, están haciendo lo mismo en otros países. Entre estos, han reducido sus vuelos al aeropuerto de Berlín, insistiendo en lo mismo que han dicho en el caso ibérico: que es un aeropuerto cuyas tarifas no son competitivas, lo que hace que sea demasiado costoso para la empresa operar con su modelo de bajo coste (low cost).
Claro que, al recortar vuelos en un país, terminan reduciendo su presencia en otros territorios. En este caso, el recorte de vuelos en Berlín ha reducido las conexiones de los aeropuertos de Fuerteventura, Gran Canaria y Lanzarote. En total, la empresa de origen irlandés reducirá sus vuelos a la capital alemana un 50% durante el invierno, lo que supondrá recortar unas 700.000 plazas en total, sumando también los vuelos que eliminarán en Hamburgo.

La empresa justifica esta decisión por «los excesivos costes de acceso (tasas de navegación aérea, tasas de seguridad y elevadas tasas aeroportuarias), sumados al exorbitante impuesto a la aviación del Gobierno federal, factores que siguen haciendo que estos aeropuertos y el mercado aéreo alemán carezcan totalmente de competitividad».
Según el portal especializado Hotelsur, Ryanair asegura que el aeropuerto de Berlín ha aumentado sus tasas más de un 50% desde 2019, por lo que sufrirá el mayor impacto de esos recortes: la compañía cerrará su base de siete aviones a partir del 24 de octubre y reducirá su capacidad un 50% durante este invierno. Dicho aeródromo perderá así 12 rutas de esta línea aérea (Bolonia, Fuerteventura, Gran Canaria, Lanzarote, Marsella, Palermo, Pisa, Reggio Calabria, Tallin, Tesalónica, Trieste y Vilna) y sufrirá una reducción de vuelos en las rutas restantes con origen o destino en Berlín.
O’Leary insiste en la estrategia de recortar vuelos en Ryanair
En cualquier caso, el directivo insiste en que la empresa seguirá sin operar en aquellos aeropuertos donde consideren que las tarifas no son competitivas. Es una posición que han mantenido en el caso español, donde han insistido en que su presencia en determinados territorios es inviable, al menos según el directivo. De hecho, la empresa ha hecho lo posible por aumentar su presencia en ciudades como Madrid o Barcelona, a la vez que reduce sus frecuencias desde ciudades como Berlín o Santiago.
El problema es que en algunos casos se trata de ciudades que dependen de Ryanair para tener conexiones internacionales. El caso de Santiago es uno de los ejemplos más evidentes, pues la ciudad gallega ha visto cómo pierde 70.000 plazas y varios destinos internacionales que no ha podido cubrir.
A pesar de los intentos del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible y de la disposición de otras aerolíneas de bajo coste como Volotea y Vueling, no ha sido posible cubrir el agujero que ha dejado la salida de la empresa irlandesa. Además, la confirmación de que Aena volverá a aumentar las tarifas aeroportuarias a partir de 2027 a través del Tercer Documento de Regulación Aeroportuaria (DORA III) aleja todavía más a directivos como Michael O’Leary.
Canarias es daño colateral
Lo cierto es que la diferencia entre el caso de Santiago y lo que le ocurre a Canarias es que O’Leary y Ryanair no han señalado a los aeropuertos de las islas. El recorte de destinos, al menos de momento, se debe sobre todo a los problemas en otros territorios. Tanto Canarias como Baleares son destinos clave para la empresa y resultan fundamentales para las conexiones con el Reino Unido y otros mercados emisores.

Pero lo cierto es que, si Ryanair sigue aplicando la misma estrategia, otros destinos acabarán por sufrir la misma suerte. De momento no parece probable que la empresa cambie de rumbo: el propio Michael O’Leary fue renovado en su cargo como consejero delegado, respaldado por los resultados de la compañía, por lo que lo esperable es que mantenga este tipo de medidas de presión.




