FlixBus celebra su décimo aniversario en España en medio de varios debates. La empresa de origen alemán es una de las principales compañías extranjeras que operan en el país, conectando las rutas entre el territorio español y sus vecinos de Portugal y Francia. Aunque por el camino, casi literalmente, también une varias poblaciones del país.
Desde su llegada a España en 2016, al amparo del Reglamento (CE) 1073/2009 que estableció el acceso al mercado internacional de los servicios de autocares y autobuses, FlixBus ha contribuido a ampliar la oferta de transporte internacional de larga distancia a más de 50 destinos españoles, ofreciendo a millones de viajeros una alternativa cómoda, asequible y sostenible para desplazarse entre estos territorios y el resto de Europa. La primera conexión de FlixBus desde España fue la línea 728, que unía Barcelona con las ciudades francesas de Perpiñán, Montpellier, Nîmes, Aix-en-Provence y Marsella.
Pero ahora se encuentra en un duelo directo con el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, a cargo de Óscar Puente, debido a la negativa de este último a permitir el cabotaje en las rutas internacionales de la empresa que atraviesan territorio español. Aun así, para Pablo Pastega, vicepresidente de FlixBus para Iberia y Sudamérica, hay motivos para celebrar: «A pesar de solo poder operar servicios internacionales, estamos orgullosos de la evolución de FlixBus en España. Hoy, un pasajero que quiera viajar de Madrid a Lisboa puede hacerlo por menos de 15 euros, menos de un tercio de lo que cuesta un Madrid-Badajoz en España, lo que demuestra que la competencia se traduce en más opciones y mejores precios para los viajeros, sin necesidad de utilizar dinero público que estaría mejor empleado en otras cosas».
«Nuestro modelo de asociación con operadores de autobús locales genera nuevas oportunidades para las pequeñas y medianas empresas nacionales y contribuye a reforzar su competitividad en un mercado que tiende a favorecer a los grandes operadores», subrayó Pastega.
Defienden el cabotaje como una oportunidad de mejorar la conexión
Si bien durante la última década FlixBus defiende que ha desempeñado un papel fundamental en la transformación del transporte internacional de larga distancia en España, impulsando una oferta más competitiva, esta evolución no ha tenido su equivalente en el mercado doméstico. Hoy en día, España mantiene un modelo concesional más que centenario para los servicios regulares de autobús de larga distancia, basado en la adjudicación en exclusiva de cada corredor a un único operador, lo que impide cualquier forma de competencia dentro de esas rutas.

El propio directivo sostiene que no hay demasiados motivos para evitar la llegada del cabotaje a estas rutas, pues indica que no «afectaría seriamente a una con obligación de servicio público», insiste. Para él es preocupante que no se permita la llegada de otras formas de transporte de larga distancia a poblaciones que requieren esta conectividad solo para proteger a unas pocas empresas, aunque no se atreve a dar motivos específicos para esta decisión.
Diez años de sostenibilidad
El impulso a la sostenibilidad del sector ha sido otra de las principales contribuciones de FlixBus en España. Este compromiso comienza por la calidad y la eficiencia de la flota de autobuses que opera en su red. Con una edad media de apenas 3 años, los vehículos cumplen con la norma EURO VI, el estándar europeo más exigente en materia de emisiones para este tipo de vehículos, lo que refleja el compromiso de la compañía con la reducción del impacto ambiental del transporte de larga distancia.
Además, la contribución de FlixBus a una movilidad más sostenible se extiende a las decisiones de viaje de sus propios pasajeros. Solo en 2025, se estima que los viajeros de FlixBus en España y Portugal evitaron emitir más de 130.000 toneladas de CO₂ al optar por el autobús frente al coche o al avión. A escala global, se estima que los pasajeros de Flix evitaron unos 1,5 millones de toneladas de CO₂ en 2025.
Para FlixBus, la solución pasa por que el Gobierno de España permita el cabotaje como complemento estratégico al modelo concesional actual. «Una menor conectividad supone un mayor aislamiento para muchos territorios, que podrían beneficiarse social y económicamente de una mayor oferta de transporte de larga distancia. Estamos hablando de que su aplicación en España permitiría aprovechar servicios que ya circulan por el país para crear nuevas conexiones directas entre regiones que hoy carecen de ellas, reforzar la conectividad de los territorios fronterizos y hacer un uso más eficiente de la capacidad disponible en los autobuses, contribuyendo así a reducir las emisiones por pasajero», afirma Pastega.
«Al mismo tiempo, abriría nuevas oportunidades de negocio para las pequeñas y medianas empresas españolas del sector, favorecería un modelo de turismo más sostenible y permitiría ampliar la oferta de movilidad sin recurrir a subvencionar concesiones caducadas», subraya.




