EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Los maquinistas de Rodalies se negaron a mover un solo tren hasta las 9:30 del miércoles, después de que un árbol impactara contra un regional en Vilanova i la Geltrú con un centenar de pasajeros a bordo.
- ¿Quién está detrás? El Sindicato Español de Maquinistas Ferroviarios (Semaf), frente a Renfe, Adif y la Generalitat; el director de Rodalies, Òscar Playà, atribuye el parón a un conflicto laboral.
- ¿Qué impacto tiene? Miles de viajeros sin tren y tres corredores aún cortados: la R2 entre Granollers y Sant Celoni, la R11 hacia Portbou y las R13 y R14 entre Lleida y La Plana Picamoixons.
El plante de maquinistas desató este miércoles la mayor crisis de Rodalies Cataluña y dejó sin tren a miles de viajeros en plena resaca del temporal.
Un árbol caído sobre un tren regional fue la gota que colmó el vaso. Sucedió el martes por la noche en Vilanova i la Geltrú, tras el último episodio de lluvias intensas, con un centenar de pasajeros a bordo. Todos salieron ilesos.
El incidente corrió como la pólvora entre los maquinistas, que no han olvidado el accidente de Gelida, donde falleció un compañero en prácticas una lluviosa noche de enero.
Las medidas de seguridad que Renfe, Adif y la Generalitat prometieron para desconvocar la huelga de entonces nunca se concretaron. El protocolo que debe fijar cuándo interrumpir la circulación ante una alerta meteorológica sigue pendiente de redactar.
Hartos de esperar, los maquinistas decidieron no mover ni un tren a primera hora y provocaron el colapso de Rodalies. El Sindicato Español de Maquinistas Ferroviarios (Semaf) acusa a Renfe y Adif de ‘jugar con la seguridad durante el temporal’.
La misma red que prometió protocolos de seguridad tras la muerte de Gelida se vuelve a paralizar porque esos protocolos nunca llegaron a firmarse.
No hubo movimiento de trenes hasta las 9:30, cuando la operadora entregó los documentos que acreditaban la revisión de los tramos por los que se podía circular, con la validación de las marchas blancas del día anterior en líneas inundadas como la R1 y la R2.
La recuperación fue lenta, fuera de horario y a trompicones. Los retrasos se arrastraron durante toda la jornada y el colapso se trasladó a las paradas de autobús interurbano y a unas carreteras con más tráfico del habitual.
Los autobuses alternativos que Renfe tenía contratados para algunos tramos cortados fueron insuficientes. Muchos viajeros tiraron de autobuses interurbanos, vehículos privados, o directamente desistieron de ir al trabajo, a la universidad o al médico. La falta de información agravó el desconcierto: por megafonía y en redes sociales, Rodalies se limitaba a repetir que el servicio no funcionaba ‘por causas ajenas’.
Renfe, Adif y la Generalitat cruzan acusaciones de seguridad
El director de Rodalies, Òscar Playà, trató de derivar el pulso hacia un ‘conflicto laboral’, un extremo que el sindicato rechaza. Semaf sostiene que atribuir el parón a un conflicto laboral es ‘una interpretación torticera e interesada’ para tapar ‘la negligencia continuada’ de Renfe en Cataluña.
El presidente de la Generalitat, Salvador Illa, cargó en el Parlament contra el sindicato: ‘La seguridad de las vías no es una cuestión subjetiva, es objetiva y no está en manos de ningún sindicato’. Su propio Govern firmó en enero un acuerdo con Semaf que exigía el visto bueno de la representación legal de los trabajadores, mediante informe previo, para reabrir cualquier tramo cortado.
El choque de versiones tiene base. El martes, numerosos maquinistas se negaron a pasar por el túnel de plaza Catalunya al no tener ese informe, tras 48 horas cerrado por inundaciones. Rodalies lo calificó como ‘disfunciones por gestión operativa’.
La dirección, en lugar de buscar un acuerdo, instó por correo a los trabajadores a reabrir la R1 hasta Blanes y la R11 hasta Portbou, lo que enfadó aún más a los maquinistas. Estos ya habían pedido el sábado la paralización ante la alerta roja del Meteocat y la Aemet, una petición que la Generalitat descartó alegando que no se había restringido la movilidad.
A ello se suma el malestar por la negativa de Renfe a dar protección legal a los becarios, como el que murió en Gelida, durante cinco meses de aprendizaje. El asunto lleva semanas enquistado y ha bloqueado la reordenación de horarios que la operadora pretendía aplicar en Rodalies.
Hoja de Ruta: Claves del Viaje
Para el viajero catalán, la factura se mide en horas perdidas y desplazamientos abortados. Consultas médicas, clases y turnos de trabajo quedaron en el aire porque el abono de Cercanías no cubre el coste de improvisar un autobús interurbano o un coche compartido a las siete de la mañana.
La zona cero es la red de Rodalies al completo. Siguen sin restablecerse la R2 entre Granollers y Sant Celoni, la R11 hacia Portbou y las R13 y R14 entre Lleida y La Plana Picamoixons. El dato que resume la jornada: los trenes estuvieron parados hasta las 9:30, cuando a esa hora ya debería haberse completado la primera punta del día.
Nos fijamos en Gelida. El accidente de enero dejó un maquinista en prácticas fallecido y una promesa de protocolos que sigue sin redactarse. Cuando la seguridad percibida choca con la gestión operativa, el que pierde siempre es el usuario: Renfe atribuye el caos a ‘causas ajenas’ y el sindicato, a la ‘negligencia continuada’. Ambos relatos son incompatibles y ninguno tranquiliza a quien madruga para coger el tren.
Lo que observamos es un patrón conocido: cada temporal deja la red catalana un poco más expuesta y reabre el pulso entre Semaf, Renfe, Adif y la Generalitat sin que nadie firme el protocolo pendiente. El próximo hito es la comisión de seguimiento del acuerdo de enero, cuya convocatoria depende ahora de que los tramos aún cortados recuperen la normalidad.




