1Qué es la peste neumónica y por qué es la única forma que se transmite entre personas
La peste neumónica es una de las tres formas clínicas —junto con la bubónica y la septicémica— que puede adoptar la infección por Yersinia pestis, y la más grave de todas. Se produce cuando la bacteria alcanza los pulmones, ya sea porque la infección se disemina desde un bubón o porque se inhalan directamente gotículas infectivas. El protocolo de vigilancia del Centro Nacional de Epidemiología la califica como la presentación más virulenta: el periodo de incubación puede acortarse a entre uno y tres días tras la exposición a aerosoles contaminados, frente a los uno a siete días habituales de la enfermedad, y las formas neumónica y septicémica son casi siempre mortales si no se tratan. No es, en cambio, la más frecuente: en las series clínicas estadounidenses representa alrededor del 2% de los casos, aunque en brotes concretos, como el de Madagascar de 2017, llegó a suponer el 76%.
A diferencia de las otras dos, la neumónica es la única que puede pasar de una persona a otra sin que medie una pulga ni ningún otro animal. El contagio se produce por las gotículas respiratorias que expulsa el enfermo al toser —no por aerosoles finos— y requiere, según el ECDC, un contacto «estrecho y prolongado» con alguien que ya presenta síntomas. De ahí que su capacidad de propagación sea limitada: algunas estimaciones sitúan su R0 en torno a 1,3, muy lejos del 12-18 del sarampión, y los brotes suelen quedar acotados a convivientes y cuidadores. Esa condición de ser la única forma con potencial epidémico interhumano la sitúa en el centro de los protocolos: aislamiento del paciente, identificación y seguimiento rápido de contactos y quimioprofilaxis durante una semana.


