Greenpeace International acusa a NVIDIA de greenwashing: el análisis cifra en un 725% el aumento de sus emisiones Scope 3 desde 2020 y estima hasta 21 millones de toneladas de CO2e sin declarar.
El dato que rompe el relato: un 725% más de emisiones indirectas
Vamos por partes. Las emisiones de Scope 3 son las que se producen fuera del perímetro formal de una compañía: la fabricación de las materias primas, el transporte y, sobre todo, el uso de los productos vendidos, tal y como define el Protocolo de gases de efecto invernadero. Es el punto ciego del reporte corporativo y el lugar exacto donde apunta el análisis.
El informe publicado por Greenpeace International compila las propias divulgaciones de la compañía entre 2020 y 2026, y el resultado no admite una lectura amable: las emisiones indirectas han crecido un 725% en ese periodo. Hay una segunda cifra que no aparece en ningún informe oficial. La organización estima en hasta 21 millones de toneladas de CO2e las emisiones ligadas al uso de los chips vendidos durante 2025.
Detrás del briefing está el analista Ketan Joshi junto a un consorcio de organizaciones: Greenpeace International, Beyond Fossil Fuels, Friends of the Earth, Green Screen Coalition, Stand.Earth, Kairos Fellowship y Climate Action Against Disinformation. Según sus autores, es el primer análisis de las afirmaciones de tipo greenwashing habituales en NVIDIA, la compañía de mayor capitalización bursátil del mundo.
Tres argumentos verdes que caen con la calculadora en la mano
El trabajo identifica tres mensajes repetidos. Primero, que el desarrollo de la IA será un beneficio neto para el clima. Segundo, que la respuesta a la demanda de los centros de datos habilita más renovables. Tercero, que la eficiencia energética de sus chips equivale a progreso sostenible. Los tres se desmontan con el mismo razonamiento: una cosa es consumir menos por operación y otra muy distinta recortar el consumo total cuando el volumen se multiplica. Aquí está la letra pequeña.
Ser más eficiente por vatio no es descarbonizar: es hacer más con lo mismo sobre una red que sigue quemando gas.
📊 Impacto ecológico en cifras
- Emisiones no declaradas: hasta 21 millones de toneladas de CO2e asociadas al uso de los chips vendidos en 2025, según la estimación de Greenpeace.
- Aumento del Scope 3: un 725% desde 2020, a partir de las divulgaciones de la propia compañía entre 2020 y 2026.
- Peso del negocio: el segmento de centros de datos concentra el 92,5% de los ingresos en sus últimos resultados trimestrales publicados.
- Objetivo reclamado: extender el 100% renovable a toda la cadena de suministro en 2030; la inversión asociada no se detalla en la fuente oficial.
El caso que mejor lo ilustra es un centro de datos en Ohio. NVIDIA anunció el suministro en exclusiva a una instalación que, según el informe, se alimentaría con una de las mayores centrales de gas del mundo. El otro flanco lo documenta la investigación de Greenpeace East Asia titulada Nvidia’s Green Illusion: la compañía traslada su huella ambiental a proveedores asiáticos que dependen de combustibles fósiles, sin invertir en infraestructura renovable local.
La eficiencia del chip no descarboniza la red eléctrica que lo alimenta ni la del país donde se fabrica.
Las cifras de negocio refuerzan la tesis. El segmento de centros de datos, impulsado por la demanda de hardware para IA generativa, aporta el 92,5% de los ingresos.
Y el impacto no se reparte. Un estudio de la Universidad de Naciones Unidas describe cómo la expansión de la IA carga a comunidades locales y a países de renta baja con el agotamiento de agua, la tensión energética, el uso del suelo, los residuos electrónicos, y la contaminación minera, mientras los beneficios se concentran en unas pocas economías ricas.
Lo que exige Greenpeace y por qué la etiqueta no se sostiene sola
La demanda es concreta y tiene plazo. La organización pide a NVIDIA que invierta en energía renovable adicional a nivel global y que amplíe su objetivo de 100% renovable —hoy limitado a sus operaciones propias— a toda la cadena de suministro para 2030, incluidos los fabricantes de Taiwán. Es la diferencia entre un compromiso y una acción: mientras el objetivo se quede dentro del perímetro propio, la parte más contaminante del negocio queda fuera del balance. Los marcos que usan los inversores para validar un objetivo climático, como la Science Based Targets initiative, exigen cubrir el alcance 3 cuando este supera el 40% de la huella total.
El contexto regulatorio empuja en la misma dirección. La directiva europea CSRD y la Taxonomía Verde obligan a las grandes compañías que operan en el mercado comunitario a justificar con datos qué parte de su negocio es realmente sostenible, y el paquete Fit for 55 fija el horizonte de descarbonización de la economía europea. Para los clientes de NVIDIA, las grandes tecnológicas que compran sus chips, el alcance 3 es hoy una línea de riesgo reputacional y financiero. Un proveedor incapaz de demostrar la reducción se convierte en un pasivo para toda la cadena. El compromiso no es la acción.
🌍 El Impacto Real para el Futuro
- Beneficio medible: poner cifra a 21 millones de toneladas de CO2e no declaradas convierte una externalidad difusa en un dato auditable y comparable entre compañías.
- Modelo que cambia: el reporte que solo mira emisiones propias y deja la cadena de suministro fuera del balance pierde credibilidad ante inversores y clientes.
- Para las próximas generaciones: una IA que crezca sobre gas deja infraestructura fósil para décadas; medirla hoy es la condición para no heredarla mañana.




