Josep Maria Fericgla (71), antropólogo: “La muerte no es el final; es solo un cambio drástico de percepción”

El antropólogo Josep Maria Fericgla propone una mirada distinta sobre la muerte: no como un final, sino como un cambio de percepción, donde la conciencia continúa en función del desarrollo interior alcanzado en vida.

Muchos de nosotros nos detenemos a pensar en el ciclo de la vida mientras observamos cómo la naturaleza se transforma. La muerte es, sin lugar a dudas, el único destino compartido por todos los seres vivos, pero su significado suele estar teñido de un miedo ancestral que nos impide comprender su verdadera función energética.

Para Josep Maria Fericgla, un antropólogo que ha dedicado su carrera a estudiar la trascendencia, la muerte corporal no debe entenderse como un colapso definitivo, sino como un proceso evolutivo donde la conciencia se libera de las ataduras físicas para integrarse en un plano de existencia superior y mucho más sutil.

Publicidad

La muerte como transformación de la conciencia

La muerte como transformación de la conciencia
Fuente: Canva

Para Fericgla, entender la muerte requiere alejarse de la idea de final absoluto. Según explica, el fallecimiento del cuerpo físico supone un cambio radical en la percepción, pero no necesariamente en la existencia. En su visión, la muerte es un tránsito, un paso hacia otra forma de experiencia.

Este enfoque no surge de una creencia aislada. El antropólogo lo vincula con tradiciones antiguas que interpretan la vida como un proceso energético. Desde los minerales hasta los seres humanos, cada nivel desarrolla una mayor capacidad de conciencia. En este recorrido, el fallecimiento no interrumpe el proceso, sino que lo redefine.

El ser humano ocupa un lugar particular dentro de esa escala. A diferencia de otros seres vivos, no solo percibe, sino que puede reflexionar sobre su propia percepción. Esta capacidad, que Fericgla denomina “conciencia de la conciencia”, se convierte en el eje central de su teoría sobre la muerte.

Según su planteamiento, no todas las personas experimentan la muerte de la misma manera. Aquellos que han desarrollado esa conciencia mantienen cierta continuidad tras el fallecimiento. En cambio, quienes han vivido de forma más instintiva, sin cuestionarse a sí mismos, podrían disolverse en una especie de energía colectiva sin identidad definida.

El entrenamiento previo: vivir para entender la muerte

YouTube video

Lejos de una visión fatalista, Fericgla plantea que la muerte se prepara durante la vida. No se trata de un evento aislado, sino del resultado de un proceso. En este sentido, compara el desarrollo de la conciencia con el entrenamiento físico: todos tienen el potencial, pero pocos lo trabajan de forma consciente.

El antropólogo insiste en que la atención juega un papel clave. Allí donde se dirige la atención, sostiene, se concentra la energía vital. Aprender a observar los propios pensamientos y emociones permitiría construir esa conciencia autónoma que, llegado el momento de la muerte, no dependería del cuerpo.

Esta idea conecta con múltiples tradiciones culturales. Desde el budismo hasta corrientes sufíes o incluso símbolos presentes en civilizaciones antiguas, aparece una misma noción: la posibilidad de observarse a uno mismo. Para Fericgla, ese “testigo interior” es lo que podría sobrevivir a la muerte.

El relato se vuelve más concreto cuando menciona experiencias vinculadas al espiritismo, especialmente en América Latina. Sin adherirse completamente a estas prácticas, reconoce haber vivido situaciones que refuerzan su hipótesis sobre la continuidad de la conciencia tras la muerte. Para él, no se trata de fe, sino de indicios que invitan a investigar.

En este marco, la muerte deja de ser una amenaza para convertirse en una consecuencia lógica del desarrollo personal. No todos llegan en las mismas condiciones, del mismo modo que no todos entrenan su cuerpo de igual manera. La diferencia, en este caso, radica en el nivel de conciencia alcanzado.

A lo largo de su trayectoria, Fericgla ha defendido que el verdadero desafío no está en lo que ocurre después de la muerte, sino en cómo se vive antes. La forma en que una persona gestiona sus pensamientos, emociones y decisiones marcaría la calidad de esa transición.

Su planteamiento no pretende cerrar el debate, sino ampliarlo. En lugar de ofrecer respuestas definitivas, propone una mirada que combina antropología, filosofía y experiencia personal. Así, la muerte se presenta no como un punto final, sino como una etapa más dentro de un proceso mayor.

En un contexto donde el miedo a la muerte sigue siendo dominante, su enfoque aporta una perspectiva distinta. No elimina la incertidumbre, pero la sitúa en un lugar más habitable. Al fin y al cabo, como sugiere el propio Fericgla, entender la muerte podría ser también una forma de entender mejor la vida.


Publicidad