Lo invisible a los ojos siempre ha despertado una mezcla de temor y fascinación en el ser humano. Atravesar la frontera de lo racional para explorar fenómenos sin explicación es la tarea que Sol Blanco-Soler ha desempeñado durante décadas, aportando una mirada profesional y serena a un ámbito habitualmente dominado por el sensacionalismo y el miedo.
A través de su vasta experiencia en el Grupo Hepta, esta periodista y parapsicóloga ha comprendido que la muerte no es un final abrupto, sino una transición hacia otra dimensión. Su labor no consiste en cazar espíritus, sino en ejercer una suerte de psicología transdimensional para ayudar a aquellos que, por diversos motivos, han quedado atrapados en una «tierra de nadie» emocional y energética.
No hay demonios: el giro humano en la explicación de los espíritus

La idea central que sostiene Blanco-Soler es que no existen los espíritus malignos. En su experiencia, los casos que ha investigado apuntan a otra dirección. “Son personas con problemas después de morir”, resume.
Esta afirmación no es menor. Supone desmontar una de las bases del imaginario popular, que durante décadas ha vinculado los espíritus con el peligro o la amenaza. Según explica, la mayoría de los fenómenos tienen un origen emocional o psicológico ligado a la propia biografía del fallecido.
En este sentido, el comportamiento de los espíritus estaría marcado por factores como el apego material, el miedo o la falta de comprensión de su propia muerte. “Muchos no saben que han muerto”, sostiene, recordando casos en los que las entidades repetían rutinas cotidianas sin ser conscientes de su situación.
Uno de los ejemplos más impactantes que relata es el de un hospital en Madrid. Allí, una supuesta presencia permanecía junto a un ascensor. Cuando lograron “comunicarse”, la figura afirmaba saber que estaba muerta, pero insistía en quedarse para ayudar a quienes fallecían en ese lugar.
Lejos de una escena terrorífica, el relato apunta a una lógica distinta: la de un propósito autoasignado. Para Blanco-Soler, este tipo de casos refuerza la idea de que los espíritus no actúan con maldad, sino desde una interpretación propia de su realidad.
Investigación, método y los límites entre lo paranormal y lo psicológico
A diferencia de lo que suele mostrarse en televisión, el trabajo con espíritus no parte de conclusiones cerradas. El procedimiento comienza con entrevistas a los testigos, análisis del contexto y una evaluación detallada de los hechos.
En muchos casos, la explicación no tiene nada de paranormal. Blanco-Soler reconoce que un alto porcentaje de los fenómenos atribuidos a espíritus están relacionados con factores humanos. Desde cuadros clínicos hasta sugestión, pasando por situaciones de estrés o duelo.
Este enfoque introduce una distinción clave. Por un lado, los fenómenos asociados a presencias, que describe como sutiles y ligados a sensaciones. Por otro, episodios más espectaculares, como los llamados poltergeist, que atribuye directamente a personas vivas.
“Los vivos son los peligrosos”, afirma, marcando distancia con la idea de que los espíritus sean responsables de hechos violentos o caóticos. Según su experiencia, estos fenómenos tienen una base energética generada por individuos en situaciones de alta tensión emocional.
Otro punto relevante es su postura frente a herramientas populares como la ouija. Lejos de validarlas, advierte sobre su baja fiabilidad y el margen de error. Para la investigadora, este tipo de prácticas contribuyen a distorsionar la percepción real de los espíritus.
Su visión también cuestiona algunos casos mediáticos. Al referirse a investigaciones célebres en el ámbito internacional, sostiene que muchas estuvieron mal planteadas y que se ha exagerado el componente demoníaco sin pruebas sólidas.
En paralelo, introduce una idea que conecta con distintas tradiciones religiosas: la existencia de una continuidad después de la muerte. Aunque evita afirmaciones categóricas, señala que todas las religiones coinciden en un punto esencial: la vida no termina con el cuerpo físico.
En ese marco, los espíritus serían una fase transitoria dentro de un proceso más amplio. Una especie de estado intermedio donde influyen las creencias, las emociones y la propia historia personal.
El resultado es una mirada que desplaza el foco del miedo hacia la comprensión. En lugar de entidades amenazantes, Blanco-Soler describe a los espíritus como reflejos de conflictos no resueltos. Una perspectiva que, sin cerrar el debate, propone al menos una lectura menos inquietante y más cercana a lo humano.






