La caída de Credit Suisse: pérdidas de 321.000 M€, drogas y corrupción

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Credit Suisse se encuentra ante su final. La entidad financiera suiza, la segunda más importante del país, lleva años en problemas, pero no ha sido hasta perder la capitalización de los 10.000 millones de euros para hacer saltar todas las alarmas. Desde los máximos históricos, previos a la crisis de 2008, la firma bancaria ha perdido 321.700 millones de francos suizos en Bolsa, un tercio del PIB de España, en apenas 15 años.

El principal error de Credit Suisse se ha concentrado en la división de gestión de riesgos

La caída libre se ha registrado año tras año, con apenas unas pocas excepciones entre 2015 y 2017. Tres años en los que ha cerrado en positivo, algunos de ellos por la mínima, pero en el otro lado, el de las pérdidas, éstas se han manifestado con fuerza. De los casi 148 francos a apenas 1,84, con los que ha cerrado en la jornada de este viernes y al borde de nuevos mínimos históricos.

En MERCA2, se advirtió de la situación en julio pero el mercado hacía oídos sordos de la grave situación. Por aquel entonces los analistas consultados por este medio apostaban por una fusión con UBS como su única tabla de salvación. Este mismo fin de semana, ambos consejos de administración entablan negociaciones de urgencia y exigidas por el regulador suizo. Nadie confirma ni desmiente, pero es un hecho que la otra alternativa es la extinción de la longeva entidad financiera, con más de siglo y medio de historia.

GRAVÍSIMOS PROBLEMAS POR LOS BONOS BASURA DE 2007

El banco se encuentra en gravísimos problemas desde 2007 por su alta exposición a bonos basura, deuda y productos de alto de riesgo. Un cóctel explosivo que comenzó a mostrarse hace años, pero se están materializando desde 2021 con la crisis de Archegos y Greensill, que derivaron en unas pérdidas enormes para la firma bancaria e tuvo su impacto a uno y otro lado del Atlántico, hasta el japonés SoftBank se vio afectado.

Credit Suisse, ante su último salvavidas
Credit Suisse, ante su último salvavidas

Credit Suisse ha superado varias guerras en Europa, incluidas las dos mundiales por la neutralidad del país helvético. Ayudó a los nazis a guardar el oro robado, como también ha aceptado a clientes de muy dudosa reputación, desde dictadores a fortunas ocultas de la realeza. Era parte del sistema financiero de la Yakuza, con detenciones de directivos en el país, y llegó a facilitar la entrada del conocido expoliador de Nigeria, Sani Abacha, que guardó su tesoro en Suiza.

CREDIT SUISSE, UN POZO DE PÉRDIDAS PARA ARABIA Y QATAR

De escándalo en escándalo, Credit Suisse hacía perder cada vez más dinero a sus accionistas, hasta convertirse en la oveja negra del sector financiero europeo. De hecho, las firmas bancarias están mirando con lupa su exposición a la una posible quiebra, pero al mismo tiempo tratan de captar a los clientes con mayores depósitos. Entre medias, el banco ha tenido que cambiar la cúpula en cinco ocasiones en los últimos años.

El principal error de Credit Suisse se ha concentrado en la división de gestión de riesgos. La entidad financiera tuvo un impacto de 10.000 millones en cuatro fondos por la quiebra de la británica Greensill, una firma dedicada a facilitar dinero a empresas cuando éstas tenían vetado el acceso al capital de la forma tradicional.

Para estos contratos, la firma británica utilizaba complejas fórmulas y el valor de los fondos era difícilmente calculable. La aseguradora que respaldó los créditos empresariales rompió los lazos y Credit Suisse comenzó a liquidar los fondos con fuertes pérdidas. La quiebra no sólo afectó a la firma suiza, también a los propios clientes que vieron cortada su financiación y los acreedores de éstas, como el japonés SoftBank.

CREDIT SUISSE, LA MONTAÑA EN EL ZAPATO

Situación similar se dio con el fondo Archegos. Su riesgo a los derivados era tan elevado que los inversores realizaron una venta masiva de sus participaciones. Credit Suisse perdió más de 5.000 millones de dólares en aquella ocasión. Los números rojos, a pesar de ser tan reducidos en relación a su exposición de liquidez, equivalía a cerca del 12,5% de su capitalización bursátil entonces. Las caídas volatilizaron los 40.000 millones de francos suizos. La quiebra de estos dos fondos se produjo en 2021, pero aún colea en este 2023. Hace apenas tres semanas, la Autoridad Suiza de los Mercados Financieros (Finma) acusó a Credit Suisse de haber «incumplido gravemente sus obligaciones prudenciales» en materia de gestión de riesgos.

Son tan sólo muestras de cómo se ha dilapidado el dinero en Credit Suisse, que no ha logrado revertir la fuga masiva de capitales. A cierre de diciembre, la huida de capitales sumó los 100.000 millones de francos, con una ampliación de capital incluida y el salvamento momentáneo del Banco saudí, que inyectó 1.500 millones, un montante insuficiente dada la crisis de confianza en la entidad financiera.

Tras el estallido de Archegos y Greensill, Credit Suisse relevó a su cúpula y colocó al español Antonio Horta-Osorio al frente. Sin embargo, se saltó las normas del confinamiento y le obligaron a dejar el cargo apenas nueve meses después de asumirlo.

CREDIT SUISSE Y SU CRISIS REPUTACIONAL

Pero el banco ya estaba en una situación crítica. Los escándalos relacionados con la contratación de familiares de políticos, cobijo de criminales y corrupción comenzaron a aflorar poco después con una exhaustiva investigación desde 1940 a 2010. El banco tuvo que abonar dos millones de francos suizos por blanquear el dinero de una red de narcotráfico de Bulgaría, una multa irrisoria, pero que hizo mella a mediados de 2022 a su reputación.

Como ocurrió con la manipulación y venta de activos tóxicos durante la crisis de 2008. En octubre del pasado año abonó 495 millones de dólares por un litigio derivado de estas operativas. En Francia, otros 238 millones de euros por fraude fiscal entre 2005 y 2012.

El colofón lo notificó el regulador estadounidense, la SEC. El vigilante de las cotizadas de Wall Street mostró sus dudas por las cuentas de 2019 y 2020 hace apenas una semana. Poco después, el propio banco suizo dio a conocer sus «debilidades materiales» en sus controles internos, una comunicación que ha acelerado los acontecimientos con desplomes severos en la Bolsa suiza.