viernes, 30 septiembre 2022 15:55

España, Argelia y Marruecos: un triángulo energético con afiladas aristas

El Gobierno español hace un verdadero encaje de bolillos en sus relaciones con Marruecos y Argelia para no salir mal parado a cuenta del gas. Argelia decidió cerrar el 31 de octubre el gasoducto de Magreb-Europa (GME) precisamente para que Marruecos no recibiera su gas a partir de ese momento, algo que perjudica claramente los intereses de España. Ahora Marruecos pide a España que se vuelva a utilizar parte de ese gasoducto para llevar desde nuestro país hasta el reino alauita el gas comprado a proveedores internacionales. El Gobierno español estaría encantado de contentar a Rabat, pero teme represalias de Argel por auxiliar a su enemigo tradicional, habida cuenta de la dependencia de España del gas argelino.

Las malas relaciones entre estos dos vecinos del norte de África, enfrentados desde hace décadas, se han recrudecido en los últimos tiempos. Esta coyuntura pilló a España en medio de una batalla que tiene al gas como uno de sus factores estratégicos.

El martes 24 de agosto, se anunciaba por parte del ministro de Exteriores argelino, Ramtane Lamamra, la ruptura de relaciones diplomáticas con Marruecos. Este anuncio llegaba después de una escalada de tensión entre ambos países vecinos que ya duraba unas cuantas semanas.

Desde ese preciso momento, el Ejecutivo español sabía que se encontraba en mitad de un grave conflicto que le salpicaría hiciera lo hiciera. De hecho, los daños colaterales de la escalada de tensión de los meses precedentes no tardaron en llegar, cuando el líder del Frente Polisario, Brahim Gali, aterrizó en España llegado de Argelia para ser hospitalizado a causa de una enfermedad grave.

¿Cómo contentar a Rabat sin molestar a Argel? Ese es el quid de la cuestión

La entrada clandestina de Gali en España fue considerada por Marruecos como una ofensa y su reacción no tardó en llegar: la apertura del paso fronterizo a España ante la pasividad de autoridades y policía marroquí permitió la entrada de miles de inmigrantes a Ceuta. Una crisis migratoria internacional en toda regla, que se solventó con el Gobierno español mirando a otro lado, para evitar tensar más la situación.

ARGELIA USA EL GAS CONTRA MARRUECOS

Tras la ruptura de relaciones, Argelia informó que el 31 de octubre, día en el que concluía el acuerdo de utilización por 25 años, se cerraría el gasoducto Magreb Europa. «Teniendo en cuenta las prácticas de carácter agresivo del Reino de Marruecos hacia Argelia, el presidente de la República (Abdelmayid Tebune) ordenó a la empresa nacional Sonatrach cesar la relación comercial con la empresa marroquí y la no renovación del contrato», aseguró en su momento la presidencia argelina en un comunicado.

El daño colateral a España fue claro, ya que perdía la posibilidad de seguir recibiendo gas a través de ese gasoducto y, aunque Argelia le garantizó el suministro que necesitara, en forma de Gas Natural Licuado (GNL), que sale mucho más caro.

El Gobierno asumió el coste de la decisión argelina, sin hacer ruido, intentando esperar a ver si las aguas se calmaban, pero Marruecos necesita gas, y como además se siente todavía ofendido por el caso Gali, hace semanas le propuso a España comprarle parte del gas que nos vende Argelia y que se lo suministrara a través del tramo del gasoducto Magreb que va desde Tarifa hasta Marruecos.

En cuanto Argelia se enteró de la propuesta puso a España en alerta y le comunicó que no consentiría que revendiera su gas a un país enemigo e impuso una serie de condiciones para ampliar el único gasoducto que mantiene abierto tras el cierre del que pasaba por territorio marroquí, el Medgaz.

MARRUECOS INSISTE CON EL GASODUCTO MAGREB

Ahora Marruecos insiste en utilizar el gasoducto Magreb Europa para transportar el gas que compre en los mercados internacionales, y que España le ayude a enviarlo desde Tarifa a tierras norteafricanas, ya que entre otras cosas, ese gas se utilizará para proveer a las centrales de Tahadart y Ain Beni Mathar, participadas por Endesa, para producir electricidad.

Según explican algunos medios, las negociaciones se siguen llevando a cabo y, por el momento, no hay indicios de que se haya descartado definitivamente el escenario de reversión de GME.

Además, por primera vez desde que se puso en marcha, el regulador español ha implementado una tarifa de salida a través del gasoducto GME hacia Marruecos. El único problema es que España está valorando el coste que puede tener para sus intereses geopolíticos y geoenergéticos ayudar al enemigo de Argelia.

El Gobierno teme que, si colabora con el reino alauita en este asunto, Argelia pueda sentirse ofendida y se complique la llegada del gas argelino a España, algo que sería catastrófico en un momento en el que el precio del gas está disparado y toda la Unión Europea está sufriendo una crisis energética sin precedentes. Y no porque escasez o falta de gas, sino por una crisis energética globa en la que la demanda y la oferta están completamente desajustadas.

¿Cómo contentar a Rabat sin molestar a Argel? Ese es el quid de la cuestión. Algunos miembros del Gobierno lo consideran imposible, máxime con la poca relevancia actual de España en el panorama internacional.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se encuentra ante una encrucijada y todo hace indicar que decida lo que decida, alguno de los dos países se va a sentir ofendido por su decisión. Si ayuda a Marruecos será Argelia la que se lo tome como una afrenta y podría peligrar la relación energética, y si decide no ayudar a Marruecos, podríamos volver a vivir otra presión migratoria, por la frontera con Ceuta.

Marruecos ya ha anunciado que espera un gesto de España para normalizar unas relaciones bilaterales cuya buena salud pende de un fino hilo tras el caso Gali y la entrada de miles de marroquíes a Ceuta de manera ilegal. De esta manera, deja en el tejado español la pelota de la política de gestos que puedan suavizar la situación. Uno de esos guiños podría ser la colaboración española para que Marruecos reciba gas de otros países, invirtiendo el flujo del gasoducto GME. ¿Lo consentirá Argelia?


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