martes, 13 abril 2021 6:50

Los narcotraficantes se pusieron las botas con los cajeros bitcoin en 2020

Duro golpe a las monedas blockchain por parte de la Administración de Control de Drogas (DEA) del departamento de Justicia de Estados Unidos. Pese a que el reciente positivo informe de Citibank respecto al bitcoin cifraba en solo un 2,13% el porcentaje de actividades ilícitas ligadas al uso de criptomonedas en 2019, el informe de la DEA publicado el pasado 2 de marzo en el que informa anualmente sobre las tendencias en el mercado ilegal de drogas ha nombrado a las criptodivisas y a bitcoin como una de las herramientas en creciente uso por los traficantes para lavar dinero durante la pandemia.

Hay que recordar también que fue la propia DEA quien, en 2018, reportó una disminución del uso de criptomonedas como forma de blanqueo de dinero de un 90% en 2013 a un 10% en 2018. No obstante, esto se debía a un aumento del número de participantes en el universo blockchain, no a que la actividad ilegal hubiese desaparecido. De hecho, cada vez más delincuentes usaban criptomonedas para fines ilícitos, según informó hace tres años la especialista de la DEA Lilita Infante.

Por tanto, si bien está claro que los narcotraficantes no son los participantes dominantes en este ecosistema digital, estos continúan buscando formas de utilizarlo a su favor. La pandemia de covid afectó al mercado sumergido de drogas en forma de retrasos en los envíos y escasez de producto. En este contexto, un mayor número de blanqueadores de capitales usaron las criptomonedas, sobre todo bitcoin, para transformar fondos ilícitos en dinero limpio utilizando el trading o intercambio de criptodivisas.

“Aunque durante varios años la moneda virtual se ha utilizado como un método de pago para comprar drogas ilegales en línea, ahora se está utilizando más comúnmente por los lavadores de dinero internacionales para transferir ganancias a través de las fronteras en nombre de las TCO (organizaciones criminales transnacionales)”, recoge el informe.

Con todo ello, las transacciones con criptomonedas quedan registradas públicamente en la blockchain, por lo que también pueden rastrearse. Aún así, los criminales ven un filón en esta tecnología por la “capacidad de las monedas virtuales para cambiar de manos rápidamente sin límites en la cantidad que se transfiere”, así como su uso en la deep web se ve motivado por la anonimidad que proporcionan, frente a métodos de pago tradicionales que “plantean un mayor riesgo de exponer la verdadera identidad del individuo”.

LA VOLATILIDAD DE BITCOIN TAMBIÉN FASTIDIA A LOS CRIMINALES

Tal y como advierten desde la DEA, la volatilidad que caracteriza la capitalización de las criptomonedas también ha afectado a los traficantes y delincuentes. Normalmente, estos mantendrían su dinero en formato cripto el menor tiempo posible, convirtiéndolo en dinero fiat rápidamente para evitar que un repentino declive destruya su valor.

Sin embargo, el dosier de la agencia gubernamental estadounidense explica que, debido al retraso de los envíos de droga provocado por la pandemia, los traficantes mantenían su dinero en criptomonedas durante tiempos más prolongados, exponiéndose por tanto a un mayor riesgo de fluctuaciones.

“Las monedas virtuales como Bitcoin han aumentado en popularidad, tanto entre el público como entre los delincuentes”

Precisamente, en marzo de 2020 se registró una conversión masiva de cripto a fiat entre los criminales debido a un puntualizado descenso en el valor de bitcoin, que cayó de los 10.000 dólares a los 4.000 en dos días. “En marzo de 2020, el valor de Bitcoin cayó rápidamente, lo que provocó el retiro de muchos proveedores de la dark web del mercado por temor a la pérdida de fondos debido a la posibilidad de devaluación de Bitcoin mientras estaba en custodia”, señalan.

Por otro lado, también mencionan el uso de brokers para repatriar fondos fuera de Estados Unidos.

LOS CAJEROS, PUNTO CIEGO DE LAS REGULACIONES

Concretamente, la DEA dedica varios párrafos a alertar del uso de los cajeros automáticos de criptomonedas en Estados Unidos por parte de organizaciones de blanqueo de capitales, siendo las mexicanas las de mayor actividad en el país norteamericano. Pese a que estos cajeros están sujetos a regulaciones, el reporte advierte que hay algunos “propietarios sin escrúpulos” de estas máquinas que “utilizan sus funciones para ayudar a ocultar las ganancias de las drogas”, beneficiándose así de este mercado ilícito.

La presencia de este tipo de cajeros continúa creciendo debido a la creciente popularidad de las criptomonedas, que crea la necesidad de un “servicio para facilitar la conversión de moneda fiduciaria en moneda virtual y viceversa”.

Junto a los métodos habituales de estas organizaciones, “las organizaciones transnacionales mexicanas también utilizan criptomonedas para promover su criminal empresa”, mientras que también ha habido “evidencia” de organizaciones colombianas haciendo lo mismo.

De esta forma, queda en relieve la importancia de imponer el cumplimiento de protocolos de KNC (know your client) para estas sucursales. En Estados Unidos, se estiman en casi 14.000 los cajeros de este tipo en funcionamiento.

Mientras las agencias gubernamentales continúan investigando este tipo de actividades, tanto empresas del sector de las criptomonedas como medios económicos explican que, pese a la mala imagen que esta circunstancia imprime sobre las criptodivisas, en realidad el uso ilícito de las mismas corresponde a un porcentaje muy reducido. Frente a un 2,1% de actividad ilegal en 2019, la cifra se habría reducido hasta un 0,34% en 2020, 10 billones de dólares en volumen de transacciones, según Forbes. Esta misma publicación coincide con el informe de Citibank al decir que, en proporción, el dinero de curso regular se usa para el crimen en mayor medida que las criptomonedas.

Precisamente Yanet Yellen, la secretaria del Tesoro de Estados Unidos, fue duramente criticada tras decir el pasado enero que las criptomonedas se usaban mayormente para la financiación ilícita. No hay que, por otro lado, menospreciar el potencial riesgo de criptodivisas de nueva creación que, a diferencia de bitcoin y otras, se fundan sobre software más opaco, como Monero.


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