Cada vez son más las personas que deciden operarse de la vista y olvidarse para siempre de las gafas. Esto se debe en gran parte a que la intervención es sencilla y la recuperación es rápida. Además, no hay que obviar el hecho de que los precios de este tipo de operaciones han bajado mucho en los últimos años.
Si comparas lo que te van a costar las gafas o lentillas que tendrás que usar a lo largo de toda tu vida con el precio de la operación, te darás cuenta de que pasando por el láser ahorras. Pero, ¿es todo tan bonito como nos cuentan? ¡Vamos a verlo!
Valora qué tipo de estilo de vida llevas

A la hora de decidir sobre si operarse de la vista o no es importante que tengas en cuenta tu estilo de vida. Si no te importa llevar gafas, incluso las usas como un complemento más y las combinas con tus estilismos, quizá operarte no sea una de tus prioridades. Pero puede que llevar gafas sea un inconveniente para ti.
Por ejemplo, si realizas un trabajo en el que constantemente tengas que llevar mascarilla, gafas de protección o algún otro elemento en la cara, es posible que al final las gafas te acaben molestando. Si eres una persona muy deportista, tendrás que estar pasando constantemente de las gafas a las lentillas.
Hay que tener en cuenta la edad para operarse de la vista

Los especialistas recomiendan esperar como mínimo hasta los 18 años para operarse, y algunos amplían la franja de edad hasta los 21. Además, hay que tener en cuenta que en el caso de las mujeres el embarazo puede afectar a la visión, por lo que convendría esperar a decidir si se va a ser o no madre.
La vista experimenta cambios con la edad y hay momentos en los que ya no es aconsejable porque el ojo está en fase de envejecimiento, esto implica que se podría corregir el defecto de visión, pero pueden aparecer otros problemas como la presbicia que, igualmente, impiden una buena visión.
¿Cuánto dependes de las gafas?

Antes de decidir sobre operarse de la vista es importante valorar la dependencia que tiene una persona de las gafas. Si hay que llevarlas puestas durante todo el día podría ser interesante pasar por quirófano y olvidarse de ellas de una vez y para siempre.
Por el contrario, si solo hay que recurrir a la corrección en momentos concretos: para conducir, ver la televisión, usar el ordenador, etc. Entonces no compensa hacer una inversión y pasar por el quirófano, porque el ojo no tiene una afectación tan importante y las gafas no suelen suponer una molestia en estos casos.
¿Es posible operarse si la prescripción es muy alta?

Sí, alguien que tenga una visión general reducida puede plantearse la operación, pero hay que tener en cuenta que en estos casos no se recuperará el 100% de la vista y es bastante probable que haya que seguir usando gafas. Eso sí, la persona se defenderá bastante mejor cuando vaya sin ellas.
En estos casos puede mejorar incluso la calidad de vida. Una persona que necesita las gafas hasta para lavarse los dientes, seguramente seguirá necesitando gafas después de la intervención, pero con mucha menos graduación. Esto implica que ya habrá cosas que pueda hacer sin las lentes.
¿Operarse de la vista tiene riesgos?

Aunque el láser es muy seguro, toda intervención quirúrgica tiene una serie de riesgos, y hay que valorarlos antes de tomar una decisión. Se puede generar o agravar un problema de sequedad ocular. Además, algunos pacientes han experimentado dificultad para ver por la noche y una mayor sensibilidad a la luz.
Si no se ha quitado suficiente tejido se produce una subcorrección y es posible que haya que pasar de nuevo por quirófano. Por el contrario, si se quita tejido de más hay una sobrecorrección que es muy difícil de corregir. Solo en casos muy graves y poco comunes se experimenta un empeoramiento de la visión o la pérdida de la misma.
¿La cirugía ocular duele?

Este tema también preocupa bastante a quienes están pensando en operarse. Lo cierto es que la cirugía en sí no duele porque se hace con un láser frío y la intervención es muy rápida. Pero es normal que después de la misma aparezcan molestias que podrían durar entre uno y varios días.
Los efectos secundarios más habituales son sensibilidad a la luz (se aconseja llevar gafas de sol), sensación de tener arenilla en los ojos y presión en el globo ocular, pero se suelen recetar colirios anestésicos para minimizar el impacto de estos efectos secundarios.
Al principio es normal que la visión sea borrosa, pero estos efectos deberían desaparecer en unos días. Siendo más rápida la recuperación cuanto mejor se sigan las indicaciones de los especialistas. En cuanto a la baja médica, normalmente basta con un período de 5 a 10 días.



























































